Alicia Martha Passalacqua
El Psicodiagnóstico de Rorschach
permite utilizar parámetros cuantitativos que posibilitan el establecimiento de
valores comparativos. Al mismo tiempo, estos valores son luego analizados
cualitativamente, en todos los casos, de modo general y pormenorizado.
En el año 1988 iniciamos con un grupo de colegas de la Asociación Argentina de
Psicodiagnóstico de Rorschach: Silvia Echenique, María Teresa Herrera y
Dolores Orcoyen, una investigación sobre detección del potencial suicida con
el Psicodiagnóstico de Rorschach. El objetivo era poder encontrar signos que
fueran comunes, más allá de los que constaban en la bibliografía sobre el
tema y que, por otra parte, merecían ser revisados. El objetivo era que ello
permitiera una detección precoz de esta problemática, cuando aún se está muy
a tiempo para intervenir preventivamente. La decisión de investigar sobre este
tema se originó en diversas circunstancias, algunas de ellas casuales: la más
importante fue, posiblemente, el haber accedido a protocolos Rorschach de
suicidados que habían pasado por la toma del Test poco tiempo antes de
suicidarse. Ellos habían sido administrados por colegas que me fueron haciendo
llegar copias de los mismos, al enterarse de la trágica derivación. Su
procedencia era variada, siendo la mayoría del área clínica y laboral. Otro
importante desencadenante fue el haber detectado el potencial suicida en varios
casos, que tenían, algunos de ellos, buenas posibilidades pronósticas que
luego fueron confirmadas por su buena evolución terapéutica, pero,
fundamentalmente, por no haberse matado. El modo de detección de ese potencial
se había dado a través de la evaluación de los signos que los autores
recomendaban, de otros que fueron surgiendo de nuestra experiencia clínica, y
también de la especial repercusión contratransferencial que estos casos
originan. Probablemente ésto se produzca por el relativamente fácil acceso que
permite el Rorschach a los tres niveles de conciencia: conciente, preconciente e
inconciente.
Si nos hubiéramos quedado sólo con esto, la divulgación científica y la
posibilidad de transmitir esta información hubiera sido muy limitada. Por eso,
finalmente nos decidimos a emprender esta ardua investigación, partiendo de la
evaluación de los signos comunes que presentaban los primeros 7 casos que teníamos
y que con el tiempo y gracias a la generosa contribución de algunos colegas,
llegaron a 13. Así, originariamente construimos una Escala de 65 signos que
fuimos evaluando sucesivamente en diferentes poblaciones para llegar a
determinar su número significativo en un protocolo. El objetivo era aportar al
Psicólogo que trabaje en cualquier ámbito donde se aplique el Psicodiagnóstico,
además del análisis cualitativo que también es sumamente importante,
elementos cuantificables que le permitan detectar a tiempo el potencial suicida
que resulte peligroso tanto sea por su magnitud, como por la posibilidad de ser
actuado. Esto porque, como opinan diversos autores, al provenir del instinto de
muerte, el potencial suicida es universal, y algunos de estos signos se podían
encontrar entonces en la población general.
En lo referente a los contenidos, pudimos sistematizar cuatro tipos de fantasías
que se reflejan en el Rorschach:
a) relacionadas con la muerte en general.
b) relacionadas con el suicidio, en especial, y sus fantasías también
asociadas.
c) relacionadas con los psicodinamismos subyacentes descriptos por la mayor
parte de los autores psicoanalistas consultados, y
d) relacionadas con el modo en que se está fantaseando la muerte por propia
determinación (o, en algunos casos un homicidio que resultaría inaceptable).
Esto probablemente coincida con el momento en que se está todavía con la duda
sobre cómo hacerlo, independientemente de que luego sea ése o no el método
efectivamente elegido. En el Apéndice II de este trabajo transcribimos algunos
ejemplos de las cuatro a través de respuestas dadas por suicidados,
intentantes, o de potencial suicida, para los que les interese conocerlas.
Con referencia a lo segundo, (las fantasías asociadas al acto de matarse) la de
reinfetación (en un retorno persecutorio o defensivo al antro materno, al
estado de Nirvana) en la expectativa de una unión indisoluble y eterna con la
imago de la madre, que tal vez esté subyacente siempre a cualquiera de las
otras, es, junto a la de expiación purificadora de culpas, la que con mucha
mayor frecuencia hemos encontrado en nuestros casos.
En otros y numerosos casos, el suicidio es vivido como un tránsito a otro mundo
"rico en posibilidades vitales en donde se vivirá eternamente y se será
inmortal" o donde se tendrá la posibilidad de reencontrarse con seres
queridos. Esto suele estar acompañado de sentimientos muy religiosos, pero
contradictorios, ya que, también paradojalmente, la mayoría de las religiones
condena al suicidio, por estar posiblemente asociado con un acto omnipotente
exclusivo de Dios.
Esta fantasía suele coincidir con la de expiación purificadora de culpas y la
de intento de huida de lo mundano, instintivo y erótico, considerado como malo,
pecaminoso y de alto voltaje, para buscar paz, frialdad tranquilizadora y
ascenso espiritual a través de la unión con una figura idealizada y superior,
como, a menudo, mecanismo de identificación con lo que se vive como agresor.
Con respecto a los psicodinamismos subyacentes, los autores coinciden en que
parece existir entre los suicidas una intensa ansiedad persecutoria (componente
objetivable de la depresión melancólica), algunas veces inconciente, que también
suele expresarse en el Test.
Hemos podido también corroborar por los datos del Rorschach y por la clínica,
que no se suicidan sólo los depresivos, como muchos llegaron a suponer. Sin
embargo, aunque también ocurra ocasionalmente en neuróticos, el suicidio
implica siempre un momento psicótico y un intenso estado regresivo con defensas
primitivas, maníacas y esquizoides.
La Escala resultante de 65 signos se aplicó a las sucesivas siguientes
poblaciones: a casos de potencial suicida comprobado a través de la confirmación
posterior, producida a veces en el transcurso de sus psicoterapias, en la
devolución del Psicodiagnóstico, o por haber realizado intentos posteriores. Más
adelante, la aplicamos también a casos de intentantes que habían hecho el
intento previo a la toma del Rorschach, habiendo quedado, algunos, hasta con
secuelas físicas. Posteriormente, en otro momento, los probamos con una población
de 20 pacientes por motivos ajenos al suicidio, provenientes de nuestra tarea clínica
y, por último, con una población de otros 20 no pacientes.
De los sucesivos trabajos en las diferentes poblaciones y la consiguiente
ampliación de la muestra de suicidados original, sacamos las siguientes
conclusiones:
- Coincidimos con Exner en que el intento anterior parece agotar el potencial
suicida. La población de intentantes tiene un promedio de signos (16,21) menor
que la población de suicidados (20) y casi igual que la de potencial (16,20).
Esto alerta sobre la validez de tomar en cuenta población de intentantes para
investigar sobre este tema.
En el trabajo sucesivo con todas estas poblaciones, categorizamos también, además
de los 65 signos originales, todos los cómputos obtenidos en la Hoja síntesis
de los resultados cuantitativos y Psicograma o Sumario Estructural, incluidos
los Fenómenos Especiales y su incidencia.
De todo esto surgió la actual Escala de 44 signos, a través de la depuración
de los signos originales no significativos y la incorporación de otros que así
resultaron, algunos de ellos un tanto sorpresivamente para nosotras, y que también
dividimos en concernientes a Localizaciones, Determinantes, Contenidos, Fórmulas
y Fenómenos Especiales. La Escala y sus porcentajes respectivos en la población
de suicidados, que en este momento asciende a 13 protocolos, y de no pacientes,
que fue la que en definitiva utilizamos para decidir su inclusión, aunque los
evaluamos también con la de pacientes y potencial, figuran en el Apéndice I y
en el Cuadro 1.
Aplicando nuevamente la Escala resultante a la población de suicidados, surge
de ellos un promedio de 20 signos con un Desvío Standard de 4,09, lo cual lleva
a considerar peligroso lo que oscila entre 16 y 24 signos. El 53,8 % de esta
población tiene 20 o más de estos signos. La población de no pacientes
presenta un promedio de 6,9 signos con un Desvío Standard de 2,04 lo cual la
ubica entre 5 y 9 signos. Aplicando puntajes estadísticos (Test de diferencia
de medias de Student que trabaja con un nivel de alfa = 5% del programa de
computación statistix 4.0), surge que, con un alto nivel de confiabilidad, hay
diferencias significativas en cuanto a la producción de signos Rorschach entre
la población de suicidados y de no pacientes.
Por otro lado, el hecho de que la mayoría de los signos estén entre los Fenómenos
Especiales, nos hace pensar, a los que administramos Rorschach, en la
conveniencia de hacer un registro exhaustivo de todo el discurso, sin excluir
nada, único modo en que los Fenómenos Especiales pueden ser evaluados.
De acuerdo a los resultados obtenidos, todos los suicidados evidencian una
sensible disminución de las funciones yoicas básicas, que discriminan patología:
prueba, juicio y adaptación a la realidad, a través de los signos Rorschach
que los evalúan. Aparecen también algunos rasgos de personalidad comunes a
todos ellos: agresión no reconocida, disociada y con posibilidad de actuación
(Acción Padecida, Dividido y Mor) acompañado de un sufrimiento intenso, vivido
como que las cosas les suceden sin hacerse cargo de su participación en ellas
(Crítica al Autor, Crítica de Objeto, y Movimientos pasivos) denunciando todo
esto otra de sus características relevantes, que es la hipercrítica.
En cuanto a la represión que evidencian, a través del tipo de Respuestas de
Defecto que suelen dar, podemos decir que la caracterizamos como de un nivel más
regresivo, que no se muestra tan directamente sino que se infiere, por lo tanto
ligada a un momento muy primario en la evolución de la libido. Otros rasgos serían
la poca capacidad de movilización interna, la terquedad, la obstinación y la
restricción de intereses (esto por la escasez de Movimientos humanos, los
Detalles inusuales y Espacios en blanco aumentados y el A% disminuido).
Con respecto a esto conviene recordar que lo numérico es siempre relativo, ya
que los comportamientos humanos son siempre imprevisibles, por lo cual hay que
observar también la indudable contundencia de algunos signos, o su peligrosa
combinación con otros, aunque no se llegue al número considerado de riesgo. Y
viceversa, un número de signos elevado en alguien de buen pronóstico, puede,
afortunadamente, indicar la posibilidad de revertir esta terrible perspectiva,
aunque siempre hay imponderables.
A raíz de esta investigación, del conocido incremento del suicidio adolescente
en particular y de los resultados de otra investigación anterior, ya concluida,
sobre Depresión en Adolescentes, que fue aprobada y subsidiada por U.B.A.C. y
T., surge la actual investigación sobre este tema, también aprobada y
subsidiada por la U.B.A. Ésta está siendo realizada en forma conjunta entre
las Cátedras de Teoría y Técnica de la Exploración Psicológica Módulo I, Cátedra
II y la de Rorschach de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos
Aires.
Como todos saben, ostentamos el desafortunado récord de tener el número más
alto de suicidios de América Latina (que no depende, entonces, del número de
habitantes, lo cual agrava la importancia de este dato). En el año 1992 se
registraron 12 suicidios por día de los cuales 2 eran de adolescentes, suicidándose
uno de ellos cada 12 horas. A partir de entonces, hubo un ascenso constante de
ese número. El año en que se registró el número más bajo de suicidios
dentro de ese período, fue el de 1984, surgiendo a este respecto hipótesis
sobre el recambio político como generador de esperanzas. La curva de suicidios
fue ascendente del 80 al 94, sobretodo en los dos últimos años. Los aumentos
del año 1984 al 1992 se relacionarían con la disolución del lazo social, el
debilitamiento del grupo y de la idea de pertenencia, que disminuye la creencia
en que el individuo es útil. A esto ha contribuido el descrédito de la política
y la ausencia de redes que sostengan lo individual. Además, el valor de la vida
se halla cada vez más deteriorado o poco respetado, también en relación a una
mayor exteriorización de la violencia.
Como decíamos en un trabajo derivado de la investigación anterior realizada en
la U.B.A., en donde intentábamos caracterizar el tipo de depresión que se
presenta en la adolescencia, las circunstancias actuales llevan más a la
actuación que a la depresión, propiciado esto desde lo cultural.
Así, comentábamos en ese artículo: ... "en este fin de siglo las patologías
de acción y del cuerpo predominan y la cultura de las imágenes las acentúan..."
y "... observamos que esto se corrobora especialmente con Rorschach".
La postmodernidad propone a la adolescencia como modelo social y la sociedad
misma se adolescentiza. Esto lo ilustra muy bien Finkielkraut (1990:138) cuando
dice que: 'El hemisferio no verbal ha acabado por vencer, el clip ha dominado a
la conversación, la sociedad ha acabado por volverse adolescente'. El
hemisferio izquierdo, sede de la racionalidad, la lógica y el lenguaje, ha
perdido terreno y la comunicación entre los jóvenes se desarrolla casi
exclusivamente a través de imágenes con poco intercambio a nivel personal.
Para Dolto (1990: 77-78) 'La televisión se convierte en la única fuente de
referencia de niños aislados, en apartamentos vacíos de adultos'... y así
aparecen los medios masivos, en particular la televisión, adoptando a tanto
adolescente huérfano.
Tal vez como consecuencia de ello, rescatamos el hecho observable... "también
desde la clínica"... de que difícilmente el adolescente desemboque en un
síndrome depresivo: parece mucho más propenso a la anorexia, la bulimia, las
adicciones, la adhesión a las sectas o bandas e incluso al suicidio.
En relación a esto, observamos en las entrevistas que realizamos con las
adolescentes de nuestra muestra, previas a la aplicación de las otras técnicas,
que aparecen aceptadas fantasías de muerte, aunque eludiendo el matarse, por
estar asociado al dolor. Incluso una de las integrantes manifestaba pensar que
con depresión y dejándose estar, y adelgazando, lograría la muerte.
Pareciera que al no haber posibilidades de encauzarla debido a la falta de
ideales por la denigración de los valores políticos, ni tampoco de expresarla
debido a la represión que caracteriza el momento evolutivo, la agresión se
vuelca cada vez más tempranamente hacia los demás o se vuelve
preponderantemente contra sí mismo, en correspondencia con los dinamismos
subyacentes al incremento del potencial suicida, en el caso de que exista también
un medio familiar que lo propicie.
La violencia que han ejercido algunos de los padres de los suicidados,
intentantes o con ideas suicidas, en los casos en que se tienen datos sobre sus
historias y que también hemos encontrado en algunos de los casos de nuestra
muestra, parece estar en relación no sólo a lo agresivo, sino también a lo
sexual.
La Dra. Elena Levin, en las Jornadas Universitarias sobre Comportamiento Suicida
en la Adolescencia, realizadas en la Universidad de Belgrano, en agosto de 1996
destacó la importancia de observar sintomatología asociada, como insomnio,
dificultades de concentración, falta de interés, angustia y otros.
En este contexto, la escuela aparece como el lugar ideal para hacer prevención,
dada la alta concentración de adolescentes y también, la posibilidad de
detección por parte de los compañeros. El suicida, aunque por un lado guarda
celosamente su secreto, por el otro, transmite mensajes generalmente cifrados
sobre ello, en una actitud ambivalente de desafío y de indirecta recurrencia al
auxilio de los otros.
Fue entonces que nos planteamos la investigación actual: Comportamiento suicida
adolescente: detección y análisis de los principales factores de riesgo. Su
objetivo: investigar las posibles conductas suicidas y autodestructivas de los
adolescentes. La población con la que trabajamos en esta ocasión está
integrada por adolescentes de ambos sexos que concurren a diversos años de una
escuela capitalina de Enseñanza Media (EMEM Nº 5) y también por estudiantes
universitarios de distintas Facultades que asisten al Servicio de Salud de la
Universidad de Buenos Aires para su revisación médica obligatoria.
En este trabajo conjunto, en un primer momento, la Cátedra de la Prof. Casullo
administró colectivamente pruebas objetivas específicamente ligadas al tema de
la investigación (MAST e ISO) a la población mencionada. Las pruebas
objetivas, en el caso de estar relacionadas también con la posibilidad de
actuación del comportamiento suicida que detectan, tienen, en ese sentido, la
posibilidad de la administración colectiva y, por consiguiente, de la
discriminación masiva de poblaciones o edades en riesgo. El Psicodiagnóstico
de Rorschach, a su vez, determina con gran eficacia cuándo el potencial suicida
es peligroso por su magnitud con respecto a lo esperable y, además, pronostica
la posibilidad de llevarlo al acto. De acuerdo a los resultados obtenidos, se
dividió la muestra entre los de puntaje alto, moderado y bajo.
Otro resultado permitió corroborar que no existe casi disimilitud entre las
medias de altos y moderados aplicando la ESPA (14,47 a 14,18, respectivamente
que asciende a 15,73 y 15,81 si se incluyen los signos suplementarios). De
acuerdo a esto, se decidió unificar ambas poblaciones llamándolas en adelante
AM (N = 80 con la Media igual ahora a 14,32 o, en su defecto, 15,77 incluyendo
los suplementarios) a fin de confrontarlas con los bajos cuya Media es de 12,40
ó 14,04 con los suplementarios.
Se entrevistó luego a todos los integrantes de las muestras obtenidas y se les
administró también individualmente el Psicodiagnóstico de Rorschach y el Test
de las Pirámides Coloridas, de Pfister, evaluándolos a cada uno del mismo modo
individual.
De la comparación realizada con las poblaciones resultantes, si bien las
diferencias no llegan a tener un nivel distintivo de discriminación, tal como
se dio en la E.S.P.A. entre suicidados y no pacientes, surge que, por un lado,
las medias de AM y bajos difieren entre las dos (14,32 a 12,40 ó 15,77 a 14,04
sumando los signos suplementarios), y por el otro, resulta, de cualquier modo, más
elevada en los altos más moderados que en los bajos.
Sin embargo, ninguna de las dos Medias alcanza el nivel de la de suicidados de
adultos (20). Esto, por otra parte es bastante lógico, ya que en ninguna de las
poblaciones se habían producido afortunadamente concreción de suicidios (como
en la población que dio origen a la E.S.P.A.) ni tampoco se conocieron
posteriores derivaciones fatales entre los integrantes de las muestras.
Otro hecho a destacar es que sólo el 4,76% de los bajos supera el número
significativo para adultos de 20 signos (ó 7,14% si incluimos los signos
suplementarios), En cambio, entre los AM, el 15,78% (ó el 19,73% incluyendo los
suplementarios) los supera. Esto corrobora una vez más el valor discriminatorio
de la ESPA y de las pruebas objetivas y su evidente utilidad para grandes
despistajes. Aunque también hay que tener en cuenta que posibles suicidados
pueden provenir de ambas poblaciones, dada la siempre relativa eficacia del
valor de predicción en las conductas humanas, máxime si se tiene realmente en
cuenta la importancia de las particulares series complementarias a tales
efectos.
Sin embargo, el hecho de que las medias de ambas poblaciones difieran también
de la encontrada en la población de no pacientes, siendo mucho más altas,
demostraría que la adolescencia es una población de alto riesgo a partir de su
relación con la crisis evolutiva y con aspectos sociales que los diferencian, y
que habría que profundizar.
Esto permite contribuir a la necesidad de considerarla especialmente como
proclive a realizar acciones preventivas sobre ella a través de grupos de
reflexión de adolescentes, padres, profesores y otro personal docente o de
apoyo de las escuelas y otras instituciones a las que concurran.
También estos resultados obtenidos es lo que nos ha llevado a comenzar otra
investigación en la que intentamos evaluar en qué edad o edades se da la mayor
incidencia de los signos, a fin de centrar en ellas las tareas y esfuerzos
preventivos.
Las estadísticas también indican que adolescentes con riesgo suicida se
encuentran entre aquéllos que, entre otras situaciones:
- han sufrido la pérdida de personas significativas y/o de su afecto
- poseen estructuras familiares con patrones de comunicación distorsionados:
por ejemplo, doble mensaje o inducción de culpa directa o indirecta
- no han aprendido a afrontar sus problemas como consecuencia de haber sido
sobreprotegidos (no se defienden porque otros lo hacen por ellos)
- han sido afectados por estresores negativos que actuaron como precipitantes de
comportamiento suicida: desintegración familiar, maltrato, mudanzas, enfermedad
de sus padres o de ellos mismos, problemas escolares o, entre otros, desocupación
de miembros de su familia o personal (en los casos de niños que trabajan), además
de muchos otros.
Algunos de los síntomas (The New York Times Syndicate, 1999), que presentan
son:
- ira intensa, ataques de furia o pataletas, acompañados de irritabilidad e
impulsividad extremas
- estados de ansiedad
- baja tolerancia a la frustración
- quejas de sí mismo
- manifestaciones de sensación de desamparo y/o soledad, frecuentemente
acentuadas por sentirse aislados de familiares y amigos, agravadas por
encontrarse realmente, en algunos casos, sin adultos disponibles
- expresión de pensamientos de desesperanza
- referencias verbales acerca de la muerte
- conductas de destrucción y/o desprendimiento de sus objetos más queridos o
de mayor valor
- cambios abruptos del comportamiento y de los estados de ánimo en general y
particularmente en la escuela, tornándose alegres e hiperactivos después de un
período de depresión
- identificación con ídolos que han muerto recientemente (por suicidio u otras
causas).
Preponderan, en definitiva, los síntomas de sentimientos de desesperanza, de
aislamiento, centrándose su comunicación especialmente en el tema de la
muerte.
A su vez, hay en Internet valiosa información que con fines preventivos se
difunde sobre algunos mitos que deben desmentirse en referencia a esta temática:
- que los que hablan sobre el suicidio generalmente no lo concretan, ya que
muchas veces esto implica un último y desesperado pedido de ayuda
especializada, antes de llevarlo a la práctica. Confirmando esto, Andrés, varón
de 18 años perteneciente a la población de consultantes de nuestra población
(20 signos más dos suplementarios) manifiesta miedo que lo abandonen y su
intención de suicidarse y posteriormente intentó tirarse de una terraza.
- que siempre sea sólo un intento por llamar la atención, ya que
frecuentemente el suicidio se puede constituir en un erróneo medio imaginario
para eliminar el dolor, fantaseándose con que la vida va a continuar después
de suicidarse.
- que en todos los casos la responsabilidad recaiga exclusivamente en los
padres, ya que a menudo éstos son, a su vez, débiles y vulnerables y hacen lo
que está a su alcance. Algunos son violentos, pero otros, altamente permisivos.
Acá agregaríamos la importancia de tener en cuenta las series complementarias
de Freud.
- que el hablar de suicidio en la familia implique necesariamente que el niño
piense especialmente en ello, si no tiene síntomas concomitantes
- que a esta edad no sepan autoeliminarse, ya que la televisión provee
continuamente de modelos de medios para lo que creen solucionará sus problemas,
además de brindar presuntos significados, algunos de ellos hasta atractivos, de
la muerte
- que sólo se suicidan o lo intentan los mentalmente perturbados, porque también
lo hacen los altamente presionados, tensionados y exigidos
- que el consumo de sustancias y conductas impulsivas sean válvulas de escape
que reduzcan las posibilidades de suicidio, siendo que, a menudo, las acentúan
- que por contemplar la idea o intentar en algún momento suicidarse deba
considerarse a alguien por siempre como presunto suicida, ya que los que han
recibido una ayuda adecuada pueden revertir el proceso, a lo que añadiríamos,
sobre todo si su pronóstico terapéutico era positivo de acuerdo al psicodiagnóstico
inicial, más aún si en éste se ha incluido la administración de Rorschach
Sucede también a menudo que suelen experimentar una aparente y engañosa mejoría
en sus tratamientos en el momento de haber tomado justamente una decisión
suicida que los tranquiliza y que puede inducir a creer que ya han superado la
crisis, interrumpiéndose la psicoterapia, cuando en realidad precisamente más
se necesita continuarla y por un tiempo todavía prolongado.
En relación a esto, recientemente ha aparecido en Internet una información de
la American Psychiatric Association sobre Suicidio Adolescente que parece tener
esa finalidad, ya que incluye consejos para adolescentes, modos de identificar
lo que les pasa a ellos y a sus padres y qué hacer en caso de estar en esa
situación, ejemplo que, sin duda, habría que imitar en nuestro medio.
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sobre Crisis y Suicidio, A.P.A.
Localizaciones
1) Dd + S > 10
2) FM disminuido ó = 0
3) C puro = ó > 1
4) Colores cromáticos y acromáticos (blanco o gris) coexistiendo en la misma
respuesta (cualquier predominio formal)
5) Combinación de m, K o c con C o C' (coincidencia de por lo menos 2 de estos
determinantes en una misma respuesta y con cualquier predominio formal).
6) Abismo, pozo, agujero, entrada o
salida, puerta, camino, escalera (generalmente en S solo o complementario)
7) Abstractos
8) Manchas
9) Respuestas simbólicas de la muerte como solución (ejemplo: ascenso asociado
a ideas de búsqueda de paz)
10) Místicos
11) Seres humanos como "figura", "sombra",
"esqueleto" o "personaje"
12) T P aumentado (> de
50")
13) A% disminuido (< de 30%)
14) Pop % disminuido (< de 25%)
15) I R disminuido (< de 5)
16) Algunos de los F+% disminuidos (sobre todo F+ ext %): F+ < de 80% y/o F+
extendido < de 75%
17) H+A/Hd+Ad aumentados los parciales (Hd+Ad > que la mitad de H+A)
18) Acción padecida
19) Combinación Confabulatoria
20) Contaminación Atenuada
21) Contradicción
22) Crítica al autor, al examinador o a las láminas
23) Crítica de Objeto
24) Desvitalización
25) Disminución o Anulación de la Conciencia de Interpretación
26) Disociación
27) Dividido o Escisión
28) E Q a
29) Evidencia
30) Fabulación o Sobreelaboración
31) Fusión Figura Fondo
32) Ilusión de Semejanza
33) Lógica Autista
34) MOR
35) Movimiento Klein
36) Perseveración
37) Respuesta de defecto
38) Respuesta de uno
39) Respuesta "o"
40) Secuencia
41) Shock al vacío o al blanco
42) Shock kinestésico
43) Simetría
44) Transparencia
- Color cromático o acromático
simbólicos (cualquier predominio formal) asociados a la idea de la muerte,
sobre todo en contenidos vitales (Ejemplo: "Mariposa de la muerte, porque
es negra")
- Respuestas de dudas, o personas dudando, o de secretos y/o confabulaciones de
sectas
- M en D de tirarse, arrojarse, caerse (más en H)
- Respuestas de Pies como contenidos (solos o como parte de otra respuesta, pero
con especial énfasis en ellos)
En no pacientes agregar también Shock al color y Shock al gris
Ilustrando lo primero (fantasías
con respecto a la Muerte), Marisa daba en la L. I: "Mariposa negra y fea,
no me gusta mucho, parece la que hay en el museo... hay así disecadas... unas
negras que son horribles, parecen de cementerio, pero de noche". Celeste,
(que había decidido matarse y, a consecuencia de la devolución, aceptó una
indicación terapéutica con muy buena evolución, psicoterapia que ya finalizó
hace incluso algunos años) decía en su momento en la L. X: "...flores
venerándome el día de mañana...". Isabel, con varios intentos con
pastillas, daba en la L. V: "Una mariposa negra, exótica, el más bello
insecto de la creación, pero también me inspira mucha lástima, porque viven
un día nada más...", y en la L. VII: "Lo demás sigue pareciéndome
vegetación o nubes y vendría a decir que estoy entre el cielo y la tierra,
no?".
En referencia a la fantasía implicada en el suicidio en sí, María Teresa daba
en la L. VI: "La línea media me hace acordar al fondo de un abismo que, al
ir emergiendo, se va aclarando... Los dos extremos fuerzas que tiran hacia
arriba... fuerzas débiles; en los extremos laterales, fuerzas que tiran hacia
abajo, más fuertes... unas hacia lo superior, lo alto, sublime, bueno, y las
otras hacia lo inferior, brutal, grosero". O Diana, que dice en la L. X:
"Dos personas en búsqueda de camino, de sendero, y después ahí lo espera
una persona, como vendría a ser un Dios, no? Lo de arriba sería Dios, lo
blanco, y lo del medio: la luz y el sendero para llegar a Dios". O Celeste,
ya mencionada, que daba la siguiente respuesta a la L. II: "...parece una
caverna... que yo estuviera dentro del pozo y fuese hacia afuera...hay claridad,
hay una grieta, un pozo, mucha sangre en todas las paredes (?) parece que yo
estuviera dentro del pozo...claridad por lo blanco, la luz... como alma, choca y
se desprende acá".
Con respecto a los psicodinamismos subyacentes, María Marta decía ante la L.
II: "Es un murciélago; no, un vampiro. Acá hay maldad. Tiene una mirada
de saciedad aberrante". Mabel, ante la misma lámina, respondía: "...
cuando atacó a alguien, o le hizo mal a alguien, se despedazó él
mismo...". Enrique frente a la L. I decía: "Un helicóptero
atravesando nubes oscuras, negras... Entra en pánico al ocultarse el sol. Está
siendo bombardeado y pierde el control...". Isabel (de la cual ya dimos
ejemplos) decía en la L. VIII: "Un felino dando un salto... Por qué
acecha? Todo el mundo lo va a atacar y está a la defensiva, en una posición
elevada para poder dominar la cosa", y en la IV: "Vegetación... una
flor y a los costados unas ramas, como lúgubres, como esas películas de fantasías
de los chicos, donde las ramas los atrapan...".
En referencia al modo en que fantasea matarse Eugenio, ex-combatiente de
Malvinas al que le faltaban las piernas y que se pegó un tiro en la sien, decía
en la L. IV: "El cerebro de alguna víctima de la guerra, combatiente,
combatido, cualquier persona de una guerra. (?) Cerebro castrado, por las
oscuridades, le veo las profundidades que no les temo, que no entiendo y que me
invitan a matarme". Y Oscar, que se tiró del balcón, dio en la L. I:
"Una persona parada, con gran manto desplegado al viento..." y en la
L. VI: "...En este caso parece un pájaro al viento. Sin embargo es una
figura, porque está sujeto a lo que es el Universo. Se eleva a lo alto, pero
tiene los pies en la tierra... Es una figura elevada hacia lo divino, y también
en el Universo...".
Fuente: http://www.aap.org.ar/publicaciones/dinamica/Vol3/12/tema_2.htm
Ver también: El suicidio