Era mi amigo, pero lo amaba en silencio permanentemente, y mientras de sus amores me contaba, yo oía sus frases tristemente. Era mi amigo, pero yo sentía que mi cuerpo se estremecía cuando me miraba y al verlo junto a mí me controlaba. Mi afán era verlo cada día, cada instante, nunca supo el amor que yo sentía porque siempre él me hablaba de su amada. Era mi amigo, pero un día, el menos pensado, tomó mis manos entre las suyas y con ternura me dijo: "era a ti a quien yo amaba".
Ir al índice de Melancolía y Literatura