Rafael Suárez - rsuarez@maragatos.com
INTRODUCCIÓN
"Que algo pase en nuestras cabezas"
Graffiti en Ramón Anador
"Estoy zafando de las ideas"
Graffiti en José Enrique Rodó
"No soy yo quien me acerco a la luz,
es la sombra que me empuja"
Graffiti en Agraciada
"No cargaré con tu cruz"
Graffiti en Bulevar Artigas
Para Barrán, en el novecientos la adolescencia se percibía como una etapa de turbulencia que debía ser controlada para asegurar la exitosa integración al mundo del adulto: el adolescente era una promesa de futuro en desequilibrio temporal.
Hoy, la situación permanece incambiada respecto a los inicios del siglo. Si el adolescente es un adulto en potencia, ¿qué responsabilidades puede asumir? Y aún más, ¿qué representatividad social tiene en una sociedad que aparte de ser mayoritariamente adulta, no le brinda espacios a sus intereses?
Según el psicólogo social Alfonso Lans, uno de los responsables del Servicio Social de Atención Psicológica de la Policlínica Comunitaria Doctora Zully Sánchez, en Peñarol, "no hay institucionalización de la juventud, la sociedad no propicia que tengan poder, que puedan decidir, que puedan trabajar. Los trabajos que les ofrecen son super-explotadores con la excusa de que están aprendiendo. Pero basta cruzar la frontera con Brasil para encontrar ejecutivos de 25 años. La sociedad adulta emite el mensaje de que no le interesa lo que piensan los jóvenes"1 .
¿Y qué queda? ¿Qué vehículos? ¿Qué canales?
"Los adolescentes de hoy caminan con la muerte al lado. Creo que en la juventud de los años sesenta, por ejemplo, hubo sectores que se expusieron a la muerte, pero había una búsqueda de futuro. Hoy no hay ninguna idea. Puede que haya pequeños grupos que sí la tienen, pero el camino de la mayoría es hacia ningún lado concreto, es como decir hacia la muerte. Además de que viven perseguidos por una parte considerable de los adultos. Como ellos mismos lo dicen, 'salimos a tomar una cervecita en la esquina, o un vino, o nada, a conversar entre cinco, y siempre algún vecino llama a la cana'. Hay un permanente abuso de los adultos hacia ellos. Entonces, la actitud de prescindencia que tienen es un gesto de rebeldía, claro, pero es una rebeldía que se ahoga en sí misma. es el 'nadie me quiere'", comenta Juan Larrasq, del Centro Juvenil de Capurro2.
Y si nadie los (nos) quiere, ¿cuál sería el sentido de sus (nuestras) vidas?
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1 Vease BRECHA Nº 633. 16 de enero de 1998.
2 Idem.
¿LUCHA? GENERACIONAL
("ETERNA JUVENTUD")
"...donde existe el desafío de un joven en
crecimiento,
que haya un adulto para encararlo.
Y no es obligatorio que ello resulte agradable".
D. W. Winnicott (Realidad y juego)
La confrontación generacional es un punto nodal necesario, inevitable, en todas las etapas de la vida y, fundamentalmente, durante la adolescencia, para la adquisición y plasmación de la identidad individual y social.
Para Freud, "en el individuo que crece, su desasimiento de la autoridad parental es una de las operaciones más necesarias, pero también más dolorosas del desarrollo. Es absolutamente necesario que se cumpla, y es lícito suponer que todo hombre devenido normal lo ha llevado a cabo en cierta medida. Más todavía: el progreso de la sociedad descansa, todo él, en esa oposición entre ambas generaciones"i.
"¿Dónde están padres ausentes,
que yo los quiero encontrar?"ii
En 1991 CEPAL realizó una encuesta nacional de la juventudiii. A partir del análisis de los resultados obtenidos concluyó que predominaban "elevados índices de intercambio y afinidad entre el joven y su familia de origen", demostrando que están operando "mecanismos eficientes de integración social".
A su vez, como aspecto "negro" ante esta situación o ante este estado, rescató "un carácter negativo en relación a las funciones de conflicto y cambio que supone la renovación generacional. Los resultados pueden indicar una limitación para que los jóvenes cumplan una función de renovación e innovación que, sociológicamente, se considera un fenómeno normal, recurrente y necesario para la transformación de la sociedad".
Si nos quedamos con estos conceptos podríamos decir que los adolescentes uruguayos están hiperintegrados, son poco críticos y carecen de una rebeldía capaz de suscitar grandes innovaciones o grandes transformaciones.
Sin embargo, una investigación efectuada por cinco profesoras de la Facultad de Psicologíaiv, no podía resignarse "a la ausencia de los síntomas de rebeldía y de actitud crítica, descritos como característicos de la adolescencia". Para las cinco psicólogas "lo evidente, lo obvio, se ocultaba a nuestros ojos: estos adolescentes tienen características propias, distintas, correspondientes a un momento específico de la cultura. De nada nos servía utilizar para ellos los criterios interpretativos, la bibliografía empleada conmúnmente en los sesenta, en los setenta, para referirse a la juventud. [...] entre lo afirmado por ellos [los adolescentes] y lo que realmente pasa hay un gigantesco trecho". Y se preguntan: "si los adolescentes se dicen tan cercanos a sus padres, ¿no será porque hay una falla terrible en éstos, que no saben situarse, ponerles límites, marcarles distancias? Y además, ¿será tan así, que están tan cerca?".
Según las autoras los adolescentes encuentran por un lado la incapacidad de movimiento en el espacio social por los obstáculos que les colocan los adultos, y por otro viven en un mundo en el que se han convertido en el punto de referencia. "Si la búsqueda de la juventud eterna se hunde en la noche de los tiempos, nunca se llegó a los niveles actuales", dice Rita Perdomo, la conductora del proyecto. "Hoy hay como una adolescentización de la sociedad. La cultura joven vende, y muy bien".
De forma asombrosa "los adultos juegan a ser jóvenes", hecho que genera que los propios adolescentes lo sientan como una invasión de su espacio, "y lo que es más grave aún, les hace perder a ellos mismos todo tipo de referencias precisas. Lo que más hace sufrir a los adolescentes es ver que los padres traten de vivir a imagen de sus hijos y quieran hacerles la competencia".
De acuerdo con las psicólogas, de la ausencia de rebeldía de los adolescentes cierto grado de responsabilidad corresponde a los adultos. "Los padres aparecen descolocados. El mundo de esa generación díscola de los sesenta-setenta, tan narcisista y omnipotente que creyó que iba a protagonizar los cambios sociales y además iba a verlos realizados, se desmoronó casi por completo". Ese enfrentamiento con su herida narcisista llevó a replantearse "quién soy en relación a quién era", los padres buscan en su identificación con el adolescente, se podría decir, "una huída hacia atrás". Entonces, ¿cuál sería el espacio de rebeldía de los hijos, y más si le agregamos que hay "una falta total de puesta de límites por parte de los adultos"?
La respuesta según las autoras es clara: "el hecho de que los adolescentes no expliciten un conflicto generacional no habilita a negar ese conflicto, aun si aquí se hace visible sobre todo a través de lo no dicho (subrayado mío)".
Para ellas, "en esta era de la posmodernidad, en la que se decretó el fin de las ideologías, donde todo vale y en la que los adultos desconcertados se abstienen de intervenir, los jóvenes no tienen la menor idea de dónde ir, a qué valores agarrarse".
Para el psicólogo social Alfonso Lans, ya citado anteriormente, "el héroe es el tipo que se baja del auto, revienta a otro a piñazos, se sube a otro auto, saca una Magnum y revienta a otros cuantos, se da un par de palazos, sigue para adelante y tiene dos chicas".
Si el adolescente no posee un espacio institucional que lo continente y dé cabida a sus necesidades y sentimientos, si no posee un punto de referencia definido por los adultos, ¿de qué manera canaliza sus pulsiones, la problemática o ausencia familiar, la falta de límites, su angustia, el reforzamiento cultural violento y su ¿incapacidad? de "zafar" del facilismo de mantenerse con sus padres hasta los 30 años?
Acaso la adicción, la delincuencia, el suicidio y los accidentes, ¿pueden ser síntomas que encubren el intento fallido de desarrollarse como adulto en un mundo que carga de culpa, persecución e ideación a sus propios hijos? Diría que sí. Pero agregaría otra interrogante. Acaso la adicción, la delincuencia, el suicidio y los accidentes, ¿no son elementos de autocastigo por parte de una sociedad que se mutila a través de un sector proclive a hacerlo? ¿Por qué el mundo adolescente debe pagar la herida narcisista del mundo adulto? Es más, ¿por qué el adolescente es el depositario de la "locura social" y de la imposibilidad de la sociedad para resolver sus conflictos? Digo, ¡qué clase de protección y ayuda brindan los padres a sus hijos!
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i Freud S. La novela familiar de los neuróticos. 1908.
ii Vease BRECHA Nº 438. 22 de abril de 1994.
iii CEPAL. Los jóvenes de Uruguay. Esos desconocidos.
Montevideo. 1991.
iv Ibid vi.
SUICIDIOS Y ACCIDENTES
(SÍNTOMAS)
"Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte"
Sigmund Freud
En el Uruguay, y de acuerdo a datos que no son estrictamente completos y acabados por diversos motivos, tanto el suicidio como los accidentes en la etapa adolescente han ido en aumento con respecto a otros años.
Suicidio.
El caso del suicidio en nuestro país preocupa, incluso manejando estadísticas muy alejadas de la realidad. Hoy, la conducta suicida es la segunda causa de muerte, justamente después de los accidentes. Aún más, por cada homicidio se producen en Uruguay casi tres suicidios, hecho que sorprende por la "bulla" que le hacen a la seguridad ciudadana en vez de a su depresión o melancolía.
Según la Lic. Mireya Frioni de Ortegai el suicidio tentado o proyectado es una forma de reacción de los jóvenes a los problemas más diversos. "Hay aquí una dificultad para enfrentarse a la situación de frustración y dolor. El joven responde por medio de una actuación y no por una reflexión o por un trabajo de elaboración psíquica de la conflictiva".
Para la autora citada "el adolescente prefiere el dolor físico antes que correr el riesgo de un sufrimiento psíquico. Tiene dificultad de hacer frente a una verdadera depresión y la sustituye por una huida, por el pasaje al acto. La constitución de una depresión implica un trabajo de elaboración mental, esto parece ser algo intolerable para estos jóvenes y los problemas de comportamiento son el modo de huir de ello y evitar la depresión. Los adolescentes con estos problemas tienen en común ciertas características:
- Las conductas actuadas, primando la descarga motriz sobre el trabajo de elaboración psíquica;
- Por lo general no aparece un problema de comportamiento aislado. Es común encontrar asociados o en sucesión en el mismo individuo: intentos de autoeliminación, problemas de alimentación, toxicomanías, alcoholismo, repliegue sobre sí mismo, conductas de oposición en el medio familiar, a veces con violentas reacciones.
- Estos adolescentes son, por una parte, de una gran sensibilidad, extremadamente vulnerables a los otros y a los cambios ambientales; por otro lado suelen oponerse o rechazar toda ayuda o acción del otro. Encontramos aquí una actitud autoagresiva con una implicancia del cuerpo muy manifiesta en los intentos de autoeliminación y en los problemas alimentarios. Esto se une a un rechazo de la imagen del cuerpo y de la sexualidad que acompaña la transformación pubertaria".
De acuerdo a lo que plantea Frioni estas conductas tienden a evitar la tensión interna, huyendo de "la actividad del pensar que podría llevarlos a tomar contactos con sus sentimientos", hecho que implica "una autoagresión y un autosabotaje con una implicancia corporal muy manifiesta en el intento de suicidio y en los problemas de alimentación".
Para entender estas conductas la autora parte de las siguientes hipótesis:
- La existencia de una falla en el vínculo precoz madre-niño implicaría una alteración de la unidad cuyos efectos son devastadores. La pubertad y el inicio de la adolescencia llevarían a reeditar esta antigua situación infantil, lo que hace difícil a estos jóvenes lograr esa segunda separación-individuación, necesaria para la vida, no encontrando otra forma para lograrla que el acto suicida. Este sería el medio por el que recurren en busca de esa separación.
- La existencia de un narcisismo patológico que conduce al sujeto a una extrema dependencia del objeto externo, a una insuficiencia en la formación del yo, a una falla en la función de autoconservación. Las fallas en la narcización materna y los propios conflictos maternos no resueltos acarrearían la falla en el vínculo madre-hijo. Las madres que no han logrado separarse de sus propias madres establecen un vínculo dual que se repite en las relaciones terciarias.ii
- Se considera el IAE (intentos de autoeliminación) como una conducta de agresión, en el intento de librarse de la agresión, del maltrato, de la falta de escucha. Existiría por un lado, agresión hacia el medio sentido como hostil, y por otro lado, esa agresión se vuelve contra su propio cuerpo, su propia existencia. La agresión sobre el medio es vivida como un triunfo sobre los demás, logrando tener a todos alrededor suyo.
Acto suicida.
¿Qué sentido tienen las conductas suicidas? Según la autora que vengo citando, "pueden ser muchos. El adolescente no puede ser separado del contexto familiar y social del que proviene. El paso al acto está particularmente relacionado con los conflictos familiares y está expresando una denuncia de los mismos. Cuando estos jóvenes atacan su cuerpo, atacan lo que es fruto de la unión de sus padres. Tratan a su cuerpo de acuerdo con la naturaleza de la relación que tienen con sus padres. Una joven de catorce años que hizo un intento de suicidio se sentía agredida y no tomada en cuenta por sus padres y decía: 'Yo perdí lo que quería, ellos van a perder algo que quieren'."
De este párrafo surgen dos aspectos importantes a la hora de considerar el acto suicida. Por un lado éste es el modo "que tiene el adolescente de evitar su dependencia y de tomar un rol activo de dominio de sí mismo, de escapar de aquellos que siente que tienen dominio sobre él". Por el otro, "podemos ver en la tentativa de suicidio un ataque destructivo al cuerpo", donde "el odio al cuerpo es muy fuerte en la casi totalidad de los adolescentes suicidas. Parecen sentirlo como separado, como si no les perteneciera, como extraño".
¿Por qué el adolescente no encuentra espacios para independizarse? Y por otra parte, ¿cuál es el origen de esa escisión entre el cuerpo y sus representaciones, o mejor dicho, cómo se llega al punto de no sentir el cuerpo como propio? Suponer que nuestra sociedad no logra elaborar su conflictiva, depositándola en el sector adolescente, tendiendo a generar conductas violentas (haciéndose daño) no resulta una suposición descabellada ni de otro planeta.
¿Cómo explicar más de un suicidio por día (y en ascenso) en nuestro país, con once muertes por suicidio cada 100 mil habitantes?
Los accidentes en la adolescencia.
Vale recordar que la adolescencia es un período de cambios psicosomáticos: crecimiento corporal, desarrollo gonadal, confluencia de las corrientes tierna y sensual, elección del objeto genital; "el triple duelo por el cuerpo infantil, por los padres de la infancia y por la identidad infantil; el acceso a la genitalidad y a la reproducción y la reactivación del Complejo de Edipo y del proceso de separación-individuación; la asunción de un nuevo rol social, con una diferente identidad. Pero además [...] hay en la adolescencia una reactivación de la problemática narcisista, propia de la llamada 'crisis adolescente'" iii .
Es en este marco donde podemos entender el sentido de los conflictos que afectan a los adolescentes y más precisamente el punto a tratar en esta parte del trabajo: los accidentes.
Para Korovsky "accidentarse puede ser, desde el punto de vista psicoanalítico [...] como una particular modalidad de acto fallido en el que se pone en peligro la vida o la integridad corporal, y tiene la característica de aparecer, tanto a la víctima como a los espectadores, como desprovisto de toda intención"iv.
Aparte de afirmar que el acto fallido está lleno de sentido, es importante especificar que el mismo "resulta de la transacción entre un deseo inconciente que pugna por hacerse conciente y la defensa contra ese deseo que fracasa parcialmente en su intento de impedirlo" v.
Por lo tanto, "cuando el conflicto de cambio -la colisión entre las nuevas identificaciones y las viejas que es necesario abandonar- no se puede resolver en forma elaborativa, neurótica o psicótica, es decir, cuando resulta un conflicto impensable, que tampoco puede ser expresado a través del cuerpo como una manifestación somática de enfermedad, es expulsado de una manera violenta, sadomasoquísticamente, y representado plásticamente afuera mediante un acto motor con los elementos que la realidad azarosa-mente ofrece"vi, lo cual podría ser el punto de partida para iniciar su solución.
En el caso concreto del adolescente, el accidente puede ser la "manifestación de un conflicto de cambio en la familia que no puede ser procesado y de la que él es emergente. [...] La estructura de ciertas familias donde la expresión de los afectos está inhibida o donde no se da demasiado lugar a la elaboración de las situaciones críticas, o las modalidades melancólicas de funcionamiento que estimulan actitudes culpógenas, sumadas a los avatares personales del adolescente, ayudan a que éste se constituya en el emergente de la situación total, de la cual el accidente es a la vez síntoma expresivo, comienzo de un intento elaborativo y búsqueda de resolución del conflicto"vii.
Ahora, luego de compartir lo expuesto por Korovsky, habría que preguntarse lo siguiente: si el adolescente que se autoagrede está expresando el conflicto familiar, dicho conflicto, ¿qué está expresando de la sociedad? ¿Cuántos suicidios y accidentes necesitamos para elaborar y buscar resoluciones de nuestros conflictos? Y más aún, según la investigación ya citada efectuada por cinco psicólogas de la Facultad de Psicología, apenas un 15 por ciento de los adolescentes encuestados habló con sus padres sobre sus ideas de autoeliminarse, cuando, de acuerdo a esta misma investigación, "un 69 por ciento dijo haber pasado por situaciones difíciles y un 27 por ciento afirmó haber tenido ideas de suicidio". ¿Qué nos mueve a eludir vínculos capaces de contenernos y a eludir la creación de espacios capaces de identificarnos y realizarnos?
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i Trabajo recopilado en: La problemática del suicidio en el
Uruguay. Tomo II. Roca Viva. Montevideo. 1993.
ii Es interesante un artículo del psicoanalista Edgardo Korovsky
(Relaciones Nº 145. Junio 1996) el cual apunta "dentro del vasto campo de
la violencia y sus consecuencias psicosomáticas" a entender a aquel
"cuya concientización resulta renegada y/o reprimida y cuyos efectos se
manifiestan en la segunda, tercera o aún cuarta generación, a través de
manifestaciones ya sea psíquicas o somáticas". Es decir que aquellos
"conflictos con la identidad, generados a través de la represión o de la
renegación en padres y abuelos, pueden reaparecer [en hijos o nietos] bajo la
forma de manifestaciones somáticas, que representan transacciones entre la
necesidad de mantener oculto el secreto familiar que tiene todo lo reprimido o
renegado".
iii Vease Relaciones Nº 142. Marzo 1996.
iv Idem.
v Idem.
vi Idem.
vii Idem.
¿HACIA UNA NUEVA EDUCACIÓN?
(ALGUNAS INTERROGANTES)
"Una educación sin esperanza no es educación"
Paulo Freire
Si partimos de la premisa de que la violencia es una acción de la sociedad para hacerse daño a si misma, ¿qué posición debemos ocupar en nuestro rol docente? Es decir, como futuros profesores, ¿cuál debe ser nuestra actitud frente a una sociedad, de la que somos parte, que pretende lastimarse a través de un sector con el que mantenemos contacto directo? Es más, ¿acaso nosotros, como docentes egresados del Instituto de Profesores Artigas, es decir, como docentes egresados de una institución creada por la misma sociedad que se lastima, no seremos reproductores y facilitadores de esa violencia? Y además, ¿estaremos distante de ser la víctima o... de ser el victimario?
La violencia es una capacidad de respuesta de los individuos y de las instituciones en una cultura que paga el precio de su lógica liberal. ¿De qué manera podemos escapar a dicha lógica y encontrar caminos capaces de permitir la elaboración de la conflictiva social? ¿Qué podemos hacer ante una propuesta educativa que "debe compatibilizar los objetivos de formación de la moderna ciudadanía (estimular la responsabilidad social y la distribución equitativa de los conocimientos) y las exigencias de la competitividad internacional (fortalecer la inserción de nuestro país en los intercambios globalizados del mundo actual)"i en lugar de ofrecer un "ambiente facilitador"ii para elaborar la conflictiva de la masa estudiantil? Es decir, ¿qué hacemos frente a una reforma educativa que atiende las necesidades del mercado (conocimiento como bien de intercambio) y deja de lado los procesos internos propios del sector adolescente?
"¿Y a vos qué mierda te importa?"
Graffiti en Mones Roses
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i Sanguinetti-Batalla. El Uruguay entre todos. Programa del
Foro Batllista. Montevideo. 1994.
ii Concepto de Winnicott
Fuente: http://www.judithcorsino.com/IPA-temas.htm
Ver también: El suicidio