El duelo: Un trabajo de escritura

M . C. Alejandra Rodrigo

''Nada más fragil que la facultad humana de admitir la realidad, de aceptar sin reservas la imperiosa prerrogativa de lo real".1

¿ Se tratará de sostener a ultranza esa "percepción inútil " para que lo real quede invariablemente apartado, aún cuando su inminencia nos intime a las más forzadas y costosas maniobras para sortear ese obstáculo que deviene ineludible?

La insistencia de los avatares que la vida nos reserva, acomete, en la impronta del imperativo al que nos confronta, la necesidad de responder, aún cuando demos por supuesto su desconocimiento al hacerlo, recurriendo a los más variados artilugios.

Freud nos advierte, a propósito de la guerra, acerca de la contingencia de las ilusiones que sostenemos, a veces a cualquier precio, por lo que cabe interrogarnos, ¿ sabemos con ellas qué o a quién sostenemos?

Al respecto agrega, en lo relativo a las ilusiones, que si bién nos ahorran displacer y producen satisfacciones, también éstas, se derrumban.

Una vez más la consideración freudiana en la cultura que retorna como eco de la singularidad que acontece en tanto la alteridad que nos habita.

La decepción es producto intrínseco a la ilusión.

La condición de lo imperecedero deviene cada vez más cara para el sujeto y el legado freudiano nos ha enseñado que el inconciente desconoce nuestra propia muerte y se arroga la condición de la inmortalidad.

Ahora bién, ¿podríamos, sin embargo, vivir sabiendo a cada instante de lo aleatorio que nuestra propia muerte conlleva? ¿O sólo será posible en tanto la palabra nos provea del sostén imaginario que vele [por] el horror del encuentro con lo real?

"El viajero que camina en la oscuridad rompe a cantar para engañar su temor pero no por ello ve más claro".2

¿ De qué sustancia deberá estar hecha esta claridad para que se nos vuelva visible?.

"Si quieres soportar la vida prepárate para la muerte"3, también escribía Freud, pero ¿cuál es esta preparación? ¿ De qué muerte se trata? .

La ilusión, una vez más, se nos presenta bajo la forma del engaño, del disfraz, de la ficción, para poder así, transitar la vida. No obstante, la muerte, rápidamente, se presentifica como el real irrebatible que nos anticipa en el comienzo [de la vida], un final.

Habrá que perder, perderse, dejarse perder, para poder releerse en las propias marcas y efectivizar, así, el duelo por el objeto.

Para poder leer en lo que se escriba esa letra que bifurque , con el surco que despeje, el lugar disponible para el sujeto por-venir.

Para el porvenir de un sujeto que, advertido de la división que lo causa, se avenga ya no en la consistencia de la ilusión que lo sostuvo, sino en el mediodecir de una verdad que lo sorprenda.

Retomemos, ahora, la letra freudiana.

¿ Cuál será la muerte a la que Freud nos convoca a prepararnos?.

¿ Prepararnos para lo irrepresentable?

¿ Para el fatalismo de cada pérdida o para esa pérdida fatal que nos ha constiuído?

¿ Deberemos volver a perder lo irremediablemente perdido?

¿ O se tratará de saber hacer allí con lo real que cada pérdida conlleva, para avanzar y poder ir más alla?

La neurosis nos plantea otras salidas en las que el sujeto detiene y retiene su acto: la inhibición de la función o la creación de una función nueva que aporte una satisfacción sustituta, aunque ya Freud nos anoticiaba del intramitable pulsional que restará por inscribir con la conceptualización de la pulsión de muerte.

Ahora bién, devenido el objeto separable, ¿ cuándo su pérdida conlleva el duelo ? ¿ O será que el duelo comienza a efectivizarse en tanto el objeto condiga con su lectura el estatuto de separable ?.

En Inhibición, Síntoma y Angustia , Freud puntualiza, distintas lecturas acerca de la pérdida, en tiempos instituyentes. Por ejemplo nos dice allí, que la pérdida de la percepción de objeto resulta equiparada, luego, a la pérdida del objeto y posteriormente a la pérdida del cariño, o sea , a la pérdida del objeto de amor. Recordemos que, en un primer tiempo, el objeto es asimilado al yo, el yo es el objeto ; entonces, la pérdida del objeto recaerá también sobre el yo, por lo que toda pérdida que viene al lugar de esta originaria, también comportará la pérdida de una parte del yo, colapsando, de esta manera, aquella íntima relación que instituye para el sujeto su conexión con la realidad.

A las salidas mencionadas más arriba debemos agregar, ahora, la de la angustia, correlato inseparable de la pérdida del objeto, del peligro ante la pérdida del objeto. Habrá, pues, objeto perdido en tanto la angustia lo presentifique y renueve en su caída el dolor psíquico del desvalimiento primigenio.

Propongo, entonces, que si la angustia no es sin objeto, el duelo no es sin sujeto.

O sea, el concepto de duelo resulta solidario al de sujeto.

Sostengo, además, que la realización del duelo, va de suyo, con su efectuación, restando para el duelo patológico, la alternativa de no concluído, por lo tanto, de no duelo,y perpetuando, así, la incorporación del objeto, asimilado ahora al yo, ya que éste no dispone de su libido para relanzarse en la búsqueda de nuevos objetos.

La hipótesis freudiana del duelo nos conduce también a la escena analítica, en la que el duelo viable, en y por la neurosis de transferencia [ transferencia paterna como ya lo anticipaba el padre del psicoanálisis] deberá acontecer para la terminación de la cura, a

fin de suturar esa herida abierta, en cuya marca se podrá leer su estatuto como perdido.

Vayamos, ahora, a un somero recorrido por los desvíos y retornos que la obra freudiana les ha procurado a sus sucesores.

Melanie Klein nos dice que la posición depresiva comienza con el destete. El objeto a perder es el pecho, pero el pecho también se lo es en tanto el yo conserva, por incorporación en la fase anterior, esquizoparanoide, la imago del objeto perdido en su interior. Ante la pérdida del objeto en el exterior, se reactualizan los mecanismos maníacos y de identificación con la consguiente culpa a raíz de la excesiva voracidad. Todo duelo recrea , así, los duelos tempranos acontecidos bajo la vigía del juicio de realidad. La elaboración de la pérdida del objeto [el pecho], se efectuará, en tanto el mundo interno esté en correspondencia con las experiencias gratificantes y amables de la madre. A través del juicio de realidad se unifican las imagos y los procesos de duelo que resultan así viables, mitigando el odio que amenaza la destrucción del objeto, implicando la no resolución del duelo.

Ante una pérdida real, también se teme haber perdido los objetos internos buenos. Tanto el niño en posición depresiva como el que está de duelo reintegran un mundo bueno interno, disminuyendo las defensas maníacas, que tienden por la negación y la omnipotencia a sostener un objeto perseguidor del que se defienden.

En el duelo normal se reintroyectan los padres amados y el objeto perdido, por lo que se desprende que para Klein, la capacidad de hacer el duelo, dependerá de la instalación de los objetos buenos en el interior para que prevalezcan la confianza y apaciguen a los perseguidores. De esta manera la reactivación, a través de las pérdidas ulteriores, de los procesos de duelo, reeditarán las alternativas de la posición depresiva infantil. David Liberman, entre nosotros, nos aportó, aquellas características de presentación que hacen a la personalidad depresiva. El duelo infantil, nos dice, es el modelo de todos los duelos. El duelo , para él, tiene el valor semejante a ir despidiéndose internamente del objeto perdido, ahora incorporado y asimilado al yo, a través de un proceso reparatorio que reconozca lo bueno y lo malo, lo gratificante y lo frustrante, lo amable y lo dañino. Si esto no sucede, el temor acude porque el yo no está preparado y el pánico invade. El pánico no enquistado producirá el ataque [de pánico].

Avancemos, ahora, en lo que hace a la vuelta que Lacan nos propuso sobre los fundamentos freudianos, en tanto nos enseñara a leer allí, de otra manera.

El duelo fundante para la constitución subjetiva se inaugura donde dos cuerpos se revelan como originariamente disjuntos; el cuerpo de lo real del goce que quedará invariablemente perdido, para poder ser recuperado por la palabra, en el cuerpo de lo simbólico, pero también cuerpo pulsional soporte de los restos del goce primordial, cuerpo a perder por el duelo normativizante. Pérdida que deberá transmutarse en falta, a través de la alternancia a la que obliga la dialéctica de la presencia-ausencia.

El sujeto, pues, instituyéndose en el campo del Otro primordial en un correlato no recíproco. Tiempo de alienación en el que convocado por los significantes de la demanda deberá despejar la pregunta por su deseo, al sustraerse, en la separación y retornar de su afánisis como sujeto.

El sujeto es, entonces, a producir, en tanto efecto de discurso , en un entrelazado tripartito de la carne, el dolor y el sexo. [Cuerpo real, Otro sexo y goce].

Planteada la desigualdad radical entre el sujeto y el Otro, una historia comienza a contarse y a contabilizarse, sólo si el abrochamiento fálico procura, con su anudamiento, el pasaje que obra de la pérdida de ser [el falo], a la pérdida en el tener.

Duelo, pues, por el falo, a condición de que la castración del Otro quede reservada, velada para el sujeto, quien ataviado con la vestidura que su fantasma le propina, al identificarse al objeto, intentará en su basculación, advenir a la posición deseante.

[ Basculación fantasmática que E. Porge nos presentara en la escritura nodal borromeica, llamada cadena del fantasma, la que pone en el plano la temporalidad que la fórmula no permite ].

Así, a partir de una elección forzada, el sujeto sostendrá al Otro como garante de la verdad, garantía que promete con el sentido, lo soportable de una existencia a consistir. Consistencia a perder, sentido a deponer, existencia a destituir, apuesta, que la experiencia del análisis, arroja para el sujeto con la novedad de un goce indecible y la alternativa de una elección posible.

Acordamos con Allouch, la clínica es el duelo y ,si bién , el presente trabajo no ahondará en tal aspecto, la temática del resto en el duelo resulta decisiva para plantear la dirección de la cura y sus efectos en la clínica psicoanalítica. Por ejemplo en lo que hace al analista ubicado en el lugar del resto de la operación analítica; ya nos lo advertía Freud en Duelo y Melancolía, el yo, luego del trabajo del duelo, cortará su ligazón con el objeto abolido por lo que al finalizar, deberá haber agotado la energía que le insumió tal labor. La subjetivación de la pérdida que el duelo tramita, la entiendo como el procedimiento en el que el sujeto se desprende de aquella parte que le es propia del objeto a perder.

Retomemos, entonces, duelo por el ser, duelo en el tener, reconocimiento del no ser.En el final de sus días, Freud escribía "Tener y ser en el niño. El niño prefiere expresar la relación objetal mediante la identificación: yo soy el pecho. El tener es ulterior, y vuelve a recaer en el ser una vez perdido el objeto....más tarde, tan sólo: yo lo tengo, es decir, yo no lo soy..."

Lacan nos plantea, a partir de una lectura renovada de Freud, con el corolario del final de análisis, una clínica que abre a la experiencia del objeto (a). Experiencia coextensiva al des-ser del Otro de la transferencia y a la destitución subjetiva del analizante devenido en posición de analista , en tanto el no todo lo reenvía a la singularidad de su deseo para posicionarlo como otro entre otros. En tal sentido el atravesamiento del fantasma lo sitúo no sólo homogéneo al final de análisis, sino en cada vuelta de la demanda que evoque el hueco donde se constituye, para que muerda, con la operatoria del análisis, la opacidad del objeto. Trabajo de bordado y bordeado que culminará con la disyunción entre el a y el menos fi, plasmando en este tiempo el duelo del objeto que se era para el Otro.

Trabajo de duelo que implicará un trabajo de lectura de la línea de corte que reescriba la castración propia y la del Otro.

Toda efectivización del duelo opera pues, en tanto supone al objeto en su estatuto de donable, cesible,metaforizable.

El nudo RSI admite la alternativa de pensar el duelo como el barrido que recorra el ternario en su decir; o sea, lectura real , simbólica, imaginaria; el nudo anticipa el corte mismo, que deberá acontecer en tanto soporte de la estructura del sujeto.

Pero hará falta, una vuelta más. Aquella en la que el sujeto se cuenta en su lectura, acto de nominación intrínseco al decir del duelo imaginario y simbólico, que despeja lo real.

Aquella que sitúa la forma vacía de la alienación, S ( A ), para instituir la novedad de la invención que Lacan nombraba como un nuevo significante.

Para terminar, el duelo es un trabajo de escritura RSI, duelo por el falo imaginario, duelo por el falo simbólico, y más allá, el reconocimiento advertido del ( a ) causa del deseo , como la falta en ser, carozo del sujeto, verdadero pedazo de real que en un futuro anticipado se reordena como habiendo sido.

Nosotros analistas , ¿ no somos, acaso, deudores de Freud, a partir de su lectura simbólica del duelo, de M. Klein en la vertiente imaginaria y finalmente de Lacan, quien nos donara su escritura en lo real ?

 

Referencias Bibliográficas :

Freud, Sigmund : Mas allá del Principio del Placer

Inhibición, Síntoma y Angustia

Introducción del Narcicismo

Duelo y Melancolía

Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte

en Obras Completas, BN, Madrid

Porge, Erik : De la escritura nodal

en Litoral

Klein, Melanie : El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos

en Obras Completas, Paidós

Liberman, David : La comunicación en terapéutica psicoanalítica

Eudeba

Rosset, Clement : Lo Real y su Doble

Tusquets

Ritvo, Juan. B : Lo que era ser y la forclusión originaria

en Conjetural

Allouch, Jean : Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca

Edelp

Lacan , Jacques : Seminario 11

Seminario 15

Seminario 22

Seminario 23

Inéditos.

 

Fuente: http://www.efba.org/efbaonline/rodrigo-10.htm

Ver de la misma autora:

 

  Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar