Maria Vilma Schwartz
"Estoy deprimido", enunciado que hoy en día es harto común. La depresión se ha constituido en la enfermedad del fin de siglo. Ha desplazado a la Histeria y más aún, en la terminología psiquiátrica al día, a la clásica denominación de Neurosis.
La depresión es sensible a la farmacología, y por ese aspecto nos enfrenta con el gran tema de la adicción a las drogas.
Es alarmante el modo vertiginoso, en que se ha expandido en todo el mundo el uso de sustancias psicotrópicas. El uso indiscriminado de los antidepresivos y de los tranquilizantes, cuando su utilización no está bien indicada y vigilada, produce adicciones más o menos encubiertas que sólo benefician la economía de los que proporcionan las drogas, tanto las ilegales como las legales.
El consumo de antidepresivos aumenta de modo continuado, y a esto contribuye el que ya incluso los receten los médicos generalistas, ¿O se trata acaso, de que se diagnostican más depresivos actualmente, que hace años?. Si consideramos el ámbito médico, nos parece que sí. Por lo anteriormente dicho, creemos que desaparecen otros diagnósticos posibles en beneficio del diagnóstico de depresión y que en otros casos se diagnostica una depresión sin más, sin valorar que puede haber una causa real que requiera un período de depresión, como correlato necesario a la elaboración de una situación vital de pérdida, que no precisa de medicación alguna.
No es correcto confundir un estado depresivo normal con una enfermedad depresiva que necesita tratamiento farmacológico.
Pero ¿qué es estar afectado por una depresión?
En términos muy generales se trata de un sufrimiento mental caracterizado por la inhibición y la tristeza, acompañado de otras manifestaciones variables, de carácter físico o psíquico, que alimentan el afán clasificatorio del saber psiquiátrico. Para la psiquiatría constituye una enfermedad, para el psicoanálisis, depresión, es un significante que condensa múltiples significaciones.
Freud reconoce como afectos al amor y al odio, a la tristeza, a la angustia y al dolor. No habla de depresión, sino de duelo y de melancolía, ambos son reacciones ante una pérdida, pero distingue muy bien uno de otra.
Melanie Klein hace de la depresión un momento evolutivo, convirtiéndola en una posición relativa a la relación con el objeto y la pulsión. La posición depresiva resulta de unir, en un enfoque psicogenético, pérdida de objeto, culpa y reparación de dicho objeto.
Lacan sólo reconoce un afecto: la angustia, un afecto que no miente, mientras que los "senti-mientos" mienten.
Freud separa radicalmente representación y afecto, mientras que la representación es reprimida, el afecto que le corresponde, sigue otro destino, por eso "mienten" los sentimientos, se enlazan a representaciones sustitutivas de otras, que han sido reprimidas.
Los afectos enmascaran lo real del deseo del Otro, que aparece en distintas versiones fantasmáticas, en que se sustenta el deseo de cada ser hablante.
Lacan teoriza sobre el duelo en los seminarios dedicados al análisis de Hamlet, dentro del seminario "El deseo y su interpretación", donde muestra como se entrelazan en un verdadero cañamazo el deseo del sujeto con el deseo del Otro.
Reconoce el duelo del fin del análisis, y la depresión correlativa. Pero toda otra depresión es catalogada como "cobardía moral", escapatoria defensiva, para no asumir el propio deseo y el precio a pagar, falta ética enmascarada por el goce sufriente. El surgimiento del deseo, sólo es posible para un sujeto que asuma la castración simbólica, correlativa de un imposible, que se presenta en lo real de la estructura. Falta real que Lacan enuncia como: "no hay relación sexual".
La falta es un hecho de estructura que proviene de la ley del lenguaje, y que puede aparecer como perdida de objeto, como castración o, en la variante de falta como pecado, relacionada con la culpa. En el registro de lo imaginario, se establece una dialéctica entre falta y completud, ligada a la constitución del Yo y de los Ideales, en términos de la adecuación objeto-demanda del Otro expresado en los fantasmas antes mencionados. Las identificaciones simbólicas, provenientes del Complejo de Edipo, a la vez que estabilizan la dialéctica imaginaria, introducen al sujeto en la culpa y la deuda simbólica.
Este nuevo eje, se agrega al anterior, completando el circulo de la ciclotimia cotidiana: Más amado versus menos amado y más culpable versus menos culpable. Por la estructura del Complejo de Edipo, el objeto causa del deseo resulta ser correlativo de un duelo por la madre. El objeto para siempre perdido y la nostalgia que le es propia, está en el horizonte de todo reencuentro con él, que se realiza en el encuentro con cada nuevo objeto del deseo. Al reencuentro con el objeto se agrega, simultáneamente, el asesinato del padre, fuente de deuda y culpa.
De modo que pérdida y culpa y pérdida y castración, presiden la constitución del objeto causa del deseo. Algunos autores ven en esto la marca de un duelo fundamental en la constitución del deseo.
La función del Nombre del Padre, correlativa a la represión del Complejo de Edipo, presidirá las modalidades del síntoma, propio de cada estructura neurótica.
Si se descartan la Melancolía y la Psicosis Maníaco Depresiva, aquellas que se pueden llamar depresiones neuróticas, siempre estarán adscriptas a una estructura neurótica determinada, y no constituyen de por sí una estructura (1).
A diferencia de la psiquiatría que confunde el cuadro de la depresión, descripto fenomenológicamente, con el de la entidad, el psicoanálisis, en general, lo enmarca en una estructura determinada. Así existen depresionesneuróticas, psicóticas y perversas.
Dentro del amplio abanico de las depresiones neuróticas, se encuentran rasgos estructurales, que permiten diferenciarles entre sí. Diferencia que resulta importante si se acepta que no existe una cura tipo, y que la dirección de la cura depende de una correcta evaluación de los elementos estructurales presentes.
Elementos que se manifiestan en variadas configuraciones transferenciales.
Todas las neurosis son un modo de responder a lo imposible de la estructura, un modo de tratar la falta, la castración, y un modo de recibir la función paterna a través del Nombre del Padre.
En términos generales, y sin desconocer la abundancia de histerias masculinas, la histeria es un desvío en el recorrido de la niña para alcanzar la posición femenina. Lo mismo podemos afirmar de la neurosis obsesiva, pero como desvío con respecto a alcanzar la posición fálica que caracteriza la posición masculina. Es otra manera de nombrar el proceso de normativización del deseo en ambos sexos. La fobia es una alternativa peculiar en el camino de la constitución del deseo, que es bastante semejante para ambos sexos.
¿Cómo aparecen las depresiones en las distintas neurosis?
Dijimos antes que la histeria es un desvío del proceso que lleva a la asunción de la posición femenina. Esta posición tiene como características fundamentales: una renuncia al falo en el registro del tener, una asunción del mismo en el registro del ser y una delegación de las insignias fálicas en el hombre, que puede ser el compañero, los amigos, etc. Esta renuncia y esta delegación permiten el pasaje de una posición fálica a una posición correspondiente al "no toda", y un pasaje al goce Otro, goce suplementario y específico de los seres hablantes que se alinean del lado de lo femenino.
En el caso de una mujer histérica, en tanto que la castración simbólica no es aceptada, pues no acepta que el padre del Complejo de Edipo no la elija a ella en lugar de a la madre, tiene la tendencia a tratar lo simbólico como si fuera lo imaginario. Esto se expresa en dos actitudes basadas en el mismo hecho de la no-aceptación de la ley del padre, pero que son diametralmente opuestas: pues o bien se dedica a protestarle al Amo, a rebelarse contra él, mostrando al mismo tiempo que este Amo está castrado, (tal como ocurre en la estructura del discurso histérico), o bien se somete tan exageradamente al deseo del padre, que asume la representación de la castración imaginaria, y toda ella deviene la expresión de la más absoluta impotencia, "no puede, no sabe, no contesta". Es como si pusiera en escena otra forma de protesta; "¿me quieres castrada? –aquí me tienes" (2). La depresión histérica se expresa como un trastorno típico del eje narcisista del Yo y los Ideales, como la respuesta a una pretendida falta de amor. Si bien una reacción depresiva ante un desengaño amoroso, o ante una pérdida en cualquier orden de la vida, no es para nada patrimonio de la histeria, existe en ella una especial sensibilidad al aspecto de herida narcisista que conlleva todo duelo.
La frustración junto con la castración y la privación, es una de las modalidades de la falta de objeto, y es un elemento uniformemente presenteen la neurosis histérica.
Junto con la ya mencionada actitud de impotencia e inhibición, una peculiar sensibilidad a la frustración provoca reacciones depresivas frecuentes, que tienen en la histeria un carácter de ofensa al amor propio, que brinda un aire de "princesa humillada". Son cuadros muy aparatosos, a veces, acompañados de alguna actuación suicida.
En el caso de la Neurosis Obsesiva, encontramos a un hombre en una posición imposible: está atrapado entre el amor al padre y el odio asesino hacia ese mismo padre. Freud resalta la intensa ambivalencia afectiva que se presenta en esta neurosis. El camino hacia la asunción del deseo está bloqueado por la inminencia del crimen Edípico: el asesinato del padre. Los sentimientos de culpa tienen la misma intensidad que si se hubiera cometido el crimen, cuando sólo es una realización fantasmática. Las inhibiciones impiden la asunción de una posición fálica propia de la posición masculina, posición que conlleva la rivalidad con otros hombres por la posesión de las mujeres.
Pero también, el neurótico obsesivo, está amenazado por la feminización que conlleva el intenso amor al padre, que es el otro polo de la ambivalencia. Es frecuente que en el encuentro erótico con alguna mujer se cortocircuite su potencia fálica por una identificación especular con la mujer, que le hace tener una conducta de fuga, ya sea través de la eyaculación precoz o de la impotencia eréctil.
Tanto los fallos de la potencia, como el fracaso en las relaciones amorosas son una fuente de depresión frecuente. Así como los problemas laborales provocados por los conflictos de rivalidad, ya sea con las figuras que representan la autoridad paterna, o con los rivales fraternos, cuando no se trata de los efectos devastadores del super-yo, que atormenta al obsesivo, y que se hace presente a través de diferentes mandatos.
La depresión en el neurótico obsesivo es muy similar a la de una melancolía leve por la presencia de los autorreproches. Se diferencia en que los autorreproches no provienen, en el caso del obsesivo, de una identificación con el objeto perdido, sino de la intensa culpabilidad proveniente de un super yo acusatorio y cruel.
La fobia parece perder cada vez más el carácter de una neurosis diferenciada, en beneficio de un síntoma o conjunto de síntomas fóbicos que pueden aparecer en otras estructuras. No obstante, hay rasgos estructurales específicos para esta entidad, que son tributarios del modo peculiar en que se accede al deseo, en el ser hablante.
El deseo humano se dibuja en el campo compartido con el deseo del Otro. Desde el deseo del Otro y desde su demanda, el niño al nacer ocupa alternativamente la posición de ser objeto de ese deseo, o de esa demanda, y la posición de ser el falo de la madre. Podrá desprenderse de esa atadura gracias a la intervención doblemente castrante del Nombre del Padre. El Nombre del Padre a través de la operación de la Metáfora Paterna, produce un corte en la relación madre-hijo. Este corte revela al hijo que la madre desea algo que está más allá de él, sacudiéndole de su posición de objeto y/o de su posición de falo, y revela a la madre que no puede reintegrar su producto.
La fobia se produce ante una acción insuficiente del Nombre del Padre. El deseo y la demanda del Otro anula al ser del sujeto al poner en primer plano su ser de objeto, éste es el origen de la angustia. Esta angustia se puede ligar posteriormente, (aunque no en un sentido cronológico sino lógico) a cualquier objeto o situación, que devendrá fobígeno.
Se trata de encontrar en dichos objetos una cierta suplencia al Nombre del Padre, no faltante del todo, por que en ese caso estaríamos frente a una psicosis, sino más bien del orden del fallido de la función.
La estrategia defensiva frente al deseo del Otro, provoca una serie de limitaciones en la vida de los sujetos afectados de esta manera, lo que conduce en muchos casos a situaciones de depresión, o a la instalación de un cuadro depresivo. Éste es muy frecuente en la adolescencia, en jóvenes con serias restricciones sociales, con dificultades de salir de casa tipo agorafobia, fobia a los exámenes, etc.
En términos generales las neurosis se caracterizan por una modalidad determinada de la dificultad de la asunción del deseo: deseo insatisfecho en el caso de la histeria, deseo prevenido en el caso de la fobia, deseo imposible en el caso del obsesivo. Pero cuando aparece un cuadro depresivo en estas estructuras, lo que ocurre es una defección del deseo. "No tengo ganas de nada", es una afirmación típica de un sujeto deprimido, ocurre un desinvestimiento libidinal general. Si bien por lo anteriormente expuesto podríamos enumerar las características predominantes de las depresiones como sigue:
Histeria: herida y frustración
Neurosis obsesiva: culpa y dolor
Fobia: angustia y tristeza
En todos los casos de aparición de depresión se observa un abandono del goce fálico. Los fenómenos de inhibición, propios de lo imaginario, afectan en particular al cuerpo que comienza a pesar, lo real del cuerpo muestra su consistencia de cadáver, el sujeto es conducido a colocarse en una posición de goce sufriente.
Es por eso que Lacan caracteriza a la depresión como una "cobardía moral" (3), por el abandono de la defensa del propio deseo, falta ética que el lenguaje corriente expresa con una claridad meridiana. ¿Acaso no se dice para denotar un aire deprimido que se está bajo de moral?
(1)- Le Trimestre Psychanalytique. Les depressions névrotiques, Publication de la Association Freudienne International. Nº 3 1994
(2)- Melman, Charles Nouvelles Etudes sur l´histerie, Joseph Clims/ Denoël, Paris 1984
(3)- Lacan, Jacques: Radiofonía y televisión, Anagrama. Barcelona 1977
Fuente: copyright © Association Freudienne Internationale 2000. 15 rue Bourchardon, 75010 Paris (France) tel : 01 42 02 56 60 / fax : 01 42 02 56 61 / e-mail : afi@freud-lacan.com