Monografías en Psiquiatría - Bases biológicas del suicidio

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Artículos

Introducción

Tipo de Contenido: Introducción

Autores: E. Baca-García y C. Díaz-Sastre

Metodología

Tipo de Contenido: Artículo Original

Autores: E. Baca-García, C. Díaz-Sastre, A. Ceverino y J. Saiz

La propia conceptualización y delimitación de la conducta suicida da una idea de las dificultades a las que se enfrenta su estudio y comprensión. Etimológicamente la palabra suicidio proviene de las palabras latinas «sui» (sí mismo) y «caedere» (matar), y, por tanto, su significado literal es «acción de matarse a sí mismo». Este vocablo comienza a usarse en España en la crítica que Fray Fernando de Ceballos, en 1772, hace a Voltaire en su obra «La falsa filosofía y el ateísmo». Tiene que pasar mucho tiempo hasta que aparezca otro término clave: el de suicidiología, entendida como el estudio científico de esta conducta, que fue sugerido por Bonger en 1929 (1) . Y aunque, formulado de esta manera, parece un concepto simple, en realidad es muy polisémico y se refiere a muy diversas categorías de comportamiento (2-4) . Hasta el punto de que después de décadas de estudios sobre el suicidio no hay una nomenclatura unánimemente adoptada (5) . La constatación de la heterogeneidad de estas conductas y las diversas explicaciones aportadas desde distintas disciplinas han dado lugar a múltiples términos (tabla I). Desde la Psiquiatría hay un temprano interés por esta conducta, considerándola un problema de salud pública y campo de actuación de la Medicina, y así Buonafede afirma significativamente que el suicidio es «una enfermedad que tortura las sociedades». En el siglo XVIII se inicia la visión del suicidio como enfermedad mental. Pinel considera al suicidio como síntoma de melancolía. Esquirol lo atribuye a una enfermedad o delirio agudo, aunque precisa que también puede estar provocado por «las múltiples incidencias de la vida». Estas dos concepciones (el suicidio como enfermedad o como fruto de acontecimientos biográficos desgraciados) son recogidas por Pierre de Boismont (quien escribe en 1856: «el suicida es un desdichado o un loco») y llega incluso hasta nuestros días. A partir de este momento se suceden los trabajos. Jousset y Moreau Tours, a finales del siglo XIX, elaboran una clasificación del suicidio (6) , que distingue el suicidio maniático (fruto de alucinaciones o delirios), melancólico, obsesivo e impulsivo o automático. Achille-Delmas, en su obra «Psychopathologie du suicide» (1932) distingue el verdadero suicidio (al que considera no una enfermedad sino un síntoma de un trastorno mental) de los pseudosuicidios (que pueden explicarse de una manera racional).

Marcadores biológicos

Tipo de Contenido: Artículo Original

Autores: C. Díaz-Sastre, E. Baca-García, A. Ceverino, E. García-Resa y J. Saiz

La búsqueda de marcadores biológicos relacionados con la conducta autolítica que permitan detectar pacientes o población de riesgo ha sido el objetivo fundamental de la investigación en esta área, y ha sido desarrollada por múltiples investigadores (1-14) . En nuestros días las líneas de investigación biológica se centran en la vinculación de la conducta suicida con los trastornos por déficit de control de impulsos (15, 16) .

Genética y suicidio

Tipo de Contenido: Artículo Original

Autores: A. Ceverino, E. Baca-García, C. Díaz-Sastre, S. Zabala y J. Saiz

Los espectaculares avances en genética han permitido el análisis directo del ADN y el proyecto de secuenciación total del material genético humano (Proyecto Genoma), y han abierto posibilidades insospechadas (descubrimiento de genes cuyas mutaciones son responsables de enfermedades como la enfermedad de Huntington, o la de Alzheimer). Se ha aventurado incluso que, probablemente, algunos de los genes responsables de los trastornos psiquiátricos serán identificados al final de la primera década del siglo XXI (1) . La investigación en genética molecular ha sido recibida en Psiquiatría con grandes esperanzas, y ha dado lugar al surgimiento de una área de estudio multidisciplinar, la Psiquiatría Genética, que asienta sus bases en la genética humana, la psiquiatría, la biología molecular, la estadística y la epidemiología (2) .
Las expectativas iniciales que suscitaron estos estudios resultaron ser poco realistas, porque la detección de genes responsables de trastornos psiquiátricos se demostró más difícil de lo que se pensaba. Un ejemplo lo constituye el fracaso de los estudios genéticos del trastorno bipolar, atribuible a distintas causas (a la definición de fenotipos basada exclusivamente en criterios clínicos ante la ausencia de marcadores biológicos, a errores en estrategias de investigación —como la pretensión de que un solo gen pudiera explicar la enfermedad, cuando hoy se piensa que habría una multiplicidad de genes implicados, de efecto menor, muchos de ellos con una plasticidad de expresión con respecto al ambiente). Por otro lado, en la investigación de genes de efecto menor ha resultado insuficiente el poder estadístico de instrumentos como los estudios de ligamiento, los empleados hasta ahora.
Además, los alelos de genes que parecen conferir susceptibilidad para algún trastorno mental son en algunos casos muy frecuentes en la población general, y en algunas circunstancias quizá proporcionen más ventajas adaptativas que predisposición a la enfermedad (3) .

Un modelo para comprender el riesgo de la conducta suicida: factores neurobiológicos y psicológicos

Tipo de Contenido: Artículo Original

Autores: M. Oquendo y J. John Mann

El suicidio es una causa frecuente de muerte en el mundo (1) . Las razones por las que una persona decide quitarse la vida son múltiples. Los factores de riesgo que están asociados con la conducta suicida emergen de una variedad de orígenes. Algunos parecen estar relacionados con factores genéticos o hereditarios (2) . Sin embargo, el suicidio aparece en familias independientemente de otras condiciones psicopatológicas hereditarias como los trastornos afectivos, esquizofrenia o abuso de alcohol (3, 4) . Otros factores de riesgo están aparentemente ligados a factores ambientales como la disponibilidad de métodos letales o la ruptura de relaciones emocionales importantes. Hemos propuesto un modelo que categoriza el riesgo en dos dominios (5) . En este modelo, el suicidio es el resultado que requiere tanto un estresor como una diátesis. Por lo tanto, debe haber un factor precipitante o «gatillo» para que el suicidio ocurra, además la persona tiene una diátesis o vulnerabilidad para actuar en la dirección de los pensamientos suicidas. Los factores de riesgo para el suicidio pueden afectar a la diátesis o actuar como estresantes o precipitantes.

Tratamientos biológicos de la conducta suicida

Tipo de Contenido: Artículo Original

Autores: S. Ros Montalbán, J. Arranz Estévez y R. Rodríguez Castro

El estudio empírico del suicidio se inicia a principios de siglo desde el punto de vista sociológico (Durkheim) y psicológico (Freud), añadiéndose una dimensión biológica hace dos décadas fundamentalmente con las aportaciones de Asberg, Van Praag y otros. La investigación biológica plantea algunas cuestiones, ¿son las disfunciones cerebrales responsables directas de la aparición de la conducta suicida?, y/o ¿aumentan dichos trastornos la posibilidad de una conducta suicida en individuos sometidos a acontecimientos adversos, o que presentan determinadas patologías médicas o psiquiátricas? La década de los ochenta representa el punto culminante en la búsqueda de alteraciones neurofisiológicas subyacentes a la conducta suicida. Los parámetros biológicos en pacientes candidatos al suicidio podrían ser independientes del diagnóstico psiquiátrico cuando éste puede ser identificado. ¿Existe un perfil autodestructivo como entidad nosológica propia?, ¿puede considerarse el suicidio como un trastorno de la agresión o del control de impulsos? Nos alejamos en cualquier caso del suicidio como conducta asociada exclusivamente a la patología depresiva. La existencia de marcadores biológicos de la conducta suicida ha estimulado a buscar tratamientos farmacológicos específicos de la misma; sin embargo en el momento actual pocos estudios demuestran la respuesta del comportamiento suicida per se, frente a una intervención farmacológica, y en general, el abordaje biológico del suicidio se ha reducido al tratamiento de los trastornos psiquiátricos subyacentes a la conducta autolítica.

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Fuente: http://www.grupoaulamedica.com/web/archivos_rojo/revistas_actual.cfm?idRevista=50

 

  Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar