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Fascículo 6 |
“No hay afirmación
literal que pueda transmitir un lector el sufrimiento de estar en las garras de
una depresión grave. Sin conocer por experiencia directa la situación o
haberla aprendido por empatía a partir de la elocuencia de alguien que la
padezca, se requiere el aumento que aporta una expresión metafórica para
salvar la brecha de comprensión, para llevar al lector, al menos de modo
vicariante, al perturbado mundo subjetivo de alguien que padezca ese sufrimiento”
(Jackson)
En el Fascículo 1 nos detuvimos en el mito de la bilis negra. Este mito, recurre a múltiples metáforas que "condensan” aspectos objetivos y subjetivos de la realidad. Hay otra metáforas, centrales a lo largo de los siglos, que intentan acercarnos a la experiencia melancólica. Tres metáforas son las principales:
a) Negrura
b) Pesadez
c) Lentitud
El "espíritu de los tiempos" de cada época ha privilegiado una u otra de estas metáforas en la concepción de la melancolia.
La primera es la que desde Hipócrates hasta la actualidad se mantiene en la palabra:
“Melancolía" = “Bilis Negra"
La segunda y la tercera son las que se encuentran en la base del término que domina en la designación actual: "depresión". Falta de movimiento o de fuerza en la lentitud, peso que aplasta en la pesadez.
Vimos ya que una de las características de los temperamentos saturninos (y del propio Saturno) era la oscuridad. Sin pretender profundizar en este tema inmenso puede fácilmente imaginarse la cantidad de sentidos y emociones (miedos, confusiones, ventajas, etc) que lleva consigo la oscuridad. El color negro es en muchas culturas señal del luto. Forma parte del "mito" psicoanalítico que, recordemos, explica la melancolía como el resultado de la "sombra del objeto perdido” ennegreciendo al Yo. Esto se concretiza en las imágenes de temperamentos "saturninos" y "melancólicos" de piel oscura. La cara de la "Melancolía l" de Durero es oscura. Es de noche, iluminada por la luna.
Expresada en las
imágenes de “la mano sosteniendo la cabeza" de las imágenes de
saturninos o melancólicos; la "pesadumbre” melancólica quedó
relacionada con el mineral plomo - que es el mineral de Saturno
por su pesadez. Como dijimos es probable que esta metáfora sea, junto con la
lentitud, la que mas ha influido en el éxito que ha tenido el término "depresión",
al vincular la melancolía con los efectos de un peso en el cuerpo o la mente.
Naturalmente esto se dio en una época en la que las explicaciones mecánicas
del Universo, extendidas a la vida y la psique revolucionaron la humanidad. Samuel
Johnson, al iniciar a principios del siglo XVIII el uso actual del término
“depresión” no hacía sino seguir el espíritu que caracteriza el párrafo
con el que Newton , hacia mediados del siglo anterior cierra su
fundamental tratado “Principios Matemáticos”:
"Podríamos ahora añadir a sobre cierto espíritu sutilísimo que penetra y yace latente en todos los cuerpos grandes... y los miembros de los cuerpos animales se mueven a la orden de la voluntad, propagada por las vibraciones de este espíritu siguiendo los filamentos sólidos de los nervios desde los órganos externos hasta el cerebro y desde el cerebro hasta los músculos. Pero estas son cosas que no pueden ser explicadas en pocas palabras. Por otra parte tampoco disponemos de una cantidad suficiente de experimentos para determinar con precisión y demostrar mediante que leyes opera este espíritu eléctrico y elástico”.
También característica de Saturno y los melancólicos. Desde el ritmo enlentecido del pensamiento, la motricidad y el lenguaje, que conformaron la fenomenología de la depresión desde los griegos hasta las ideas teóricas forjadas en conceptos “hidrodinámicos” que postulaban que los fluídos nerviosos o sanguíneos se estancaban o circulaban con lentitud esta metáfora constituye la tercera gran "condensación" de la melancolía. En la historia encontramos la lentitud vinculada a Saturno ya que era de los planetas conocidos en aquella época el que más tardaba en completar su órbita.
La "Bilis Negra”, tal como vimos al comienzo, forma un compuesto entre la metáfora "negrura” con todas sus poderosas implicancias y los aportes del mundo médico hipocrático: los humores, la bilis amarga, el enigmático bazo. A su vez estos humores tenían su doble vertiente mental y corporal y podríamos agregar ahora, metafórica.
A la dificultad, o imposibilidad, de trasmitir la experiencia emocional, especialmente la depresiva grave, se agrega otra cuando se trata de comprender la depresión en otras culturas, otros idiomas, otros valores.
"Describir como se siente estar apenado o melancólico en una sociedad diferente lleva directamente al analisis de las diferentes formas de ser una persona en mundos radicalmente distintos”.
Tomemos una muestra de esta dificultad de entre la gran diversidad que fascina y desconcierta a los antropólogos.
Es obvio que una dificultad equivalente existe con respecto a la historia y nos hemos chocado con ella todo a lo largo de este recorrido.
¿Quién puede afirmar que lo que llamaba “Tristeza” un griego del Siglo IV AC era lo que se llamaba así en el Renacimiento florentino, en la literatura inglesa del siglo XVIII o en los poetas “románticos” franceses del siglo XIX?.
Al menos en la actualidad, al convivir con seres de otras culturas, se amplia la posibilidad de establecer semejanzas y diferencias. Sin duda que este enfoque sería ingenuo, de no tomar en cuenta los aspectos políticos y económicos subyacentes. Ya nos hemos ocupado de una de estas hipótesis político económicas, al referirnos a la “moda” de la melancolía en Inglaterra del Siglo XVIII, vinculada a situaciones de carencia laboral.
El problema no está circunscrito solamente a la dificultad de vivenciar estados de ánimo de otras personas; también en lo concerniente a la sintomatología existen problemas complejos. Por ejemplo: ya sea en grupos africanos o indios de América del Norte un síntoma de depresión es la creencia en la presencia de espíritus que exigen víctimas o reclaman adhesión. ¿Cómo incluir de modo coherente en un esquema sintomatológico científico la presencia de espíritus?
Algo análogo ocurre en relación con los sentimientos de culpa; ya hemos visto la coincidencia del aumento de la frecuencia de los sentimientos de culpa en relación con el cuadro melancólico durante el Siglo XVII y antes aún en relación con el peso de la reforma y la Contrareforma en la religiosidad Occidental. No es que estos sentimientos no existieran, ya que la tradición judeocristiana - muy anterior al Siglo XVII - también ubica la culpa en un lugar central. Lo importante es que oficialmente pasan a tener un lugar dominante en el cuadro clínico a partir del Siglo XVII en Europa. Por ejemplo en una nota de viaje en Indonesia en 1904 Kraepelin decía de los nativos: "la depresión, cuando aparece, suele ser leve y corta; jamás experimentan sentimientos de culpa". Viniendo nada menos que del creador del término "maníaco depresivo" es una prueba de, hasta que punto se ha considerado, desde el siglo XVII el sentimiento de culpa como nuclear en la depresión.
Antes de entrar en la problemática transcultural resultará interesante, a propósito de los sentimientos de culpa, un trabajo publicado por el valorado y querido psiquiatra argentino Guillermo Vidal.
Nos habla de Alonso
Cabrera Saravia, nacido en Loja, provincia de Granada en 1501 que formó
parte de la expedición de Don Pedro de Mendoza al Río de La Plata. Una de sus
actuaciones fue conducir a España, injustamente prisionero, al mismísimo
adelantado Alvar Nuñez Cabeza de Vaca "en estrecha camareta y con
grillos en los pies". Pero en el trayecto, frente a las costas de Brasil
estalla una gran tormenta y se siente repentinamente culpable de su proceder;
desesperado entra en pánico y con muestras de público arrepentimiento libera a
sus víctimas y les pide perdón por el amor de Dios. A continuación los
prisioneros se convierten en jefes y ya en España inician un larguísimo
proceso legal, el cual es una de las dos fuentes de datos que poseemos. Los
médicos insisten, en su defensa, que
“si caminase o entendiera ahora en algún negocio, perdería la vida o el juicio”
y recomiendan una vez mas que "Hay que quitarle toda congoxa y cuydado de dalle plazeres y regocijos porque combienen”
-En la información parece un tercer testimonio, de "Xristoval de Prado medico vezino de Madrid que dixo conocer al dicho Alonso Cabrera de vista e habla e conversazión" en el que jura que "El enfermo de melancolía no parece estar en su sano juicio, que tiene variación en sus palabras y apariencia y que se lo ve sobremanera imaginativo y triste por sus indisposiciones".
-El otro testimonio de Cabeza de Vaca dice sucintamente "Alonso Cabrera perdió el juicio y, estando sin él, mató a su mujer en Lora".
Se pregunta Vidal:
"Que se entendía en el siglo XVI por melancolía? ...
¿Es que es posible que antes del renacimiento pudiera existir la melancolía,
tal como la definimos en la actualidad clínicamente? El tema es arduo y
merecedor en todo caso de un análisis detenido. Puestos en una cosmovisión
evolutiva existencial y dando por supuesto que la depresión o melancolía
entraña una concíencia de fracaso personal, es licito pensar que la
melancolía, tal como ahora se patentiza en nuestra clínica psiquiátrica
debió aparecer hacia el Renacimiento y no antes. Los héroes del epos
homérico, por ejemplo, no podían deprimirse por la sencilla razón de que no
eran responsables de sus actos. Tampoco hay que tomar en serio la melancolía de
Aristóteles, Demócrito u otros sabios de la antigüedad; su mentada melancolia
era mas literaria o filosófica que psicopatológica; constituía mas bien un
toque de distinción. La melancolía surgió, probablemente cuando el proceso de
individuación del homo sapiens alcanzó un g
rado
tal de madurez que el sentimiento de identidad y culpa desembocó en las
amarguras de la mala conciencia. Y esto no sucedió, grosso modo, hasta el siglo
XVI - siglo tocado por el humanismo y la secularización de la sociedad - época
en la que el europeo da un paso más en el descubrimiento de su propio cuerpo y
se lanza con arrojo a la aventura de una vida ya más privada e íntima”.
Por lo que dijéramos antes, no podemos estar del todo de acuerdo con Vidal en estas conclusiones, aunque contienen una importante referencia al papel de la culpa en la melancolía.
Partamos entonces, ya en el presente, hacia tres culturas distintas, actuales, con marcadas diferencias entre ambas en la modalidad de presentación del fenómeno depresivo:
China, Irán, Francia.
La depresión en estas culturas ha sido estudiada desde distintos enfoques: las dos primeras por norteamericanos; la tercera por un francés. Tres mundos culturales.
¿Tres depresiones o una?
"Los antropólogos a menudo escriben sobre la depresión como si esta estuviera constituida por la cultura... la evidencia clínica muestra que la enfermedad depresiva puede reconocerse en diferentes culturas y ha aumentado la evidencia psicofisiológica y genética de que está conformada por la biología".
Estas palabras provienen de un grupo compuesto por antropólogos, sociólogos y psiquiatras que han trabajado en Irán y en los EEUU con inmigrantes iraníes. Viniendo de ellos, dedicados a la observación de la cultura, marca con claridad la tendencia actual a romper compartimentos estancos y posiciones dogmáticas frente al hecho humano que es la depresión.
Un exiliado iraní refiere que padece de “nârâhati” y diferencia claramente este estado de la tendencia cultural iraní al duelo y sufrimiento. Pero ¿que es el “nârâhati”?. Se acerca a lo que llamaríamos “malestar” La expresión de dolor está valorada en Irán y tiene una larga tradición histórica basada, entre otros hechos trágicos, en numerosos martirios religiosos. Se combinan aquí el sentimiento nacional estrechamente con el religioso. La literatura, el cine y el teatro abundan en situaciones dolorosas y sufrientes.
Uno de los filmes mas populares en Irán en los años 701 "La vaca" refiere la historia de un granjero que quería mucho a su vaca y la adornaba y acariciaba. En una oportunidad en que se ausenta de su casa los amigos descubren que la vaca había muerto. Esconden el cuerpo y discuten largamente sobre la manera de comunicar la devastadora noticia a su dueño. Cuando vuelve los vecinos niegan la muerte de la vaca diciéndole que se ha ido de viaje e intentan aliviar el shock de la noticia. El hombre duda cada vez mas de las negaciones de sus vecinos, comienza a aislarse en un estado de dolor silencioso y en escenas de hilaridad trágica se vuelve loco de dolor y termina instalándose en el establo. convirtiéndose en la vaca que había perdido. El film es un notable comentario sobre la línea que separa el dolor apropiado a la circunstancia y el duelo patológico que lleva a la depresión y a la locura. Es también arte, en un estilo irónico, que elige el "pathos" y el estilo cómico para aumentar el auto reconocimiento y criticar la modalidad irania de actuar ante las noticias de muerte y ante el duelo.
Veinte años después otra película iraní, "El sabor de la cereza", nos pone ante la misma realidad del duelo, la muerte y en este caso el suicidio pero con un enfoqué que ya no apunta a la negación sino a una afirmación de la verdad. ¿Se trata de un cambio ante las situaciones de pérdida y depresión modificado en su expresión por las modificaciones políticas y culturales producidas en estos años? La pregunta queda planteada.
Resultó de interés el estudio realizado entre inmigrantes iraníes en los EEUU; de los ocho conjuntos de síntomas relacionados entre si hubo dos que resultaron específicos del modo de depresión iraní, y que además fueron coincidentes con las observaciones hechas en el propio territorio iranio.
El primero de ellos coincidía con el término “nârâhati” (“malestar") y especialmente con una de sus formas, el "nârâhati-e sâb" es decir "tensión nerviosa" Se destacaban: rumiación, irritabilidad, debilidad, enojo, y varias quejas somáticas. Si bien incluía muchos ítems vinculados a la “ansiedad somática" también aparecían síntomas relacionados con la "ansiedad fóbica" y con "tensión somática" Una queja, era la "falta de sangre" que parece vinculada a sentimientos de pérdida de fuerzas.
El segundo conjunto, también aparentemente típico de los iraníes es la llamada "sensibilidad disfórica". Comprende síntomas de disforia, tristeza, soledad, desvalorización, desesperanza sobre el futuro asociados al afecto depresivo. Pero también síntomas "paranoides” como la desconfianza y muy especialmente los celos del cónyuge, síntoma bastante común en los pacientes depresivos de Irán.

Uno de los pacientes intenta describir así la "sensibilidad» ("Hassâsiyat" en lengua farsi):
“Ellos creen que yo estoy muy enojado; no sé si estoy "sensible" o enojado. (se le pregunta por la diferencia). Enojo es como estar enfermo, sensible es lo que se es, como se nació.”
Esta, para nosotros, extraña respuesta se aclara cuando en repetidas conversaciones los deprimidos iraníes vinculan la “sensibilidad" con experiencias dolorosas de la infancia que generan un destino. Esto, que ocurre así al menos en ciertos pacientes, parece darles un especial valor social y forma parte de una imagen idealizada de si mismos.
Resulta fascinante advertir cierta proximidad entre este último aspecto de estas experiencias
“Experiencias infantiles dolorosas y depresión posterior que parece darles un especial valor social y forma parte de una imagen idealizada de si mismos”
y lo que hemos seguido hasta aquí como línea "aristotélica - Ficino - poética" de la melancolía Occidental; el sufrimiento melancólico va unido en ambos casos a un destino y una capacidad que, en ocasiones, llega al genio.
El termino " somatización" pertenece a un enfoque "cartesiano" es decir, para expresarlo de un modo algo esquemático, un punto de vista que diferencia cuerpo por un lado y mente por el otro. Se opone a otro enfoque que considere al ser humano como una unidad biológica psicológica y social. Se ha popularizado en extremo y, prescindiendo del enfoque, revela una realidad muy importante que podría resumirse en ¿por qué algunas personas expresan o experimentan su depresión de manera predominantemente corporal? o bien - tal como lo tomaremos aquí - ¿por qué en ciertas culturas las personas tienden a expresar o experimentar su depresión de maneras en las que predomina el sufrimiento corporal?.
En lo que respecta a la expresión de la depresión ya vimos un problema en la “falta de sangre" iraní. Se trata de una metáfora corporal? ¿Creen realmente en que les falta sangre como modo de vivir su depresión?; La pregunta queda abierta.
La cuestión se complica aún mas si tenemos en cuenta que, en lugares como en China, se expresa la depresión en términos corporales y se busca la ayuda del médico clínico. Aunque el sufrimiento se experimente - en ciertos casos- en el plano emocional, por motivos culturales no se ve bien mencionar "debilidades".
Kleinman y col. vienen estudiando detalladamente desde hace veinte años el problema.
En la república popular china entes de la década del 80 el diagnóstico de "depresión" era muy poco frecuente. En la actualidad (1999) ha aumentado algo aunque sus cifras representan entre un tercio y un quinto de las usuales en Occidente. Por el contrario el diagnóstico de "Neurastenia" , que casi ha desaparecido de la nomenclatura psiquiátrica actual, es el primer o segundo diagnóstico en frecuencia.
Si bien la labor de Kleinman llevó a que un número importante de estos "neurasténicos" fueran reconocidos como depresivos la respuesta a los tratamientos mostró fenómenos interesantes. Mejoraban algunos síntomas pero persistian los conflictos y el malestar.
Desde los años 70 se encontró que en todos los paises no occidentales la somatización era una característica de las depresiones. Estos estudios, sin embargo, perdieron de vista el hecho de que también en Occidente la somatización, es una forma corriente de expresar la depresión.
El problema desde el punto de vista transcultural - esta es la idea de los autores - no es la sormatización en China sino la psicologización en Occidente.
En 1980 de 100 pacientes diagnosticados como "neurasténicos” en el hospital de Hunan (China popular) los investigadores norteamericanos diagnosticaron, al 93% como ''depresivos” y al 87% de Trastorno depresivo mayor” siguiendo los lineamientos diagnósticos del DSM - III.
De los 100 pacientes 90 sufrían de dolor de cabeza, 78 padecían insomnio, 73 tenían mareos 48 relataban diversos dolores. Esto constituye el núcleo del diagnóstico que en 1880 hizo Beard en los Estados
Unidos llamándolo "neurastenia" o "nerviosidad americana". La neurastenia fue la "enfermedad de moda” en aquella época compitiendo por el titulo principal con la también de moda "Histeria".
Sin embargo en el caso chino había una diferencia con la
neurastenia de Beard: el dolor era el sintoma principal especialmente de
cabeza pero también de otras partes del cuerpo.
¿Quiere decir esto que estos pacientes podían ser diagnosticados como "depresivos"? El problema es
complejo. Los dolores de cabeza, mareos e insomnio forman parte de un síndrome que los chinos desde la
dinastía Han (ano 200 D.C.) relacionan con la enfermedad mental. En la actualidad, asimilan la neurofisiología actual y la vinculan a la "astenia", "debilidad" producida por falta de energía de tipo nervioso.
En sus términos es falta de "Qi" o disbalance Ying /Yang. Todos los pacientes de esta serie presentaban tristeza, depresión (afecto depresivo) e irritabilidad aunque no mencionaban estos afectos. Pudo también descubrirse que los pacientes hablaban de estos síntomas afectivos en familia pero no se los comunicaban al médico.
Por ejemplo "Huo Qi Da", que corresponde a una sensación de ardor en el abdomen superior, pecho y boca, es entendido en la medicina como "aumento de energía caliente que denota dispepsia", aunque, entre amigos y personas de la familia signifique “enojo e irritabilidad”.
Kleinman, sintetiza el problema del afecto depresivo en relación con la estructura social; distingue "sociedades egocéntricas" como la occidental de "sociedades sociocéntricas" Dice:
“En sociedades egocéntricas como las nuestras quizás el afecto depresivo no sea tan amenazador como lo es en sociedades sociocéntricas como la sociedad china. Quizás la expresión de la alienación, personal y la desesperación existencial sea intrínseca a la comunidad egocéntrica ... Pero en la China sociocéntrica puede ser mas amenazadora para las normas culturales y menos útil para el control social... En cambio el afecto somatizado -la emoción como dolor corporal, no psíquico - puede ser el estado límite aceptado. El afecto depresivo no está sancionado (aceptado) social ni culturalmente y por consiguiente se lo suprime. La somatización esta sancionada y expresada y comporta aceptación cultural y eficacia social. El afecto depresivo es inaceptable en China porque significa enfermedad mental estigmatizada, ruptura de la armonía social - en términos modernos alienación política”
Ehrenberg en su reciente libro sobre “La fatiga de ser si mismo " enfoca el problema de la depresión en Francia de un modo diferente y en otros sentidos similar. Utiliza los términos "subjetividad” y sujeto, ajenos a la terminología norteamericana u oriental, para describir los cambios producidos en los últimos 50 años en la depresión entre los franceses. Así usado, “subjetividad " no quiere decir "aquello que se opone a lo objetivo, lo comprobable o compartido". Se refiere en cambio a lo que nos hace "sujetos" de una realidad que nos atraviesa o trasciende; en este caso la cultura de la época. Y para Ehrenberg (y muchos otros) esta época se caracteriza por el abandono de la religiosidad, la autoridad y la culpabilidad sexual lo que hace al individuo menos dependiente de una "moral" que lo trasciende y por consiguiente se encuentra menos en conflicto consigo mismo. Sin embargo, siguiendo a Ehrenberg, esto ha producido efectos:
“Con el evangelio del despliegue personal en una mano y el culto de la "performance" en la otra el conflicto no desaparece pero pierde su evidencia, ya no es una guía segura”.
Esto lleva a esta lucha por mantener los logros personales lo que se convierte en una empresa desesperada. Para el autor quedan dos caminos alternativos a lo que antes era el conflicto y la culpa: por un lado el agotamiento es decir la depresión; por otro la adicción a drogas o a estímulos equivalentes que intentan combatir este agotamiento y proveer una fuente de energia.
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Los extremos se tocan. La serpiente que se muerde la cola, aparece en muchas efigies de Saturno ¿el tiempo circular? ¿la repetición de Schopenhauer o de Freud? ¿El eterno retorno? ¿O una base biológica - simbólica común al ser humano?
¿Qué puede ser para nosotros mas lejano, fuera de moda, antiguo, que la acedia, pecado de monjes del siglo V en adelante, algunos subidos arriba de columnas, otros solitarios en el desierto, otras en comunidades como las monjas de Santa Teresa, que describiéramos en el Fascículo 4?
Qué más diferente a nosotros que el chino "neurasténico", “dolorido”, oprimido por una cultura que impide la manifestación emocional y una fuerza política que redobla la vergüenza y la amenaza producida por estas "debilidades” de estar sin deseos, sin futuro, sin impulso, todas ellas carencias equivalentes a pecados para la acción revolucionaria?.
Al menos esto es lo que nos dicen los investigadores norteamericanos. También nos resulta diferente el iraní con su historia tan vigente de martirios y sufrimientos y su severa religión.
En cambio sentimos mas cercano al francés “cansado”, “fatigado” de la imposición de elegir lo que quiere ser, que se le ha transformado, casi mágicamente, en un "deber ser" impuesto por la cultura. El culto de la performance "ya sea sexual, del placer o laboral". Lo que importa es que es un culto, con sus iglesias, laicas o no, y sus “pecados", condenas y especialmente "excomuniones" tan actuales ante el fracaso de la performance de turno".
“Acedia” (Occidente Siglo IV), “Neurastenia” (China Siglo XX), “Nârâhati “(Irán Siglo XX), “Fatiga de Ser” (Occidente Siglo XX), tienen mas en común que lo que quisieran creer los que apuestan ingenuamente a un progreso indefinido e ilimitado del hombre. Incluso suscitan reflexiones acerca del sentido de la clasificación de la melancolía en tres grandes tipos que, desde Galeno hasta el Renacimiento fue utilizada por el saber médico. Recordemos: la bilis negra podía localizarse en el cerebro, en toda la sangre o en el aparato digestivo; en este último caso se producía el tipo melancólico hipocondriaco en el que los malestares físicos dominaban el cuadro.
Aun cuando hoy no clasificaríamos como “hipocondríacos” a los perezosos y decaídos acediosos ni a los doloridos, insomnes y agotados "neurasténicos" chinos ni tampoco a los "franceses fatigados de ser" en su lucha por la “performance" lo esencial de la clasificación galénica está presente; se trata de
Fatiga Francesa
Dolor de cabeza chino
Pereza monacal del Siglo V.
Veamos lo que nos dice un especialista en el tema:
“Al formar parte del esquema de los "Pecados Capitales” la acedia sirvió para manejar conductas que perturbaban a los miembros de ciertos grupos sociales cuando las personas, al comportarse de esta manera, desechaban la adhesión a los valores del grupo o su contribución a los fines del mismo. Podemos usar la historia de la acedia como ejemplo en el estudio de las preguntas recurrentes y complejas acerca de que instituciones sociales, que sístema de creencias, que valores gobiernan la manera de considerar diversos estados mentales alterados o conductas problemáticas y las maneras de actuar sobre ellos” (Jackson).
¿Pero esto implica que no hay nada radicalmente nuevo?
La respuesta de Ehrenberg en "la fatiga de ser uno mismo”, es que se ha producido un cambio en la subjetividad es decir en aquello en que la cultura marca al individuo; el sujeto mas libre que nunca de imposiciones religiosas, sexuales, morales se encuentra ahora ante una pesada exigencia "el culto a la performance de ser si mismo".
Aquí la culpa - vinculada a la religión - o el conflicto - vinculado a la existencia del inconsciente y la subjetividad -dejan su lugar (de acuerdo a Ehrenberg esto es lo que predomina en Francia en la actualidad) a un “déficit de ser" que se traduce de dos maneras: o bien la depresión vacia, sin culpa, sin conflicto, que deja solamente la pesadez y el fracaso ante la exigencia imposible del "culto a la performance" - ya se trate de logros sexuales, deportivos, económicos, laborales o cualquier otro - o bien la salida hacia la impulsividad, el acto como tentativa energizante que mejore la performance, la droga ilegal o aceptada (alcohol; etc) que siempre crean la ilusión de "asi lo decido yo" y permiten formar parte de una identidad reconocida por la sociedad aun negativamente.
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Es Francoise Héritier, la talentosa antropóloga francesa, quien nos cuenta
“Durante trece meses se mataron cuatrocientas mil cabezas de ganado, se quemaron las tierras y las cosechas de años anteriores, no se cultivaron los campos, los obreros deiaron de trabajar en las rutas (por miedo a los ruidos) como consecuencia de una profecía trasmitida por una chica, a quien se le habían aparecido dos antepasados con un mensaje según el cual había que dejar lugar al nacimiento de otra humanidad que se acompañaría de la aparición de nuevo ganado y vegetales los que no deberían contaminarse con las razas anteriores. La vuelta de los antepasados es la vuelta al mundo idílico del pasado. Las fuentes administrativas y los misioneros dejaron testimonio de por lo menos cuarenta mil víctimas humanas muertas de hambre y agotamiento.
En los años previos había ocurrido una serie de hechos que minaron la moral de su pueblo: una epidemia de pleuroneumonía bovina que los obligó a matar el ganado para impedir la propagación fulminante de la enfermedad, calamidad que aportó sin duda el modelo redentor del sacrificio de ganado, para los humanos fue la viruela, para las plantas hubo dos años de sequía continua acompañada, como en la Biblia, de enfermedades.
Finalmente, y esto fue lo peor, durante cinco o seis años de batallas de fronteras con los ingleses, los Xhosas fueron siempre perdedores y, vencidos definitivamente, fueron expulsados por los colonizadores ingleses de sus tierras y confinados en una zona árida que no convenía a su modo de vida pastoral y, aunque no nómada, necesitada de desplazamientos periódicos. En cierto modo, este pueblo vivió en pocos años "Un Chernobyl Moral”.
Se acusaron ellos mismos de esta serie dolorosa de fracasos, la atribuyeron a su maldad que contaminaba todo lo que tocaran, aun la tierra. Esta maldad englobaba también la serie de malos comportamientos sexuales, el incesto, el adulterio y también las infracciones a la moral corriente. La mala sexualidad humana trae consigo saturación del espacio, sequía e infertilidad tal como en los griegos traía el "loimos", la peste. Llegaron a esta conclusión luego de haber buscado la causa en agresores, hechiceros, y otros chivos emisarios cuya muerte no cambió la situación.
Había entonces que volver a hacer el mundo recto y justo mediante la llegada de una humanidad nueva, la perfecta humanidad del pasado que retornaba.
Creían desde siempre en un mundo subterráneo, una caverna inmensa situada bajo un pantano adonde se movía el ganado divino esperando salir a la luz luego del proceso de creación continua que hacía el Dios Uhlanga. Durante esos años conflictivos ocurrieron trances colectivos: buscaban el lugar de salida de los animales, oían mugir las bestias, escuchaban su sordo movimiento subterráneo, el canto de los servidores que los arriaban.
Se había fijado un día para esa renovación global: el 16 de Agosto de 1856. Como nada ocurriera concluyeron que se habían equivocado. Hasta el momento habían tratado de vender el ganado para librarse de él. Se decretó que había que matarlo.
Durante la gran masacre los hombres dejaron de comer carne aunque tenían una plétora de ella. Buscaban facilitar la resurrección de sus padres en su estado de juventud floreciente.
J. Campbell en
"viajes por Sudafrica" cuenta de qué manera fue acogido un
misionero en 1816 al hablarles de la resurrección: Causó por su discurso una
alegría extraordinaria entre los Cafres. Le dijeron cuánto deseaban volver a
ver a sus antepasados y otros muertos. Le preguntaron si les ocurriría y si
sería pronto pero como el misionero no pudo darles respuesta sobre este punto
quedaron muy decepcionados "Así fue que los ingleses, esos otros, enemigos
irreductibles, a los que no podían expulsar, autores de sus desgracias,
favorecieron por su rechazo y su hostilidad el gran proyecto de resurrección.
Pero había algo peor.
Antes acostumbraban abandonar los lugares adonde quedaban enterrados sus muertos. Con la ley colonial: la expulsión, trasladaban a estos muertos a los alrededores. No había mas separación espacial entre el mundo de los vivos y el de los muertos. No solamente los vivos habían perdido sus territorios sino que debían sobrevivir en un espacio exiguo con sus muertos. Esta era la clave de la contradicción. La regla colonial impedía la buena separación de vivos y muértos. Todo resulta entonces mas claro. La presión colonial, la doctrina cristiana de la resurrección y las creencias tradicionales se asociaron para permitir la gran masacre. Faltaba la conjunción de grandes trastornos morales y físicos para que, saliendo de la creencia corriente y poniendo en acción sus representaciones todo un pueblo haya así querido el sacrificio violento de sus medios de existencia y de su existencia propia, transformar su destino favoreciendo una nueva creación, revertiendo el curso del tiempo, reencontrando la eterna juventud, la inmortalidad y la felicidad de ser finalmente ellos mismos"
A todo aquel que se haya acercado a escuchar a un melancólico, esta vez en su sentido actual de depresión mayor, aunque también, con sordina en toda depresión, podrá reconocer en este dramático relato los grandes temas melancólicos en especial, trastocada en esperanza luminosa del radiante futuro de la resurrección,
Esa "negrura" u obscuridad en la que "el objeto perdido (muerto) se confunde con el propio yo” y surge ese "amargo y negro odio'' (bilis negra) - que irnpide el comer, el moverse y el querer vivir con placer - en forma de culpa, fatiga o dolor corporal.
Un repaso de los temas visitados en esta serie que hoy concluye podrá mostrar estos y otros grandes temas de la melancolía.
¿Sería otra vez volver a la “serpiente que se muerde la cola" retomar a los griegos, al comienzo de la serie y recordar, con Sófocles, a Ajax el héroe que, enloquecido por Minerva, mató todo el ganado confundiéndolo con el ejército enemigo y luego se suicidó?
Mas de veinte siglos después podemos pensar de otra manera aunque no por eso dejar de lado la poderosa intuición mítica presente tanto en los griegos del Siglo V A.C. como en los Xhosa del siglo XIX. Podremos retornar a nuestra pregunta en relación con las distintas culturas y épocas.
Citamos, al introducir lo transcultural:
"Los antropólogos a menudo escriben sobre la depresión como si esta estuviera "constituida por la cultura” ... la evidencia clínica muestra que la enfermedad depresiva puede reconocerse en diferentes culturas y ha aumentado la evidencia psicofisiológica y genética de que está conformada por la biología.”
Estas palabras provienen de antropólogos y son su contribución a un diálogo entre distintas disciplinas. Desde una perspectiva evolucionista darwiniana pueden ser compatibles el mundo biológico, el cultural y el psicológico. La cultura no constituye la depresión pero tampoco la psicologia o la biología.
Ningún siglo tuvo la posibilidad de información y de
intercambio de la misma que tiene el que comenzamos. Pero la información no
basta. La atormentada imagen de “Melencolia I de
Durero” lo muestra. Necesitamos mas que nunca, por la complejidad que
enfrentamos, desarrollar el reconocimiento del Otro, de esa alteridad que es la
única que permite el surgimiento de lo nuevo. El Otro que es la Biología
nuestro cuerpo, el soma para los griegos, el Otro que son los otros seres
humanos que nos rodean, el Otro que hay en
nosotros y sin que lo conozcamos produce efectos: el Inconsciente; el Otro de la
cultura y la historia.
No alcanza el dominio de si mismo para curar la melancolía, ni aún siendo "hijo de Saturno", como pretendía Marsilio Ficino; tampoco alcanzan sólo la Biología ni la Antropología.
Pero hemos avanzado en el alivio del sufrimiento humano. No se podía influir sobre Saturno pero si, hasta cierto punto, sobre el cuerpo o el espiritu sufrientes que son los de un ser corporal en relación con otros y con su historia. Quizás la globalización nos ayude a avanzar aún mas por este camino.
1 Fuente: En el año 1999, el laboratorio
SmithKline Beecham -actualmente fusionado con otro-, realizó esta serie en
formato papel, de una calidad gráfica y estética excelente. Sin mencionar ni
copyright, ni autores, no no es posible citarlos, a pesar de haber escrito a la
sucursal España -allí no se editó-, pues no he encontrado mail de la sucursal
argentina. La versión aquí presente es una adaptación ni fiel ni total del
trabajo.
Le agradezco a la Lic. Florencia Fernández Coria quien me ha proporcionado el
material