Melancolía amorosa
de nuestro corazón,
como un afán secreto o un fervor
solitario, siempre más íntima y querida;
por ti un dulce pensar con una amarga
remembranza se esposa;
rechaza al tedio que dentro se estanca
y luego para siempre te acompaña.
Melancolía amorosa
del joven que se sienta
detrás de un mostrador, que ve
inclinadas sobre sus telas las más bellas
mujeres de la ciudad; tormento oscuro
en aquel soñador
que al encenderse ya las primeras estrellas
y la luz en las calles
sube meditativo de quién sabe qué amor
y qué dolor la larga cuesta pedregosa
de la colina,
donde las casas y la iglesia en la cima
parecieran juguetes; la ciudad laboriosa
se esfuma en el confín aún encendido;
y herido por la vida se agiganta
su orgullo, vecino a la locura.
Melancolía amorosa
de mi vida,
primera herida y última del alma;
quien recoge tus frutos
ama las sombras que descienden, los lugares
oscuros,
camina lentamente, va rozando los muros,
no ve lo que ven todos
y adora aquello que no ve ninguno.
Fuente: http://www.diadesanvalentin.com/poema1.html