Lugares de la Melancolía (o ámbitos de la Melancolía) 1

 

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Fascículo 5

La ciencia y la melancolía en la historia

Hemos llegado aquí al final de un largo periplo histórico. ¿Qué ha quedado de las teorías explicativas de la melancolía? ¿Qué de los diversos modos de intentar curarla?.

a) Desde el Siglo V AC hasta el Renacimiento reinó la Teoría humoral. La bilis negra dio su nombre a la enfermedad mental melancólica. Además constituyó una teoría con el agregado de la influencia de los “seis no naturales”.

1) aire;
2) ejercicio y reposo;
3) sueño y vigilia;
4) comida y bebida;
5) excreción - retención;
6) las pasiones o perturbaciones del alma.

En ocasiones se superponían "teorías” religiosas, filosóficas y mágicas u ocultistas.

b) Siglo XVII: Teorías iatroquímicas: Espíritus animales, vapores; metales por ejemplo hierro, (influencia alquímica), fermentaciones y ácidos.

c) Siglo XVIII: Teorías mecánicas:

1) Vasocéntricas: Teorías de hidrodinámica de la sangre y de un supuesto fluido nervioso circulando por nervios huecos. Incluía la participación de densidades (espeso - fluido) y de corpúsculos en relación con la hidrodinámica general o específicamente cerebral.

2) Neurocéntricas: originadas en el concepto de "éter" y luego en la electricidad que podía estar en más o menos en el organismo o más específicamente en el cerebro.

Todas estas teorías, que en parte se sucedieron unas a otras y en parte convivían no cambiaron demasiado los lineamientos terapéuticos.

No entraremos aquí en el Siglo XX con sus vertiginosos cambios que a diferencia de los 2500 años anteriores produjeron, y siguen produciendo, modificaciones revolucionarias en la terapéutica.

Principios de fisiopatología


Durante la época de la que nos ocupamos, desde los griegos hasta el Siglo XVIII la manera de influir sobre la melancolía tuvo como base un principio general y dos subsidiarios

a) Principio General: El principio de equilibrio, antecesor del principio de homeostasis de Claude Bernard.

b) Principios Derivados:

1) Eliminar un exceso o suplementar un déficit; son múltiples los derivados de este principio: la manera de evacuar la bilis negra constituyó "el tema" del tratamiento; incluso la relación sexual recomendada desde Rufo, era pensada, al menos en un aspecto, como un factor evacuativo; los aportes desde alimentos hasta música, "conversaciones" o consuelo suplementaban déficit.

2) Principio de los contrarios: Muchos de estos aportes o privaciones seguían el tema de los “seis no naturales”.

Uno, entre numerosos ejemplos posibles, era la supresión de carnes o vinos oscuros para evitar la bilis negra y darlos en cambio "claros y ligeros" contrarrestando así la "oscuridad y pesadez melancólica". Otro ejemplo es el énfasis de Paracelso en la alegría para contrarrestar la tristeza o viceversa; en un terreno "paramédico” cumplía esta función la música Orfica, preconizada por Ficino como antídoto de la melancolía.

Tratamientos de la melancolía

a) Generalidades

El paciente acude al médico, o es llevado, en busca de ayuda para que cure o alivie algo que se llama enfermedad. El médico, por el hecho de serlo, hace saber que podrá hacer algo con eso: curarlo, aliviarlo, dar información. Hace esto por medio de indicaciones conductuales y suministrando sustancias o practicando diversas operaciones sobre el cuerpo del paciente o enseñándole diversos procedimientos que influyan sobre su mal y lo alivien del sufrimiento. Ha de saber qué es lo que le pasa al paciente, de qué enfermedad padece y sus tratamientos o indicaciones se dirigirán a modificar la dolencia o a hacerla desaparecer.La teoría de los humores, netamente médica, brindó un sólido punto de referencia para actuar. En el caso de la “melancolía enfermedad” se debía actuar sobre el exceso de “bilis negra”. 



Las modalidades de esta acción médica se basaban en un correcto diagnóstico acerca de qué modalidad de melancolía estaba en juego. Era distinto el tratamiento en el caso de melancolía cefálica que en el de una forma generalizada o una gástrica es decir “hipocondríaca”.

Dada la relación estrecha entre el micro y el macrocosmos, se tenían en cuenta además todos los factores ambientales físicos y humanos. No era lo mismo la afección en distintas estaciones del año.

Dice Starobinsky: "a ningún médico le gusta permanecer inactivo". Por consiguiente esperar a saber para actuar implica un enfoque nihilista ya que siendo el saber siempre parcial es vital prescindir de la exigencia de saberlo todo para poder hacer algo. Ante el pedido del paciente el verdadero médico responde con un hacer modulado por la máxima hipocrática "Primum non nocere". “Primero no dañar”.

Se trata siempre, sin embargo, de hacer algo. La posición médica no es contemplativa ni se limita a la búsqueda de conocimientos.

Haremos un sobrevuelo sobre lo que los médicos y otros “curadores” han hecho para intentar "curar" la melancolía.

b) Introducción

De modo anacrónico por cierto se suele aplicar a lo largo de la historia una división de los tratamientos en físicos y morales; esta división sigue el pensamiento cartesiano: existe una clara y neta división entre "res extensa": lo material y "res cogitans": lo mental o psíquico. Desde los griegos y hasta más allá del Renacimiento el tratamiento “moral” fue patrimonio de la filosofía. Agregaremos a esta clásica distinción los "tratamientos" religiosos y los ocultistas, incluyendo entre estos últimos derivados de la astrología, la alquimia, la demonología y diversos procedimientos mágicos.

Repetiremos una vez más: no se distinguió siempre con total claridad (ni aún hoy en día) la medicina de la religión, la filosofía, la especulación, la magia etc. Veremos así tratamientos "combinados" en los que se unen métodos “físico”, "morales" y "mágicos - ocultistas".

Es importante insistir en que ya la escuela hipocrática sabía que el ser humano no podía ser dividido entre cuerpo y alma sino que era ambas cosas; en lo que hace a lo práctico esta diferencia se mantenía; así hemos visto como Galeno podía diferenciar una melancolía producida por la "bilis negra" de una "enfermedad amorosa" en la cual este humor no estaba implicado; otros, en cambio, pensaban que el afecto (la pasión) actuaba sobre la producción de bilis negra y otros aún en la influencia del demonio o de Saturno ya se tratará del astro o del dios. De tal manera, se daban varias combinaciones posibles en cuanto al tratamiento. Tanto Paracelso como Ficino fueron exponentes de esta mezcla de medicina, astrología, alquimia, magia, música y filosofía Actuar sobre la bilis negra como tal no era posible ya que al ser uno de los “7 naturales” (equivalente aproximado a lo genético) no podía modificarse. Sin embargo actuando sobre los "seis no naturales" (factores externos) se podía influir sobre su exceso, eliminación, retención etc. sobre una base a veces empírica, respetando las enseñanzas de los maestros médicos o filósofos, otra mediante conjuros, talismanes, conversaciones etc.

Los métodos higiénico-dietéticos tenían enorme importancia. Burton, de cuya "Anatomía de la Melancolía" hablamos en el Fascículo 2 dedica largos capítulos a lo que se debe o no se debe comer y beber. Por momentos uno sospecha cierta ironía en el autor ya que la lista de lo prohibido para el melancólico es interminable.

Pero lo higiénico dietético no se limitaba al aspecto físico; entre los "seis no naturales" figuraban también las pasiones, campo de caza dividido entre los médicos, los filósofos y los artistas. Piénsese por ejemplo en las virtudes catárticas del teatro y en el sentido de este término que se refiere tanto a la "eliminación" de sustancias de desecho corporal como a la vivencia de emociones en el espectador de la obra.

Aquí podemos también situar facetas del tratamiento de la melancolía que comparten el mundo físico y el mental (tratamiento físico y moral) por ejemplo la música, de la que nos ocuparemos más adelante.

Desde los otros enfoques, menos médicos o no médicos, se intentaba influir sobre los dioses, los demonios, los astros o al menos como en este último caso, en el que la influencia directa no era posible, utilizar sus fuerzas de modos "terapéuticos", tal el conocimiento de "si mismo" basado en las capacidades intelectuales que otorgaba haber nacido bajo Saturno, para contrarrestar el otro aspecto de su influencia: La nefasta melancolía que el hijo de Urano irradiaba.

Tratamiento Físico

En los fascículos previos nos hemos referido al tratamiento médico de la melancolía en la antigüedad (griegos, romanos, árabes) se mantuvo casi sin cambios hasta el fin del Renacimiento. Resumido una vez más: consistía básicamente en medidas higiénicas y dietéticas vinculadas a los denominados "seis no naturales" y en la administración de sustancias procedentes por lo general de plantas. Los métodos quirúrgicos no fueron muy utilizados excepto la sangría, que se usaba en general con moderación y ventosas; durante un período de la Edad Media se realizaron cauterizaciones en la cabeza.

Con posterioridad al Renacimiento esto se mantuvo durante varios siglos más. Sirva como muestra un tratamiento de los siglos VXI - XVII.


Richard Napier (1559 - 1634), médico práctico, nos ofrece una excelente visión de lo que era el tratamiento de la melancolía generalizado en Inglaterra en esta época, compuesto de creencias médicas, mágicas y religiosas. A los pacientes depresivos, llamados melancólicos en la clase alta y "mopished" (término despectivo) entre los campesinos les administraba vomitivos y laxantes y les aplicaba sanguijuelas y ventosas. Las drogas que se usaban eran una mezcolanza de plantas nativas y exóticas, recetas tradicionales y compuestos inorgánicos. Era un alquimista entusiasta y siguiendo a Paracelso utilizaba el antimonio como purgante en vez de hierbas. Para dar un ejemplo de sus remedios tenemos una prescripción "para todos los melancólicos y "mopish": la "Hiera Logadii".

Esta receta es una variedad de un famoso remedio que ya era usado por los griegos en el Templo de Asclepio. Su nombre en castellano (poco usual) es "Jirapliega" que el diccionario de M. Moliner define: (Variante de "Jeripliega" del gr. "hierá pikrá", amarga santa, por entrar acíbar en su composición. Electuario purgante compuesto de acíbar, miel clarificada y otros ingredientes. Electuario es una preparación farmacéutica de consistencia de miel, hecha básicamente con jarabe, miel o mermelada).

Se conocen muchas variantes de este remedio: la de Rufo, la de Galeno, la de Alejandro de Trelles y muchas otras incluida la presente que figura en el tratado de Culpeper. De los 29 compuestos que incluye y sus correspondientes dosis mencionaremos algunos pocos a modo de muestra:

"Tómese coloquíntida y polipodio, [dos dracmas de cada uno] (Dracma = 3.89 gr.), euforbio, [una dracma y media y seis granos] (grano = 0.065 gr); wormwood (vermut), mirra, [una dracma y doce granos de cada uno]; espicanardo, eléboro, aloe, tomillo, cassia, canela, pimienta. Miel [una libra y media]; mezclar y dejar reposar"

Culpeper el gran farmacólogo de la época, indicaba en su tratado: "Este remedio quita de raíz la melancolía, el vértigo, las convulsiones, el "megrim" (que quería decir en esa época "depresión" pero deriva del francés "migrainc" es decir jaqueca) y la lepra".

No satisfecho con esto, Napier le agregaba lapislázuli - recordemos que seguía a Paracelso y por lo tanto indicaba sustancias minerales que casi no se usaban antes de éste -, clavo, y "pulvis sanctis". Actuaba como un violento purgante. Además utilizaba opiáceos para inducir el sueño. Cuando pensaba que había en juego fuerzas sobrenaturales, fabricaba un amuleto guiado por principios astrológicos; alentaba a sus pacientes a la oración.

Ante las limitaciones de espacio daremos solo algunos datos sobre estos compuestos.

1.- Coloquíntida: ("Citrullus colocynthis") Planta cucurbitácea cuyo fruto, del tamaño de una naranja, llamado del mismo modo y también “alhandal” y “tuera”, se emplea en medicina como purgante.
2.- Polipodio: (Del gr. "polipodion", comp. con las raices de "pol_s", mucho y “pus, podós”, pie, v. “POD”) Helecho que constituye el tipo de la familia de las plantas polipodiáceas.
3.- Euforbio: (“Euphorbia resinífera”). Planta eufurbiácea de la que se saca una resina utilizada como purgante, llamada “gurbión”.
4.- "Wormwood": (En alemán y castellano Vermut. "Artemesia Absinthium”) Es una de las plantas que da el nombre a nuestro popular "vermú" pero también la que está en la base del ajenjo, la bebida cuya fascinación a fines de siglo hizo que la llamaran "hada verde” y algunos comparan por su popularidad a nuestra actual cocaína.
5.- Mirra: De donde se obtiene el incienso.
6.- Espicanardo: ("Nardostachys grandiflora” y “N. Jatamansi”) Planta valerianácea de la India, de raíz aromática.
7.- Eléboro: (“Helléborus niger”) Planta ranunculácea, propia de montaña, de raíz fétida, purgante. (T., “eléboro negro, hierba ballestera, hierba de ballestero”.) Ya hemos visto en el Fascículo 1 como esta planta era el principal tratamiento de la melancolía desde Hipócrates en adelante. Era un poderoso vomitivo y, en dosis grandes, venenoso.
8.- Aloe: Usado en la actualidad en diversos medicamentos dermatológicos y otros.
9.- Tomillo: Especie culinaria.
10.- Cassia: Se usa en la actualidad como laxante.
11.- Canela: Condimento.
12.- Pimienta: Especie culinaria.
13.- Azafrán: Especie culinaria.

Al respecto leamos la siguiente noticia:

"Tres médicos de Washington han prevenido acerca de los productos medicinales que se obtienen por Internet. Esto resultó en un envenenamiento causado por el aceite de "wormwood" comprado por computadora. La víctima había conseguido una receta para fabricar ajenjo sin saber que su consumo podía traer alucinaciones, temblores, convulsiones y parálisis de larga duración. El responsable de esto es el compuesto "thujone" que se encuentra en dos variedades de la planta "artemisa". Este compuesto está emparentado con el mentol y con sustancias que existen en la marihuana. El uso más conocido del "thujone" es formando parte de la composición del ajenjo, un licor verde muy popular a fines del Siglo XIX y principios del XX".

Se creía que el ajenjo aumentaba la actividad del cerebro, desarrollaba nuevas ideas, expandía la imaginación y actuaba como afrodisíaco. Por estos motivos fue muy popular entre artistas y escritores: Maupassant, Toulousse Lautrec, Degas, Gauguin, Manet y Oscar Wilde. Es muy posible que el agravamiento de la enfermedad de Van Gogh, que culminó en su suicidio, se haya debido a su gran consumo de ajenjo. La toxicidad cerebral que produce el Thujone se vincula a la producida por el tetrahidrocarbinol de la marihuana.

Ya con esto disponemos de una idea aproximada de lo que era la terapéutica de la depresión durante muchos siglos, llevada en este caso a una exagerada expresión de lo que llamamos actualmente "Polifarmacia".

Tomas Willis (1621 - 1675) fue el primero en desprenderse de la teoría de la bilis negra. La sustituyó por principios de química en los que tenían un lugar principal los siguientes: "espíritus animales, azufre, sal, agua y tierra". En la melancolía el cerebro quedaba afectado por "la disposición acética de los espíritus". Estas consideraciones químicas no duraron mucho tiempo; tampoco influyeron sobre el tratamiento que continuaba la tradicional línea que acabamos de ver en Napier. Sus innovaciones fueron el agregado de hierro "fortificante" y de hipnóticos suaves.

Lo que terminó dando el golpe de gracia a la teoría de la bilis negra fueron las teorías mecánicas del siglo XVIII.

En el Siglo XVIII Descartes en Francia y Newton en Inglaterra fueron los principales, entre muchos otros, que produjeron el auge de las teorías mecánicas. Principios del movimiento, nociones corpusculares, teorías hidrodinámicas serían los conceptos que guiarían la teorización etiopatológica de la melancolía.

Por ejemplo Pitcairn (1652 - 1713) sostenía que "la sangre espesada se acumulaba en el cerebro y enlentecía su circulación lo cual excitaba las Vibraciones de modo menos vivido y menos frecuente y producía la melancolía". Se trataba de un trastorno hemodinámico que afectaba a los "espíritus animales" en los nervios. Se denominaba "espíritus animales" al "extremadamente sutil fluido de los nervios".

Los fluidos se componían de partes espirituosas y partes fijas y mucilaginosas; del equilibrio entre ambas dependía la fluidez.

Hacia la mitad del Siglo XVII estas explicaciones fueron siendo desplazadas por las teorías de la electricidad recién descubierta y se discutía con pasión si por los nervios circulaban fluidos o electricidad.

El mismo Newton, al final de sus “Principia” sugiere la existencia de algo que circulaba por los nervios y agrega "se necesita más experimentación y determinación de leyes sobre esta energía circulante". Vemos ya aquí en acción el poderoso y estricto movimiento intelectual que, hasta la actualidad, preside la investigación científica. Hubo, pese a todo este despliegue teórico, pocos cambios en la terapéutica.

Resulta interesante advertir, como lo expresó Bichat famoso anatomista francés, que

“las teorías cambian pero los medicamentos siguen siendo los mismos”.

Puede apreciarse a posteriori que se había ido dando un desplazamiento de una concepción de la melancolía basada en la oscuridad (negrura) y tristeza, la de la bilis negra, a otra en la que dominaban los conceptos de lentitud, peso y dificultades en la "circulación de fluidos". Este cambio fue producto de la influencia de las teorías hidráulicas y mecánicas aunque en la práctica no se sabía que hacer con eso...

No es ciertamente casual que el término "depresión", que finalmente sustituiría al de "melancolía", aparece por primera vez en esta época de teorías mecánicas, escrita por la pluma de Samuel Johnson (1709 -1784).

El siglo XIX es el de los grandes psiquiatras. Precedidos por Pinel (1745 - 1826) a fines del siglo anterior surgen en Francia y Alemania entre otros Pinel (1745 - 1826), Esquirol (1772 - 1840), Heinroth (1773 - 1843); Griesinger (1817 - 1868); Krafft - Ebbing (1840 - 1902).

Pinel no solamente liberó de sus cadenas a los enfermos mentales; también desarrolló una fina clínica y se opuso a la “polifarmacia” que había imperado los siglos anteriores. Inauguró un siglo de grandes clínicos, minuciosas clasificaciones y un mayor reconocimiento de la ignorancia respecto a la patogénesis de la enfermedad mental y de la melancolía en especial. Bajo la influencia del pensamiento científico fueron separándose más claramente la ciencia de la magia y de la religión.

Esquirol, manteniendo toda la importancia de los “Seis no naturales" (aunque no los llamase así), enfatizaba que "cada melancólico debe ser tratado sobre la base de principios que resulten de una cercana familiaridad del médico con las tendencias de su mente, sus hábitos y carácter para subyugar la pasión que, al controlar sus pensamientos, mantiene su delirio" De aquí es comprensible que privilegiara la medicina moral en el tratamiento, teniendo en cuenta todos los principios del tratamiento higiénico dietético.

Heinroth, con una tendencia psicológica directriz, valoraba el ejercicio y los viajes.

"La inactividad, la soledad o un cuarto cerrado son venenos para el melancólico"

Dejará para los casos más graves "los antiguos remedios: evacuativos y baños” y la “máquina giratoria" Este siniestro dispositivo es descrito así por Starobinsky:

"Erasmus Darwin, abuelo del célebre naturalista, inventa una máquina rotatoria destinada al tratamiento de los enajenados".

Veamos como la describe Mason Cox: “Se fija una viga perpendicular al suelo y al techo, que, mediante una palanca horizontal más o menos elevada, se hace girar sobre si misma. Atase al enfermo en una silla que viene sujeta a la viga, o se le coloca en una cama que cuelga de la palanca horizontal. Luego, con la ayuda de un criado, se pone en movimiento la máquina más o menos rápidamente, con un simple empujón, bien mediante un sencillo mecanismo de ruedas, fácil de construir y que tiene la ventaja de imprimir al movimiento de la máquina el grado de velocidad deseado. Este movimiento causa siempre a las personas que están sanas palidez, debilidad, vértigos, náuseas y a veces una abundante evacuación de orina. Ya se conocen los buenos efectos de los vomitivos sobre la mayoría de los dementes; pero no es fácil hacerlos tomar a los enfermos, ni determinar la dosis ni tampoco moderar el efecto. El movimiento rotatorio, por el contrario, reúne todas estas ventajas: se puede acelerar o moderar a voluntad, prolongarlo o interrumpirlo, de suerte que no provoque más que un mero vértigo, leves náuseas o un vértigo completo”.

El Sillón Rotatorio es un modo de emético matizado, hace vomitar a los más recalcitrantes y sus efectos pueden dosificarse científicamente. El médico está convencido de actuar así de manera precisa, matemática y controlada; se le antoja salir de las incertidumbres que la administración del eléboro o del tártaro de antimonio llevan aparejadas.

Con la máquina rotatoria se influye sobre el sistema nervioso que a su vez, modifica la circulación, la actividad cardíaca y la motilidad del estómago

Prosigue Mason Cox: "Además actúa por igual sobre el alma y el cuerpo; inspira un miedo saludable y, por lo general, basta amenazar al enfermo con la máquina rotatoria, cuando ya ha probado dos o tres veces las penosas sensaciones que causa, para conseguir de él que tome o haga cuanto se quiera y si en algún caso se presume que la revolución ocasionada por un miedo muy grande puede contribuir a la curación el que inspira esta temible máquina pudiera aumentarse en extremo con la intervención de la oscuridad, los raros ruidos que se harían escuchar al enfermo durante las vueltas, los olores que se le darían a respirar o cualquier otro agente capaz de provocar al mismo tiempo una viva impresión sobre sus sentidos".

La máquina rotatoria conocerá sus horas de triunfo en todos los hospitales de Europa.

Heinroth recurre a la "Drehmaschine" cuando el enfermo se ensimisma, se deja ganar por la fuerza de la pesadez y vuélvese inaccesible.

Pero a fines del Siglo XIX y comienzos del XX el espíritú científico fue poniendo un límite a toda la parafernalia terapéutica.

Quizás no haya habido hasta esa época otro libro de psiquiatría en el mundo que tuviese la popularidad de “La patología de la mente” escrito por Krafft Ebbing. Resulta significativo que este autor, clínico psiquiatra, solo dijera respecto al tratamiento de la melancolía lo siguiente:

Hay solamente principios generales:

1) Dar al paciente reposo fisico y mental completos.
2) Vigilancia del paciente para proteger a otros y a sí mismo.
3) Cuidado del estado general y de la cantidad de comida ingerida.
4) Tratamiento del insomnio que es muy agotador y favorece el desarrollo de delirios e ilusiones (Opio; baños de mostaza).
5) Uso de remedios sintomáticos aprobados por la experiencia (baños y opio).

Es significativo el reconocimiento de la escasez de recursos terapéuticos y la aceptación de la ignorancia sobre la enfermedad que contrasta con la exuberancia de los siglos anteriores.

Esto caracteriza todo el espíritu terapéutico de esta época de grandes clínicos. Fue un siglo que culminó con la división entre enfermedades orgánicas y funcionales, entendiendo por "funcional" la presencia de trastornos no detectables por los medios conocidos, sentido diferente al actual en el que es sinónimo de "psicógeno". Así llegamos al siglo XX, que acaba de terminar, en el que la terapéutica de la melancolía alcanzó un desarrollo multifacético con un neto predominio de los médicamentos antidepresivos y de una concepción distinta del ser humano.

No es este el lugar para presentar algo tan amplio y complejo.

Tratamiento Moral

No trataremos aquí acerca de las diversas maneras en las que se hizo "psicoterapia" en la depresión desde la época de Hipócrates en adelante. Diversos enfoques filosóficos competían en la búsqueda de orientaciones para vivir y, naturalmente se aplicaban al tratamiento de las pasiones, que eran uno de los "Seis no naturales” participantes en el equilibrio salud-enfermedad. Nos ocuparemos de algunos puntos menos mencionados entre los recursos para ayudar a los melancólicos o que éstos buscaron como forma de autoayuda, algunos que quizás podrían parafrasear el título del libro de Ray Bradbury "Remedio para melancólicos".

a) Los árabes: Como ya hemos visto hubo una marcada influencia de las teorías de Hipócrates, Galeno, Rufo y otros griegos en la medicina árabe. Sus tratamientos comprendían elementos tomados de la farmacopea griega. Sin embargo un aspecto especifico del tratamiento árabe era la atención en los hospitales. Según Mora varios "asilos” fueron fundados en Bagdad en el siglo VIII, en Damasco en el siglo IX y luego en otras ciudades. Ya en el siglo XII los viajeros relataban al volver a Europa el refinado tratamiento que se brindaba en estas instituciones. En su descripción del hospital psiquiátrico construido por el sultán Bazajet II en Adrianopolis en el año 1500 el historiador Evilija relataba en detalle la atmósfera calma de este establecimiento, rodeado de encantadoras fuentes y jardines y el régimen terapéutico que incluía dietas especiales, baños, drogas, perfumes y conciertos en los cuales los instrumentos estaban afinados de modo de no dañar los nervios de los pacientes... El mismo tratamiento estaba disponible para pacientes pobres y ricos la mayoría de los cuales parecían ser maníaco depresivos.

Esta ha de haber sido la influencia que hizo que el primer hospital específico para enfermos mentales de Europa haya sido construido en España en la ciudad de Cádiz.

b) La música: La música tuvo importancia en el tratamiento de la melancolía. Ya en grabados medievales puede verse la presencia de instrumentos musicales como remedio.

En una época varios siglos posterior es célebre la influencia que tuvo sobre la incurable melancolía del rey Felipe V el canto del célebre "castrati" Farinelli.

Hay una teoría que sostiene que los sonidos de la voz humana pueden ser percibidos por partes del cuerpo que corresponden a los puntos de presión que usa la acupuntura china. Aunque esto no ha sido probado, se sabe que hay algo en la voz humana que calma e hipnotiza

El rey Felipe V de España fue una de los primeros enfermos de depresión que experimentó esta cura por la música de la voz humana.


Carlo Broschi, conocido como Farinelli, (1705 - 1782) fue el más famoso cantante de su siglo y probablemente de todos los tiempos. Era, como se sabe, "Castrati" es decir castrado con consentimiento de sus padres a los siete años para poder mantener los agudos de su voz privilegiada. Gozó de un "status" casi mítico aún en vida. El motivo principal para esta fama fue su voz excepcional aunque su belleza andrógina contribuyó claramente a ella. Se sabe que el registro de su voz cubría más de tres octavas y media. Podía llegar a cantar 250 notas en una sola respiración y sostener una nota más de un minuto. Algunos no podían creerlo y sospechaban que tenía un instrumento oculto que sostenía la nota mientras respiraba. A la edad de 32 años se retiró de la escena en la cúspide de su éxito para cantar exclusivamente para el Rey Felipe V de España gravemente deprimido desde varios años atrás.

Dice Charles Burney:

"Cuando Farinelli llegó, la reina Isabel dispuso que se hiciera un concierto en el cuarto adyacente al del monarca en el que Farinelli cantaría uno de sus cantos más cautivantes. Felipe se mostró al principio sorprendido, luego se conmovió y al terminar el segundo canto hizo entrar al virtuoso a su alcoba real llenándolo de reconocimientos y caricias. Luego le preguntó como podía recompensar suficientemente sus talentos y le aseguró que no le rehusaría nada que le pidiese. Farinelli, previamente avisado por la reina, le pidió que permitiese a sus criados que lo afeitaran y vistieran y que asistiera a la reunión del consejo real. A partir de aquí Farinelli fue considerado el responsable de la curación de Felipe V y permaneció a su servicio y al de Fernando VI durante dos décadas”.

Todas estas cualidades y el hecho de su gran humildad le valieron el nombre de "El Divino Farinelli". La generosidad de Farinelli impresionó a sus contemporáneos; ayudaba con frecuencia a familias españolas pobres y fundó un instituto para organizar conciertos cuya recaudación se destinara a los huérfanos. Murió en Bologna en 1782 y se lo enterró en la falda de una montaña. Su tumba fue destruida por los ejércitos napoleónicos.

Citemos otro ejemplo del papel de la música en el tratamiento de la melancolía; en su obra "La imagen de la melancolía y el idioma barroco" dice Ken Perlow:

“Tanto los músicos como los farmacéuticos pregonaban en el Siglo XVIII remedios para la melancolía. Un ejemplar de la composición de Bach "El libro de Anna Magdalena" llevaba escrita en su portada la siguiente leyenda: "El antimelancólico".

c) Los viajes: Posiblemente el prestigio que tiene el viajar para modificar un estado depresivo esté especialmente relacionado con lo que se ha llamado, no sin cierta ironía, "Melancolía Poética”. Sin negar el hecho que muchos poetas y literatos padecieron profundas depresiones (lo que hoy en día se llamarían depresiones mayores) y aún para los que, siguiendo al "problema aristotélico” vinculan el talento espiritual a la melancolía, es evidente que muchos de los estados depresivos relatados en novelas, especialmente inglesas, que se curan viajando no impresionan - a quien conoce la melancolía - como especialmente graves. Sin embargo hay algo ligado al viaje que hace que subsista una casi universal creencia en que viajar es un remedio para la melancolía. Eso se basa en una idealización de la vida "libre" sin ataduras, aunque para el más elemental sentido común, excepto para unos pocos, el estado de no compromiso de quien viaja es artificial y se vuelve a lo que se dejó, unas veces idealizándolo y otras con un agravamiento de la depresión. La nostalgia, que en algún momento se consideró forma de la melancolía, se basa frecuentemente en un recuerdo idílico del pasado que por lo general no se encuentra tal como se lo imaginó al volver al hogar o la patria.

Si bien, como vimos, Heinroth se declara partidario del viajar, la experiencia demuestra que solo casos leves de la enfermedad pueden beneficiarse de este remedio.

d) Gasto de dinero: Fue el psicoanalista Karl Abraham quien relacionó el gasto de dinero con los estados depresivos, como una tentativa autoterapéutica, por lo general frustra. No resulta extraño ver esto en los estados maníacos, vecinos aunque opuestos a los melancólicos. Es conocido el despilfarro en las crisis de manía. Sin embargo en casos de comienzo de depresiones, antes que se instalen los sentimientos de pobreza, suele verse una búsqueda de gastar dinero que corresponde a una tentativa de autocuración. Más avanzada la depresión se instala la conocida angustia ante la amenaza de ruina económica típica de la melancolía.


Sería irreal no mencionar casos en los que fracasan todas estas tentativas de ayuda. Esto ha ocurrido y sigue ocurriendo en la actualidad. Algunos de estos fracasos corresponden a cronificaciones del estado depresivo con empobrecimiento general del proyecto vital. Otros a derivaciones hacia enfermedades corporales. El más dramático d estos fracasos es el suicidio.

Si bien hay muchos que atribuyen todo suicidio a un estado melancólico otros pensamos que se trata de un problema humano más complejo y aún sin respuesta. Es cierto que una proporción importante de suicidios corresponde a depresivos graves. Las estadísticas varían de lugar en lugar así como los diagnósticos.

Tomaremos el caso de los EEUU que disponen de estadísticas abundantes. Allí la cantidad de suicidios por año ha variado poco. Si comparamos los años 1991, 1995 y 1997 las cifras son de:

En los tres años la frecuencia de suicidios es significativamente mayor que la de homicidios. Por ejemplo la cifra de homicidios de 1997 es de 19.000 casos.

Ha habido importantes variaciones en la cantidad de suicidios en la adolescencia. Se han registrado aumentos importantes en casi todo el mundo y en los EEUU es la tercera causa de muerte en esta etapa de la vida. En Francia es la segunda después de los accidentes.

¿Cuál es la relación entre el suicidio y la depresión?

Las cifras varían aunque en general vinculan estrechamente el suicidio y la depresión.

Cifras publicadas por el Journal de la American Medical Association afirman que “el 95% de los suicidios ocurren durante un pico depresivo”. Otros datos del National Depressive and Manic - Depressive Association reduce esta cifra al 70%.

En China, país con un altísimo número de suicidios: 300.000 anuales es decir casi el doble en porcentaje en la población que los EEUU, el índice de depresión es bajo. Veremos en el próximo fascículo que esto en parte se debe a que diagnostican poco la depresión pero aún así parece, según Kleiman - psiquiatra transcultural - que existe menos depresión que en los paises occidentales.

Sean cuales fueran las cifras y sus interpretaciones, el suicidio sigue siendo una realidad trágica y una pregunta candente, más aún en relación al aumento de suicidios en adolescentes.

Más allá de la comprensión psicológica y biológica la realidad social del suicidio, estudiada primeramente por Durkheim, es innegable. De esto son ejemplo dramáticos los suicidios colectivos.

¿Se relacionan o no con la depresión?

En el próximo fascículo "Melancolía: Ciencia, sociedad, cultura" último de la serie, veremos un caso estudiado

por la antropóloga francesa Francoise Héritier: la gran masacre de ganado que tuvo lugar en el país xhosa en Sud Africa en 1856 - 1857 y que produjo 40000 víctimas humanas, muertas de hambre y agotamiento, producto de su autodestrucción.

1 Fuente: En el año 1999, el laboratorio SmithKline Beecham -actualmente fusionado con otro-, realizó esta serie en formato papel, de una calidad gráfica y estética excelente. Sin mencionar ni copyright, ni autores, no no es posible citarlos, a pesar de haber escrito a la sucursal España -allí no se editó-, pues no he encontrado mail de la sucursal argentina. La versión aquí presente es una adaptación ni fiel ni total del trabajo.
Le agradezco a la Lic. Florencia Fernández Coria quien me ha proporcionado el material

Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar