Luis Vicente Miguelez
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Hay algo en toda pérdida, se trate de un ser querido como de una ilusión, que es insustituible, que exige de un trabajo psíquico, que plantea algo diferente a la operación de sustitución.
Trabajo psíquico es una noción muy freudiana. En 1900 en: “La interpretación de los sueños”, introduce el concepto de trabajo del sueño, referido a lo que el sueño produce con el material inconsciente y con los restos diurnos. Freud va a tomar como herramienta para la comprensión de los síntomas neuróticos ese trabajo del sueño. Ahí el descubre lo que sería lo relativo a la condensación, desplazamiento, el simbolismo, el cuidado de la representatividad, la regresión tópica, etcétera. Nociones, como saben, fundamentales para entender la formación de síntomas. Todo el trabajo, en relación a la neurosis, parte de ahí. Con esas herramientas Freud tiene para trabajar histeria, neurosis obsesiva.En 1917, en “Duelo y melancolía”, habla del trabajo de duelo y empieza una segunda etapa caracterizada por la introducción de la cuestión de la pulsión de muerte y la de la nueva tópica: yo, super-yo y ello, lo cual va a permitirle abrir el panorama hacia un conjunto mayor de afecciones. Entre las que ubico la que denominé el mal de la época. Nociones que me parecen fundamentales para entender lo que decía del mal de la época.En el texto de “Duelo y melancolía” dice Freud que, durante el tiempo del duelo, o sea, durante el tiempo de lo que él llama: “trabajo del duelo”, el yo queda obligado a decidir si quiere compartir o no el destino del ser querido muerto o, en términos más abarcativos podemos decir el del objeto perdido.Esta es una pregunta fundamental que nos remite a aquella de Camus. En el trabajo del duelo, el yo queda obligado a decidir si quiere o no compartir el destino del objeto perdido. La cosa es que el duelo parte de esta pregunta, la que lleva a romper su lazo con el objeto desaparecido, dice Freud, todo el trabajo es la ruptura de ese lazo con el objeto desaparecido. Cuál lazo? La respuesta de Freud es clara en ese punto, el lazo narcisista.
Para que tenga lugar esta separación, es necesario un trabajo psíquico y en qué consiste ese trabajo psíquico? Y ahí voy a introducir yo la cuestión de cómo lo vengo pensando.
En hacer, yo lo llamo de esta manera de la pérdida, una inscripción, en esto consiste el trabajo de duelo. A esto se lo ha llamado, en relación a este trabajo, matar al muerto. A mí no me gusta demasiado esta fórmula y me gusta más pensarlo de esta manera, a ver qué les parece.
Tomo la idea de huella y de marca. En el trabajo este de hacer de la pérdida una inscripción, se trataría de borrar una huella y dejar una marca. A ver si me explico, la huella, en términos lingüísticos, es lo que se dice un índice, algo que necesita del pie, del objeto en sí, tiene una relación de dependencia con la cosa que la produce. La huella instala una relación de mucha contigüidad con el pie que la dejó, que dejó su huella. Mientras que la marca que uno hace, borrando la huella, inscribe, verdaderamente, la pérdida del objeto. No está en esa relación ya de necesariedad con el objeto y de contigüidad con el mismo, sino que inscribe la pérdida, la pérdida definitiva del objeto; pero permite la asunción de una significación propia, si uno borra la huella y deja una marca, ya no necesita comparar con el objeto pie para ver qué pie corresponde a esa huella. Uno hace una marca e inscribe la pérdida del pie y le da una significación a eso, que puede ser múltiple, pero que va a ser propia. En ese sentido, el acto de borrar la huella y dejar una marca vuelve irremediablemente perdido el objeto, pero también lo hace insustituible. Les voy a explicar porqué.
Decíamos que el trabajo del duelo opera sobre la pérdida de una ilusión.
¿Cuál sería esa ilusión que de alguna manera va a caer con el trabajo de duelo?
La de que algún pie calzara bien en la huella. Esta es la ilusión en juego, por eso en ese punto estaría la idea de sustitución, es decir, que algo que se perdió dejó una huella y que algo, otra cosa, venga a calzar bien, otro pie venga a calzar bien en esa huella y nos pasamos como el príncipe buscando el piecito que vaya bien en el zapato. Por eso, si se borra esa huella y se deja la marca, lo que se constituye es lo irremediable de la pérdida pero también lo insustituible de esta pérdida, de lo perdido.
Hay algo del objeto perdido, si se quiere también de cualquier ser querido muerto, que no es asimilable a lo semejante, al juego de sustituciones y desplazamientos. Este resto es lo extraño, en su acepción paradojal, de ajeno a una cosa de la que forma parte. Esta es una definición de extraño, ajeno a una cosa de la que forma parte, y a su vez es lo que el sujeto va a extrañar en el doble sentido, de echar afuera y echar de menos.
Una paciente que pierde su padre y entra en una situación de duelo, de trabajo de duelo en análisis; paciente que tuvo en su padre una figura muy importe, pero además con una importancia en relación a su vida cotidiana muy grande, no era solamente una figura admirada sino con quien también tenía un fuerte lazo cotidiano. Esta paciente después de su separación de pareja, intensifica más su relación con su padre. Pasa un tiempo, y el padre muere.
Brevemente, no apunto más que a un ejemplo de lo insustituible, lo no asimilable, la huella y todo esto que vengo diciendo.
Se produce en análisis todo un período de duelo, el dolor va cediendo y efectivamente encara nuevamente sus vida cotidiana. Conoce una persona de la cual se enamora y empieza a establecer nuevamente una relación de pareja importante. Una persona que es mayor que ella, con una postura que en algún punto, por lo que ella describe, podría asemejarse a esa solvencia que le transmitía el padre. Tiene un sueño, voy llegando al punto que quería comentar, en el que, como generalmente ocurre en los sueños sobre personas queridas muertas, ve a su padre en una reunión y ella sabe que está muerto aunque su padre no lo sepa . Bueno, ella está en una fiesta familiar y comparten la mesa y ella le presenta ahí a su amor, a su enamorado, bueno, el sueño termina ahí, hay algunas cosas más pero no importa contarlas. Durante el sueño los sentimientos son de asombro y alegría. Ella se despierta de ese sueño, se acongoja mucho, llora la pérdida del padre, le vuelve toda la tristeza y aparece un síntoma que es que ella se despierta para prepararle el desayuno al chico, etcétera y después se vuelve a dormir, se vuelve a dormir y se queda dormida para hacer otras cosas, entre otras para venir a análisis. Llama muy angustiada que se quedó dormida y que quiere una sesión, le doy una sesión ese mismo día, para más tarde y viene desconsolada con ese sueño y me cuenta lo doloroso que significó volver a traer esta cuestión de su padre muerto. Además trae el recuerdo de haber hablado con una amiga, que le decía sobre esto, que es algo que nunca se termina de clausurar, siempre hay escenas, situaciones donde aparece la ausencia y la pérdida.
Ella llora mucho en sesión, pero yo en algún momento le digo solamente esto: que en esa pérdida hay algo insustituible aún estando con Jorge, que es la persona con la que está saliendo. Esto la alivia, la alivia de su congoja, en el punto este de que el sueño, verdaderamente, viene a inscribir algo de la pérdida, pero a inscribir algo insustituible de la pérdida, que se produce cuando hay alguien que puede estar, o empieza a estar, ocupando ese lugar, ese lugar de cuidado, de protección que no tenía. No es porque lo sustituye, sino porque efectivamente, hay algo que queda libre, queda abierto para procesarse de otra manera. Lo que me parece que este sueño viene a traer, lo que viene a incluir es algo del orden de una especie de inscripción, de borramiento de la huella. Uno descubre que hasta ese momento no había lugar para otro, el padre estaba muerto pero, sin embargo, estaba, de alguna manera para decirlo en los términos que venimos trabajando, muy cercana la relación entre la huella y el pie, lo que ella empieza a borrar ahí es ese lugar de la huella, para inscribir una marca, alguna marca en dónde el padre va a quedar irremediablemente perdido, pero también, perdido en tanto objeto posible de amor, es decir, esta pérdida se va a inscribir verdaderamente, para abrir el lugar a otro pero no términos de sustitución.
Yo quería ir terminando, para desarrollar un diálogo sobre esto voy a comparar el trabajo de duelo con la creación, es decir, con lo que venimos trabajando últimamente.
Para Melanie Klein, la creación es, fundamentalmente, reparación. Reparar el objeto amado, destruido, restaurarlo simbólicamente, darle carácter simbolizante, es decir, asegurarse de su realidad psíquica. Reparando al sujeto se repara a sí mismo, es un resultado de la elaboración de la posición depresiva. Esto es, sintéticamente, la idea kleiniana, la idea de Klein más que la idea kleiniana, sobre la creación. Es decir que, en la literatura kleiniana, se asoció siempre creación con reparación de objeto destruido, dañado, perdido.
También, tiene que ver, no solamente con la posición depresiva, sino también con la posición esquizoparanoide. Hay un autor, Elliot Jacques, que decía una cosa que me parece interesante, que lo que impulsa al genio creador en la juventud, no es lo mismo que impulsa al genio creador en la edad adulta, mientras que en la edad adulta se trata, más que nada, de esta cuestión de la reparación del objeto, en relación al duelo y a la depresión, a la reelaboración de la posición depresiva, la creación en la primera juventud tiene que ver con la posición esquizoparanoide, es decir, que lo que impulsaría al genio creador, son fantasmas vinculados con el despedazamiento y la persecución.
En ese sentido es válido resaltar lo siguiente, que el proceso de creación oscila entre dos polos, entre la destrucción de sí y la destrucción del objeto, entre la persecución despedazadora y la depresión, entre el caos psíquico y la muerte.
Esto me parece interesante, me parece válido y bueno retomar lo de el pensamiento kleiniano, no tanto en términos de reparación, que podría caer en la misma dimensión de la sustitución del objeto, en cierta dimensión ilusoria del asunto, pero me parece que en estos dos polos: destrucción de sí y destrucción del objeto, la persecución despedazadora y la depresión, el caos psíquico y la muerte, hay algo con lo que el sujeto se las tiene que ver y tiene que producir algún trabajo. Ese trabajo, trabajo de duelo, es asimilable también, al trabajo de la creación, de la creación poética, de la creación artística, de la creación, de la creatividad, de la invención, de la ciencia.
Cuando hablamos en estos términos estaríamos en el ámbito de la pulsión de muerte, es decir, estaría la creación afectada por la acción de la pulsión de muerte tanto en relación al objeto como en relación al sujeto.
La intervención corrosiva de la pulsión de muerte uno la reconoce en el hecho de que se produce siempre, diría que siempre hay en torno a la creatividad, un momento en que el sujeto duda de su obra,- es mala, sin valor, puro delirio personal, no sirve para nada, como si intentara aniquilar la creación en el huevo. Ahora, cómo se sale de esto? Porque efectivamente se sale, unos salen, otros no. Si uno tiene la suerte de salir de esto, cómo sale de esta cuestión? Y me parece que es importante traer lo que veníamos hablando en relación a la noción de espacio y objeto transicional, para ver de qué manera se sale de este momento en que la creación, la producción de algo, de algo que viene ahí, en el lugar de este fantasma de destrucción y de aniquilación del objeto y de sí mismo se ve afectado por el super-yo que dice: -no sirve, es malo, no continúes, es puro delirio.
Recuerden que las condiciones para el espacio transicional eran:
Que la madre suficientemente buena, garantizara con su don la experiencia de la omnipotencia primaria, sin la cual la realidad externa se impondría como un “mentís”, a la capacidad creadora del sujeto. Lo digo así, lo comenté la vez pasada.Que lo creado no es ni propio ni ajeno, que no proviene ni de adentro ni de afuera, que el espacio transicional es un refugio ante el “Chè vuoi”, el qué quiere de mí, o sea que es libre de la demanda del otro yQue es necesario de algún otro, con minúscula ahora, para que se constituya el espacio de ilusión compartida, en el que las cosas valen a partir de la aceptación del “dale que”, si?. Estas son las condiciones para que el espacio transicional, lugar de la creación, se dé.Con esto digo, en resumen, que la creación necesita de los otros, con minúscula, para que pueda producirse el “dale que” , para que el “dale que” encuentre eco. Al “Dale que” lo voy a tomar como gesto creativo primario, como metáfora de toda creatividad, -“dale que la silla es un auto”,- “dale que...” del jugar infantil, como gesto primario de creación. Que el “dale que” encuentre eco, es decir, que haya un otro que lo sostenga, se logra mediante el interlocutor válido, el amigo fiel, el “público de uno”, como Freud llamó a su amigo Fliess. Cuando Freud dudaba de lo que estaba inventando, era un delirio, se encontraba con que el amigo fiel, con que Fliess, el público de uno podía darle lugar a: “dale que la neurosis es producto de la represión de los instintos sexuales”.De esta manera, el “dale que” no es destruido en su origen.Ahora para producir el “dale que”, ya no para alojarlo, sino para producirlo se debe producir una falta. Esta es la experiencia primaria de inadecuación del objeto al deseo y que es la primera condición del juego; esta falta de inadecuación, decíamos de inadecuación de la huella con el pie.En un juego una silla no sirve para jugar mientras solo sirva para sentarse, debe quedar vacía de sentido, abierta a nuevas significaciones. “Dale que la silla es un auto”, este proceso es un proceso de pérdida, el objeto no es idéntico a sí mismo, ni es lo que viene a adecuarse al deseo como el pie a la huella. Junto a esta pérdida debe estar asegurada la experiencia de la omnipotencia, es decir, el don que posibilita en el sujeto, el contra- don, se crea a partir de la falta en uno y la falta en el Otro. Recuerdan que el don es esa capacidad que la madre tiene de dar lo que no tiene, de dar el don, de dar la posibilidad de crear el pecho donde no está. Finalmente tiene que existir alguien que acepta el dale como válido, decíamos, o sea un espacio de satisfacción compartida, en la definición de final de análisis que daba Lacan, donde el objeto creado quede a resguardo de los ataques internos en relación a la acción destructiva del super-yo, es decir, del super-yo como representante de la pulsión de muerte.Ahora bien, para qué me serví de esta relación entre duelo y creación, porque me parece que estos procesos son similares a los que podemos encontrar a lo largo de un análisis. Esta va a ser mi manera, de retomar lo que denominamos pasajes. En estos pasajes se juega la pérdida de una ilusión, pérdida que se va a inscribir de manera diferente, que se puede inscribir de manera diferente a la queja nostálgica por lo que no le fue dado, por lo que no tuvo, queja por un amor narcisista que no fue, versión psicoanalítica del tango. Pasaje también de una posición de goce autoerótico a una posición sostenida por el deseo.
En estos pasajes en transferencia, el analista hará las veces de madre suficientemente buena, padre interdictor, interlocutor privilegiado y fraterno y, finalmente, de objeto transicional en desuso, sin olvidarse ni llorarse, no hay duelo por el analista.
Será madre suficientemente buena, en tanto se trate de elaborar, en transferencia, experiencias de omnipotencia fallida, padre interdictor, en tanto la madre suficientemente buena lo fue en exceso y testigo fraterno que permita alojar el “dale que” en un espacio de producción, de creación resguardado, pero finalmente igual que el objeto transicional, dejará de estar catetizado, pero habiendo dejado abierta la experiencia de la alteridad, o sea, de un otro, con minúsculas a quién recurrir
Fuente: Fragmento de una conferencia titulada: “PENSAR LO NUEVO: INVENCIÓN Y EXPERIENCIA ANALÍTICA”. Publicada en: http://www.reunionesdelabiblioteca.com/conferencia_del13desetiembremiguelez.htm