María Rosa Díaz
Oh, melancolía, novia silenciosa,
íntima pareja del ayer.
Oh, melancolía, amante dichosa,
siempre me arrebata tu placer.
Oh, melancolía, señora del tiempo,
beso que retorna con el mar.
Oh, melancolía, rosa del aliento,
dime quien me puede amar... (i)
Los versos del poeta se balancean sobre
la melodía dulce y triste...
Desde hace mucho la melancolía está
asociada a sentimientos tristes, al atardecer, a lo que recordamos con algo de
dolor. Desde el romanticismo hasta aquí, la melancolía es la emoción de los
poetas, los escritores elegíacos, los artistas introspectivos, los pensadores
solitarios. Los colores de la melancolía son los grises y los tonos fríos, las
sombras y las penumbras. También para el poeta cubano la melancolía es la
amante que vuelve siempre, silenciosa, fría y ligada al ayer. Pero... ¿es sólo
eso la melancolía?
El poeta latino Virgilio se refería en sus
poemas a la Arcadia, un paraíso ideal, hogar del hombre primitivo, en donde su
melancolía está asociada a la tarde, el momento del día en el que el
sufrimiento humano y la perfección del ambiente parecieran ponerse de acuerdo
sin contradecirse. Esa Arcadia de Virgilio, lejana en el espacio y en el tiempo,
resurge en el Renacimiento transformada en un paraíso que se ha perdido para
siempre, y ese recuerdo de un lugar idílico perdido genera tristeza y melancolía.
Cuando en el siglo XVII el pintor Nicolás Poussin retome el tema de la Arcadia
en sus obras (en sus dos versiones de Los pastores de la Arcadia), la triste
melancolía virgiliana se habrá transformado poco a poco en una idea: la idea
de la muerte que convoca a meditar (ii) . Pero mientras Poussin transformaba a
la melancolía en una idea, ¿qué derrotero había llevado hasta la otra
Melancolía, la que hizo tan famoso a Alberto Durero?
El artista alemán que llevó el
Renacimiento al norte de Europa, realizó una versión inigualable del mismo
tema. A ella está dedicado un profundo y muy bello estudio de la obra que
realizó el teórico alemán Erwin Panofsky en su libro "Vida y arte de
Alberto Durero", y que merece esta humilde pero admirativa referencia.
Había nacido en Nuremberg en 1471 y era el
tercer hijo de un orfebre, lo cual facilitó su conocimiento de técnicas e
instrumentos que luego utilizaría durante toda su vida. De su padre aprendió
el oficio, pero también el amor por los maravillosos Jan van Eyck y Roger van
der Weyden, los grandes maestros de la pintura europea del norte. Tal como se
estilaba, una vez que realizó su aprendizaje fue enviado fuera de su ciudad
natal para completar sus estudios. Por lo tanto, no es de sorprender que la
historia lo presente como un viajero incansable en busca de experiencia,
trabajos y conocimientos. Ya a los veintidós años era un xilógrafo que
revelaba gran talento y varios editores le habían ofrecido trabajo, a
consecuencia de una imagen de San Jerónimo que había realizado para la portada
de unas Cartas del santo. Pero también había descubierto que el talento para
el arte, al que él consideraba "un don divino y una conquista
intelectual", exigía una instrucción humanística, conocimiento de
matemática y, en general, los frutos de una "cultura liberal" (iii).
En este camino, cultivó la amistad de un recio humanista, Willibald
Pirckheimer, que descendía de una de las familias más rancias y adineradas del
patriciado de Nuremberg. Este amigo fue quien impulsó y acompañó su
desarrollo intelectual iniciándolo en el conocimiento de los autores clásicos,
tanto griegos como latinos, así como de todas las novedades que se producían
en la filosofía y la arqueología contemporáneas. A su vez, Durero ilustraba
sus escritos e iluminaba sus libros, también realizaba retratos, ex libris y
diseños de emblemas.
De sus viajes, la cosecha más importante
de experiencias y conocimientos la realizó en Italia. Ya tempranamente, en
1494, partió en el primero de sus viajes a la península, dicen que a causa de
un brote de peste que había aparecido en Nuremberg. Pero lo cierto es que
Italia ofrecía para el artista más de un atractivo: su amigo Pirkheimer estaba
estudiando en Pavía, pero además ansiaba respirar la atmósfera del lugar en
donde había renacido la Antigüedad clásica. Nos cuenta Panofsky que entre
1495 y 1500 había realizado más de sesenta grabados a buril y xilografías que
le procuraron fama internacional. En 1505 vuelve a viajar a Italia, y esta vez
se le encargó un, para él, honroso trabajo: pintar un retablo para la iglesia
de la colonia alemana de Venecia, San Bartolomeo.
Mientras tanto, fue convirtiéndose en un
artista erudito que colaboraba con estudiosos y científicos y participaba en
todos los movimientos intelectuales de la época (Panofsky). Su talento de
dibujante y pintor así como sus condiciones de humanista fueron los que
atrajeron al emperador Maximiliano I, con quien mantuvo una extensa relación
hasta la muerte del emperador.
No todos coinciden en el carácter del arte
de Durero, al margen de que son unánimes los reconocimientos a su grandeza.
Pero los románticos alemanes se crearon una imagen de Durero como un artista
consagrado casi completamente a la interpretación de temas cristianos,
satisfecho con una vida tranquila, y considerándose sólo como un operario de
Dios.
Carl Gustav Carus (iv), uno de los más
importantes pintores románticos contemporáneo de Goethe, realizó una
interpretación del grabado llamado Melancolía I y creyó descubrir en
él las características de un Durero fáustico, buscando incansablemente la
perfección imposible y muy consciente de las limitaciones de la mente. Si bien
Erwin Panofsky no coincide con muchas de las afirmaciones de Carus, acepta lo
que para él es el rasgo más significativo de la personalidad de Durero, y que
se va a reflejar de manera contundente en el citado grabado. Para ello es
necesario adentrarse un poco más en las entrañas del pensamiento dureriano.
Decía Durero que el arte sin conocimiento
era "una mezcolanza fortuita de imitación irreflexiva, fantasía
irracional y práctica ciegamente aceptada". Haciendo referencia a su
herencia alemana, según él, los artistas alemanes contemporáneos carecían de
"buenos cimientos", y esa fue la falta que él trató de suplir. Por
otra parte, repetía hasta el cansancio que las normas teóricas de por sí no
alcanzaban para hacer justicia a la "infinita complejidad de la creación
de Dios", casi imposible de reproducir debido a la diversidad de los
dones y gustos de cada cual y a lo limitado de la razón humana.
De modo que, en Durero -según Panofsky- se
habría producido un conflicto espiritual, una tensión producto del choque
entre dos maneras contrapuestas de entender el arte: la que correspondía a su
tradición alemana, intuitiva, fantasiosa, poco inclinada a la teorización, y
la italiana, heredera de la antigüedad clásica, más intelectual y reflexiva,
absorbida durante sus viajes a la península. Ese conflicto se manifestará a lo
largo de su evolución artística generando períodos de creatividad
inconstante, oscilantes entre tensiones y descargas, donde cada período recibe
el impulso del anterior y a la vez explica, al menos en parte, el que le sigue.
Sus obras maestras: La Melencolía I
Uno de los momentos culminantes en la
evolución del arte de Alberto Durero se da entre los años 1513 y 1514, cuando
-entre muchas otras obras- realiza las que se consideran sus tres grabados
maestros: "El caballero, la Muerte y el Diablo", "San
Jerónimo en su estudio" y la "Melencolía I".
"Melencolía I", Alberto Durero, 1514. (Gabinete de estampas de Berlín).
En un estilo que parece anticipar el
barroco por la profusión de formas y el predominio de zonas sombrías, Durero
ubica su apesadumbrado personaje arrinconado contra una construcción y con un
paisaje abierto al fondo. Sumida en una actitud depresiva, la rodean una
multitud de elementos, figuras, formas, instrumentos, todos los cuales están
cargados de significados que el teórico Panofsky nos ayudará a interpretar.
Comenzando por la forma constructiva, sobre
ella se apoyan una balanza, un reloj de arena y una campana, debajo de la cual
se encuentra lo que se conoce como el "cuadrado mágico". Para sugerir
que el edificio está inacabado, una escalera asoma por el costado. En el suelo
se desparraman una serie de útiles y enseres que pertenecen en su mayor parte a
carpinteros y arquitectos: una rueda de molino, garlopa, sierra, regla, tenazas,
clavos, una plantilla, un martillo, un crisol pequeño, pinzas para recoger
brasas, un tintero con su caja de plumas, y algo oculto por las faldas de la
mujer, el cañón de un fuelle. Como símbolos o emblemas del principio científico
subyacente a las artes de la arquitectura y la carpintería, hay dos objetos
algo desconcertantes, que recuerdan los volúmenes surrealistas de Magritte: una
esfera de madera y un romboedro de piedra truncado. Tanto estos símbolos como
el reloj de arena, la balanza, el cuadrado mágico y el compás que sostiene la
Melancolía, testimonian que el artesano terrenal, al igual que el Arquitecto
del Universo, aplican en sus trabajos las reglas de la matemática, es decir, de
"medida, número y peso", en el lenguaje de Platón y del Libro de la
Sabiduría (Panofsky).
Consultando el Oxford Dictionary, éste
habla de "depresión mental, falta de alegría; tendencia al abatimiento
y a la cavilación; influencia deprimente de un lugar, etc."., en
relación con el término "melancolía". Por su parte, en el
Diccionario Etimológico de la Lengua Española (v) leemos que "melancolía"
es sinónimo de "tristeza", que se creía deberse a la presencia de un
exceso de bilis negra (mélas: en griego, significa "negro"; kholé:
bilis, hiel). Y éste tal vez sea el significado que más se aproxima a lo que
el teórico Panofsky nos quiere demostrar en su análisis.
La teoría de los "cuatro humores"
Si observamos el grabado, el título de la
obra, (Melencolia I), escrito en un cartel que sostiene extrañamente
entre sus alas un "chirriante" murciélago, está referido a la teoría
de los "cuatro humores" muy desarrollada hacia el final de la Antigüedad
clásica, y que ya Durero había empleado en su representación de la Caída del
Hombre. Esta teoría suponía que tanto el cuerpo como la mente humanos estaban
condicionados por cuatro fluidos básicos considerados coesenciales con los
cuatro elementos, los cuatro vientos, las cuatro estaciones, las cuatro horas
del día y las cuatro fases de la vida. La cólera, o bilis amarilla, asociada
al calor y la sequedad, correspondía al verano, el mediodía y la edad viril.
La flema, húmeda y fría como el agua, estaba relacionada con el invierno, la
noche y la ancianidad. La sangre, húmeda y caliente, asociada con el aire,
estaba ligada a la primavera, la mañana y la juventud. Por último, el humor
melancólico o bilis negra, era seco y frío como la tierra, y se relacionaba
con el otoño, el atardecer y una edad alrededor de los sesenta años.
En un hombre ideal, los cuatro humores
estarían equilibrados armónicamente. Pero, en la realidad, siempre alguno de
los cuatro humores predomina sobre los demás, y esto determina no sólo su
personalidad sino su complexión física, su propensión a sufrir determinadas
enfermedades y hasta sus cualidades morales e intelectuales.
Si alguno de los cuatro humores y su
correspondiente temperamento debía ser el predominante, era deseable que fuera
el sanguíneo ya que éste, asociado con el aire, la primavera, la mañana y la
juventud, era tenido como el más propicio. El hombre sanguíneo, de cuerpo
recio y tez rozagante, naturalmente alegre, sociable y generoso, inclinado a la
buena vida, era el más favorecido de los cuatro tipos posibles, según esta
teoría. Su contrario, el humor melancólico, era aborrecido, rechazado, y
considerado el peor de los temperamentos posibles. Se creía que la melancolía,
cuando se daba en exceso, podía llevar a la demencia. Aún cuando esta
enfermedad podía ser sufrida por cualquier temperamento, eran los melancólicos
los más propensos a padecerla.
Tradiciones iconográficas
Esta teoría de los cuatro humores tenía
una tradición iconográfica que se remontaba a la Edad Media. En esa época,
los modelos que se utilizaban para representarlos revelaban su característica
por su conducta y estaban relacionados con los vicios. Así, para el
temperamento sanguíneo se utilizaba el modelo de la Lujuria, el colérico era
representado como la Discordia, el flemático y el melancólico como la Pereza.
Pero la Melancolía de Durero no es precisamente una imagen de la pereza: no
aparece dormida, como solían representarse las Perezas medievales: sus ojos están
muy abiertos y su mirada atenta. Está inactiva, pero su inacción no es
holgazanería sino falta de sentido para la acción. Dice Panofsky: "Su
energía está paralizada no por el sueño sino por el pensamiento"
(vi).

Representación medieval de la Pereza
Otra tradición iconográfica que
subyace a la Melancolía de Durero es la que muestra a la figura del Arte
rodeada de instrumentos científicos y técnicos. Ya en un tratado enciclopédico
editado en 1504 y en 1508 aparece una xilografía titulada "Typus
Geometriae" que muestra casi todos los objetos que se ven en el trabajo
de Durero. La idea es que todas las artes técnicas serían aplicaciones de la
Geometría. Así, en el Typus Geometriae estarían comprendidas la
geometría pura (representada por el libro, el tintero y el compás), la medición
del espacio y del tiempo (ilustrados por el cuadrado mágico, el reloj de arena
con la campana y la balanza), la geometría aplicada (los instrumentos técnicos)
y la geometría descriptiva, particularmente la estereografía y la perspectiva
(representadas por el romboedro truncado). Por tanto, la obra de Durero, sería
una síntesis de la iconografía de la Melancolía que aparece acompañada de
todo lo que implica la palabra Geometría. Es decir, una "Melancolia
artificialis" o Melancolía de Artista.
Menciona también Panofsky otros
significados en relación con la obra, y de ellos haremos una breve síntesis en
el siguiente cuadro:
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ELEMENTO |
SIGNIFICADO
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Tres interrogantes:
Erwin Panofsky se pregunta, y al mismo
tiempo trata de explicar en su trabajo, sobre tres cuestiones que trataremos de
sintetizar:
I) ¿Por qué Durero remplazó una tragedia espiritual por lo que antes era
torpeza y carácter obtuso de un temperamento inferior, como sería el de la
pereza?
El concepto de melancolía había sido
invertido por Marcilio Ficino, el mentor del movimiento neoplatónico
florentino. Era un hombre delicado de salud, melancólico, y encontró que Aristóteles
se había referido a los melancólicos por naturaleza como "seres que
caminan por una especie de cresta estrecha entre dos abismos" y que debían
ser controlados por el peligro que esta situación entrañaba para ellos mismos.
Estos seres están por encima del nivel de los demás mortales. Decía también
Aristóteles que "Todos los hombres verdaderamente sobresalientes, ya
sea que se hayan distinguido en la filosofía, en la política, en la poesía o
en las artes, son melancólicos; e incluso algunos hasta el punto de sufrir
enfermedades producidas por la bilis negra". Los neoplatónicos
florentinos advirtieron que esta doctrina de Aristóteles daba una base científica
a la teoría platónica del "frenesí divino". Este "frenesí
divino" de que hablaban los neoplatónicos era la causa de aquellos
misteriosos éxtasis que "petrificaban el cuerpo y arrobaban el alma".
Entonces, la expresión furor melancholicus se transformó en sinónimo
de furor divinus. Lo que era una desventaja calamitosa pasó a ser un
privilegio, peligroso y exaltado: el privilegio del genio. Platón y Aristóteles,
desde la Antigüedad, se juntaban para auspiciar una nueva idea: la melancolía
quedó coronada por la aureola de lo sublime. Al poco tiempo, el postulado
aristotélico fue invertido con total facilidad: si todos los grandes hombres
eran melancólicos, se podría afirmar asimismo que todos los melancólicos eran
grandes hombres!! : "Malencolia significa ingegno" ("Melancolía
significa genialidad").
La exaltación humanista a que fue llevada
la melancolía fue paralela al ennoblecimiento del planeta Saturno, su directa
influencia. Y los neoplatónicos descubrieron que Plotino y sus discípulos
apreciaban tanto a Saturno como Aristóteles a la melancolía. Saturno era
considerado superior aún a Júpiter, ya que simbolizaba la "mente"
del universo, y representaba la contemplación profunda frente a la mera acción
práctica. Por lo tanto, aquellos cuyas mentes se inclinaban a contemplar e
investigar las cosas más altas y secretas, se sometían al dominio de este
planeta. Los más eminentes representantes de la Academia florentina (además de
Marcilio Ficino, Pico della Mirandola, Lorenzo el Magnífico) se llamaban a sí
mismos, medio en broma y medio en serio, con el nombre de "saturninos",
y se ufanaban de que el mismo Platón hubiese nacido bajo el signo de Saturno.
Aún cuando Saturno había sido
reivindicado, la superstición sobre su maléfica influencia seguía
prevaleciendo, y el mismo Ficino recomendaba el uso de talismanes para
contrarrestar la influencia negativa del planeta. Eso explicaría, por ejemplo,
la presencia del cuadrado mágico en el grabado de Durero, identificado con la
mensula jovis dividida en dieciséis casillas y que, grabada en una lámina de
estaño podía "convertir el mal en bien" y "disipar toda
angustia y temor".

Cuadrado mágico. Melencolia I. Alberto Durero.
II) ¿Cuál es el nexo entre Melancolía y Saturno por un lado, y entre Geometría y Artes Geométricas, por el otro?
Existe un primer nexo astrológico que
relaciona a Saturno con los trabajos en piedra y madera, por ser dios de la
tierra. Pero como dios de la agricultura, debe supervisar las medidas y
cantidades de las cosas y la partición de la tierra. Hay una tradición iconográfica
que representa a Saturno acompañado de sus atributos rústicos de trabajo
complementados con la presencia del compás. Es la imagen del Saturno Geómetra.
Pero hay un nexo de carácter más psicológico
entre la geometría y la melancolía: el filósofo escolástico Enrique de Gante
(vii), considerado por Pico della Mirandola como su alma gemela, argumenta que
existen dos clases de pensadores: las mentes filosóficas que pueden comprender
con facilidad las ideas puramente metafísicas y aquellos en los que la potencia
imaginativa predomina sobre la cognitiva. Estos pensadores sólo son capaces de
aprehender el espacio o lo que posee una ubicación y posición en él.
Estos pensadores pueden llegar a ser
excelentes matemáticos pero muy malos metafísicos, y esto los transforma en
hombres melancólicos. El saber que existe una esfera de pensamiento que nunca
van a poder alcanzar, les hace sufrir de un sentimiento de "confinamiento e
insuficiencia espiritual".
Esta es tal vez la idea que más refleja la
imagen de la Melancolía de Durero: alada pero contraída en sí misma,
tristemente coronada, sumida en las sombras, equipada de los instrumentos del
arte y de la ciencia, pero al mismo tiempo incapaz de utilizarlos, sumergida en
sus pesimistas reflexiones, conciente de las infranqueables barreras hacia un
espacio superior del pensamiento.
Y aquí estaría tal vez la respuesta al último
de los interrogantes que plantea Panofsky:
III) ¿Qué significado tiene el número I que está a continuación del título "Melencolia"?

Melencolia I (detalle: El murciélago). Alberto Durero.
El número I, más que una secuencia de
grabados relacionadas con la representación de los cuatro humores y de la cual
éste sería el primero, se podría explicar por la fuente literaria más
importante que tiene el grabado: el De Occulta Philosophia de Cornelius Agrippa
de Nettesheim (viii). Dice este autor que el hombre puede alcanzar sus mayores
triunfos espirituales e intelectuales por inspiración directa de lo alto, y
esta inspiración puede llegarle al hombre a través de sueños proféticos, de
la contemplación intensa o a través del furor melancholicus inducido por
Saturno. A diferencia de Marcilio Ficino -que consideraba que sólo la facultad
más elevada de la mente, esto es, la mente intuitiva puede recibir la
influencia de Saturno-, Agrippa creía que la inspiración saturniana podía
espolear también a las otras dos facultades de la mente: la razón discursiva y
la imaginación.
Agrippa distinguía, por tanto, tres clases
de genios: los que poseían una poderosa imaginación llegarían a ser artistas,
artesanos, arquitectos o pintores extraordinarios. Aquellos en los que
predominaba la razón discursiva, podrían descollar como científicos, médicos
o estadistas. Y quienes tuvieran como predominante una mente intuitiva podrían
conocer los secretos del reino de la divinidad y se destacarían sobre todo en
el campo de la teología.
Por lo tanto, se podría concluir que la
Melancolía de Durero, la "Melancolía de Artista", lleva claramente
el elemento "I" porque se encuentra en la esfera de la imaginación,
la esfera de las cantidades espaciales. Tipifica la forma primera, la menos
exaltada del ingenio humano. Personifica a los que no pueden llevar su
pensamiento más allá de los límites del espacio. Siente impotencia por lo que
no puede alcanzar, y renuncia a lo que está a su alcance porque le resulta
insuficiente.
Por todo esto, Panofsky llega a la conclusión
de que la Melencolia I es un reflejo de la personalidad de Durero. Él se
consideraba a sí mismo un melancólico. Había experimentado las
"inspiraciones desde lo alto", y también había conocido la sensación
de "impotencia". El hombre cuyo "autorretrato espiritual",
como lo llama Panofsky, había plasmado una de sus obras maestras (inspiración
y modelo para infinitas obras posteriores) llegó a manifestar:
"Mas qué sea la belleza absoluta, no lo sé. Nadie lo sabe sino Dios".
Y escribió algún tiempo después en su diario:
"En cuanto a la Geometría, puede demostrar la verdad de algunas
cosas; pero en lo que atañe a otras hay que contentarse con la opinión y el
juicio de los hombres.
De tal modo está alojada la mentira en nuestro entendimiento, y tan
firmemente está atrincherada la oscuridad en nuestro espíritu, que aún
nuestra búsqueda a tientas fracasa".
Notas:
Para profundizar en el conocimiento del
método de estudio iconográfico que realiza el teórico Erwin Panofsky (ix), se
recomiendan las siguientes lecturas:
"El significado en las artes visuales". Capítulo 1:
Iconografía e iconología: introducción al estudio del arte del
Renacimiento. Alianza Forma.
"Estudios sobre iconología". Capítulo 1: Introducción. Alianza Universidad.
(i) "¡Oh, melancolía!", Silvio Rodríguez.
(ii) "El significado en las artes visuales", Erwin Panofsky.
"Los pastores de la Arcadia", María
Rosa Díaz, revista Aula Abierta N° 96, 2000.
(iii) "Vida y arte de Alberto Durero", Erwin Panofsky. Editorial
Alianza Forma.
(iv) Carl Gustav Carus (Leipzig 1789 - Dresde 1869): pintor y dibujante
perteneciente al romanticismo alemán. Fue también médico, fisiólogo, psicólogo
y filósofo. Fue amigo del pintor Caspar Friedrich y del poeta y escritor Johann
Wolfgang von Goethe.
(v) Diccionario Etimológico de la Lengua Española, Guido Gómez de Silva, F.
de C. Económica.
(vi) Erwin Panofsky: op. cit.
(vii)Teólogo flamenco del siglo XIII. Enciclopedia Microsoft Encarta 2000.
(viii) Agrippa von Nettesheim, Heinrich Cornelius (Colonia, 1486 - Grenoble,
1535): filósofo, médico y alquimista alemán. Fue historiógrafo de Carlos I.
Unió elementos gnósticos, herméticos teosóficos y cabalísticos. Fue autor
de De occulta philosophia (1510) y de De incertitudine et vanitate scientiarum
(1527).Diccionario enciclopédico Agostini.
(ix) Erwin Panofsky: (Hannover, 1892 - Princeton, 1968) historiador del arte de
origen alemán. Después de haber enseñado en la Universidad de Hamburgo, en
1933 se estableció en Estados Unidos. Ha publicado importantes estudios sobre
Durero y los primitivos flamencos, en los que ha determinado su método crítico.
Este método comprende una ciencia comparativa de las imágenes, en la cual se
basa una historia de la imaginación plástica. Obras principales: Estudios de
Iconología (1939), Arquitectura gótica y escolástica (1951), El significado
en las artes visuales (1953), Los primitivos flamencos (1953) y Vida y arte de
Alberto Durero (1943)
Profesora de Artes Plásticas, dicta Historia del Arte, Lectura de la Imagen y Lenguaje de la Historieta. Ejerce como docente en colegios de la Ciudad de Buenos Aires, tales como el Colegio Mariano Acosta, Escuela de Danzas (central) y Colegio Schönthal. Además colabora con la Revista Aula Abierta, en la sección Educación Artística, desde octubre de 1999. Posee estudios universitarios en Historia del Arte en la UBA. Mail: floria@ciudad.com.ar
Fuente: http://contexto-educativo.com.ar/2000/11/nota-08.htm
Ver además: