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Fascículo 4 |

Un psiquiatra a fines del Siglo XX, En Buenos Aires, recibe una consulta:
Se trata de un joven, hijo de inmigrantes, que realizando su servicio militar obligatorio, padece una crisis de ansiedad intensísima, con pánico de contenidos hipocondríacos (miedo de que su corazón perdiera el control, miedo de volverse loco), que se acompañan de una conducta inusual: se ponía en cuatro patas y "aullaba como un perro".
El psiquiatra diagnostica una crisis psicótica aguda, lo medica y el paciente es dado de baja del Servicio Militar.
Mucho después, el médico, leyendo obras antiguas de psiquiatría se enteró de la existencia de una forma de la melancolía, desaparecida en la actualidad de las obras de texto, que tenía el nombre de " Licantropía” es decir enfermedad mental cuyo contenido era la idea de creerse lobo o perro y actuar como tal.
Tanto el paciente como su familia y su medio cultural (incluido el psiquiatra) ignoraban en absoluto la existencia de esta dolencia.
Sin embargo durante más de veinte siglos fue clasificada como una forma especial de la melancolía.
Sólo podríamos agregar, para dar una mínima luz sobre esta enigmática aparición de una enfermedad medioeval en Bs. As. del siglo casi XXI, que el querido abuelo de este paciente provenía de un país en el que de joven cuidaba ovejas, habla lobos y perros guardadores y una vez, según la tradición familiar, le habla roto la quijada a un lobo que intentó atacarlo. Solo un muy prolongado contacto psicoanalítico con el paciente fue sacando a la luz la trama transgeneracional de amor, odio y conocimiento que subyacía a este tema licantrópico, con sabor cultural.
Otra tradición médica, literaria y filosófica aún más antigua une la melancolía al amor.
Si bien quien gesto la expresión " Melancolía amorosa" fue Burton, al cual nos referimos en el Fascículo 3, desde mucho antes se hablaba y escribía sobre la relación estrecha entre el amor y la melancolía.
¿De qué manera se relacionan?
Intentaremos encontrar algunas respuestas a esta pregunta a lo largo de los siglos.
Dice Jackson (en adelante SJ): "A lo largo de los siglos ha habido términos como "locura amorosa", "amor hereos, amor heroicus, "heroical love", “enfermedad de hereos”, "enfermedad de los amantes" "erotomanía" y otros términos similares. A veces aparentemente sinónimos y otras claramente no, estos nombres diferentes fueron fuente de confusión. A lo que se refieren tiene también varios sentidos - desde los estados de amor poco problemáticos, pasando por los estados tristes de pena del amor no correspondido, el furor agitado y loco del amor con excitación sexual que no logra satisfacción hasta llegar a condiciones de insaciabilidad erótica. A veces algunas de estas varias manifestaciones fueron consideradas formas de melancolía pero no puede generalizarse”
Erasístrato (300 AC) fue llamado en consulta para examinar a un joven enfermo mental, el príncipe Antioco hijo del rey Seleuco. El médico lo observó atentamente durante varios días fijándose en su actitud en presencia de las personas que lo iban a ver. Cuando hubo observado lo suficiente, le tomó el pulso en presencia de distintas personas y advirtió que se aceleraba cuando entraba su madrastra la joven reina Stratonice. Erasístrato se dio cuenta rápidamente que "el amor y no la enfermedad eran su mal”.
Areteo cuenta que un hombre que parecía melancólico dejó de serlo al lograr a su amor y poder expresarle su pasión y su dolor; se despertó con alegría de su estado triste y salió de la locura; "el amor fue su rnédico”. Galeno, usando el viejo truco del pulso, detectó otro caso, esta vez de una joven enamorada en secreto del bailarín Pilades, que también parecía una melancólica aunque, en esto Galeno fue firme, su enfermedad no era causada por la bilis negra, luego no era melancolía. Era causada por uno de los "Seis no naturales” en este caso por una pasión.
Los médicos bizantinos, tanto Oribasio como Pablo de Egina fueron los primeros en hablar de “enfermedad de amor". Ambos toman muy en cuenta en el diagnóstico la frecuencia del pulso y además los ojos hundidos y el parpadeo continuo.
Avicena (980-1037) incluyó en su famoso y prestigiado Canon en la sección “Enfermedades de la cabeza" un capítulo sobre el amor. Habla allí de "una forma de enfermedad mental similar a la melancolía en la cual la mente del hombre está excitada y continuamente preocupada con la belleza y con sus formas y signos".
Describe así el cuadro clínico: "Los signos son hundimiento y sequedad de los ojos, sin humedad excepto al llorar, continuos parpadeos, sonrisa como si es tuviera viendo algo delicioso u oyendo algo agradable. Su respiración está trastornada; y está ya gozoso y sonriente ya abatido y llorando, murmurando de amor; y especialmente cuando recuerda a su amor ausente; y todas las partes del cuerpo están secas, excepto los ojos que están hinchados debido al mucho llorar y no dormir. El mismo pulso se parece al de los estados de locura o falta de apetito o miedo; además este pulso y esta misma disposición cambian al recordar a la amada especialmente cuando ocurre de repente; y esto permite demostrar quien es la amada sin que él lo diga ... la amada es el camino hacia la curación..."; luego explica el "experimento del pulso" y sigue "Si no puede descubrirse otra cura que la de unirlos siempre de acuerdo a lo permitido por la costumbre y la ley hay que hacer esto. Hemos visto a los que les volvió la salud y fuerzas y recuperaron la carne luego de que se secaran, perdieran el vigor y sufrieran diversas enfermedades crónicas debido al exceso de amor. Al unirse con su amada su enfermedad desaparece en poco tiempo".
Posiblemente Constantino el Africano (1020-1087) tomó del mismo autor árabe o griego - anterior a los Bizantinos y a Avicena - la idea de la “enfermedad de Eros” que en idioma árabe se llama " Ishk” (amor apasionado). Constantino nació en Cartago; viajó como mercader a Babilonia, India, Etiopía y Egipto aprendiendo las artes y ciencias de estos lugares. Luego de 39 años de viajar y estudiar volvió a Cartago adonde sus compatriotas quisieron matarlo por la envidia de sus logros. Se escapó a Italia, a Salerno y formó parte de la prestigiosa escuela médica de ese lugar. Se convirtió al cristianismo y entró como monje a Monte Casino. Fue uno de los principales traductores de obras médicas y filosóficas del árabe y el griego al latín. Una obra, menor, entre estas es el "Viaticum peregrinantis” del médico árabe Ibn al Jazzar, cuyo título abreviado era “Provisiones para el viajero" un librito para viajeros que no tuvieran acceso fácil al cuidado médico.
El interés de su descripción de la enfermedad amorosa está en que era la única de la que se disponía ya que el canon de Avicena no estaba traducido todavía y por esto se constituyó en una obra seminal de los curriculum médicos universitarios de la época.
Cita dos posibles causas de la enfermedad de amor: la primera siguiendo a Rufo de Efeso que explica la enfermedad como resultado de un exceso de bilis negra; la otra, platónica: la búsqueda de una persona que representa la belleza ideal.
Es interesante el vínculo médico que hace entre el amor apasionado y la melancolía que ya era conocido para la literatura y el arte.
Citaremos extractos de su obra:
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"A veces la causa de este amor es una intensa necesidad natural de expulsar un exceso de humores. Siguiendo a Rufo dice "El coito beneficia a aquellos en los que reina la bilis negra y el frenesí. Los sentimientos les vuelven y se les quita la carga de Eros aún cuando el coito sea con mujeres a las que no aman". "A veces la causa de Eros es la contemplación de la belleza. Porque si el alma observa una forma similar a si misma se vuelve como loca tratando de lograr la obtención de placer". |
“A veces la causa de Eros es la contemplación de la belleza” |
"Recomendaciones para que los enfermos eróticos no se hundan en pensamientos excesivos: darles vino
templado y fragante; hacerles escuchar música y conversar con amigos queridos; recitarles poesías; que puedan mirar jardines con aromas y frutas que tengan agua clara que corra; que paseen o se diviertan con hombres y mujeres hermosas. Rufo dice que "el vino es un poderoso remedio para el triste, el tímido y el enfermo de amor erótico". También recomienda “baños tibios; puede observarse que cierta gente al entrar al baño se siente con ganas de cantar” junto a la recomendación del vino, como parte del tratamiento recomienda que se evite la embriaguez del paciente.
"Hay una serie de temas paradójicos en la relación, de muchos siglos de duración, que existe entre la tristeza y la pena asociadas a la pérdida de un ser querido y la tristeza de la enfermedad melancólica. Es frecuente encontrar, a los largos de los tiempos, entre los síntomas cardinales de la melancolía el miedo y la tristeza a los que se les agrega: "Sin causa aparente" (SJ).
También desde mucho
tiempo atrás se advirtió que la melancolía podía comenzar con una perdida.
También se supo que los afectos del duelo y los de la melancolía eran
distintos y que no toda pérdida conducía a la melancolía. Fue el temperamento
melancólico el que se asoció a la evolución hacia la enfermedad de ciertos
duelos.
¿Qué hacer ante el dolor de la perdida?
La antigua tradición de las "consolatio", obras destinadas a mitigar el sufrimiento, forma una amplia "literatura del consuelo" de origen greco romano. Algunas de ellas se dirigían a la persona afligida, otras a la causa de la aflicción. Citemos entre las primeras: "la Fortuna es todopoderosa, hay que adelantarse en mente a sus golpes", “todos los hombres son mortales”, "lo esencial no es haber vivido mucho sino con virtud", “el tiempo lo cura todo”, "la persona que se fue solo nos había sido prestada, agradezcamos lo que tuvimos".
En lo que se refiere a la muerte: "la muerte es el final de los males", "el que lloramos ya no sufre" "los dioses lo han protegido de las pruebas de esta vida”. A todos estos lugares comunes se les agregaba el elogio del difunto y ejemplos de hombres valerosos ante la desgracia. Todo esto se presentaba, y se sigue presentando veinte siglos después, de modo bastante intelectualizado.
Para los Estoicos, con su exigencia del control de las pasiones, la pena y el dolor debían ser superados ya que eran considerados debilidades. Tanto Cicerón como Séneca se inclinaban hacia el estoicismo; Plutarco en cambio apreciaba la naturalidad del dolor ante la pérdida; pensaba que había un tiempo para el dolor y otro para el consuelo. Sus " Consolatio” eran mucho más personales y a diferencia de otras reflejaban tanto su relación afectiva con la persona a la que consolaba como el hecho de que compartía la pérdida con ella.
La "Consolatio" tuvo un lugar importante en el cristianismo y retuvo sus orígenes greco romanos con el agregado de insistir más en la necesidad de un período de duelo y el añadido del alivio que brindaba la creencia en la vida más allá de la muerte y en el amor compartido hacia Cristo por la comunidad; el consuelo se hizo menos intelectual y más afectivo.
Es a partir de esta tradición que proliferaron los escritos de
inspiración
religiosa destinados al consuelo. Quizás en la actualidad han ido siendo
reemplazados por los manuales de autoayuda que incorporan algunos de estos temas
entre muchos otros de distinta índole (como ganar más dinero e influir sobre
las personas; dietas; combatir la depresión etc.).
Mucho de la indignación de Nietzsche hacia el cristianismo se vinculó a la, según él, desproporcionada e hipócrita utilización del sufrimiento en esta religión. En su reemplazo propició la "voluntad de dominio".
La
"tristeza sin
causa" tuvo una larga tradición a partir del siglo XVI; sin embargo ya
mucho antes Celso recomendaba que se tratara con cierto reproche el estado del
paciente melancólico por ser "sin causa".
En el siglo VI Alejandro de Tralles médico bizantino, incluía la "Tristeza sin Razón" entre los síntomas de la melancolía. Es necesario aclarar que la causa para estos autores existía, ya que se trataba ni más ni menos que de la "Bilis negra". Al decir "sin causa" se referían a:
"sin causa aceptada corrientemente como fuente de tristeza"
Luego, en el siglo XVII se agregó "el miedo sin causa" que, tal como en el caso de la "tristeza sin causa" tenía antecedentes mucho más antiguos.
Por ejemplo el médico inglés Timothie Bright (1550-1615) escribía "Vemos por experiencia ciertas personas que gozan de todas las comodidades de la vida que la riqueza pueda procurar, toda la amabilidad que la amistad ofrece, todo lo que la seguridad les asegure y sin embargo están tan abrumados por la pesadumbre, y tan debilitados por el temor que no pueden recibir consuelo, esperanza o reaseguro. Esta pasión, no producida por ninguna adversidad presente o inminente es atribuible a la melancolía (humor melancólico) que es la parte más gruesa de la sangre."
Burton en su Anatomía de la Melancolía dice en términos similares "pena sin causa evidente... Con dolor, sin que puedan decir el porqué". Esto, de modo algo distinto se continúa en el concepto de Kraepelin de "Depresión Endógena" en uso en la actualidad.
En contraste, en la actualidad (Siglo XX), surgió la categoría de "Depresión Reactiva" que se refiere a la existencia de una tristeza a la que se le puede atribuir una "causa" aunque la intensidad del afecto o su duración resulten desproporcionados.
Sin embargo a lo largo de los siglos la intensa tristeza asociada a la pérdida de un ser amado ha sido siempre considerada "con causa".
Retornemos a la relación, en la historia, entre la melancolía y la pérdida. Un autor representativo de los comienzos del siglo XVII el suizo Felix Platter dice:
"La tristeza o el sufrimiento si duran mucho pueden
producir una perturbación melancólica de la mente que puede degenerar en una
verdadera melancolía si se arraiga más y trastorna los espíritus (en el
sentido de “espíritus animales) y cambia el temperamento del cuerpo. Esta
tristeza de la mente puede proceder del duelo por cosas perdidas tales como el
dinero, el honor, u otras cosas como la muerte de hijos, padres o amigos."
En este caso la "verdadera Melancolía" era definida por Platter como "una clase de alienación mental en la que la imaginación y el juicio están tan pervertidos que sin causa alguna el enfermo se entristece y atemoriza extremadamente. No puede sin embargo aducir ninguna causa de pena o miedo, excepto alguna trivial o sino alguna falsa opinión concebida como resultado de una aprehensión trastornada (alucinaciones o ilusiones)".
Burton hace mención de la reacción de desesperación a veces suicida que desencadena la pérdida de un ser querido, considerándola melancólica.
Dice SJ: "La emergencia de la categoria diagnóstica del siglo XX de "depresión reactiva" da una ubicación nosológica para un gran numero de depresiones despertadas por pérdidas aunque quizás se clasifique en esta categoría, dándole así un diagnóstico de enfermedad, un porcentaje demasiado alto de reacciones ante la pérdida que los estudios de los últimos años consideran reacciones anormales pero no enfermedades".
Freud relacionó el duelo con la melancolía y considera a esta última "reacción a una pérdida inconsciente" es decir que el sujeto no conoce el valor de lo perdido. Vimos en el Fascículo 1 el concepto freudiano de la identificación melancólica con el objeto perdido metaforizada en la célebre frase "la sombra del objeto cae sobre el Yo" y sus consecuencias afectivas e intelectuales.
Klein enfatizó la importancia, en la formación de la persona como ser humano, de la experiencia a la que llamó "posición depresiva" Esta experiencia tiene lugar durante los primeros meses de vida. Se trata de una experiencia del cachorro humano, de origen vincular, en la que afecto y pensamiento sufren profundas modificaciones. La enfermedad mental depresiva proviene, en sus concepciones, de una falla en la consolidación de esta "posición" que permite discriminar lo bueno y lo malo del otro y de uno mismo y hacerse responsable de sus propios actos. Considera esto como una meta alcanzable solo en parte por el ser humano, por los profundos dolores que deben ser tolerados para lograrlo con mayor profundidad y estabilidad.
Al ocuparnos de la melancolía en diversas culturas volveremos sobre la importancia del cuerpo en la manifestación de la enfermedad no solo en forma de lo que se llamó "Hipocondría" en la antigüedad - es decir una expresión corporal generalmente abdominal del efecto de la bilis negra - sino, mas aún, como enfermedades corporales graves vinculadas a duelos.
El concepto de elaboración de duelo es típico del Siglo XX.
El enigma de la muerte forma parte del núcleo de casi todas las religiones. Difieren profundamente entre ellas respecto a las vicisitudes de las respuestas ante esta "pregunta por la muerte".
Desde la explicación que brindan los espíritus del
animismo
primitivo
o los sistemas totémicos de ciertas tribus se llega a las respuestas
de las religiones monoteístas en un proceso de abstracción y descorporización
creciente. La existencia de dioses, espíritus y otros seres trascendentes es
parte de las respuestas.
Vimos ya algo acerca del lado más negativo de estos seres al tratar el tema de la demonología y brujería. El lado mas positivo, que incluye actitudes y sentimientos de amor, cuidado y protección, toma un sesgo ambiguo con la aparición de la ley divina que puede ser mas o menos justa, mas o menos severa, mas o menos arbitraria; en general los extremos suelen fundirse. Algo de esto se hace patente en la "contradicción intrínseca de Saturno" de la que tratamos, Saturno aporta el genio y la creatividad y contradictoriamente devora a sus hijos, produce la envidia, la pesadez y la oscuridad en aquellos sobre quienes reina,
También las religiones monoteístas caen en extremos y sus leyes (o más bien las de sus Iglesias) pueden reflejar desde lo más noble y amoroso de la condición humana a lo más “Atrabiliario”, negro y siniestro, habitualmente de modo más o menos ambiguo.
La enfermedad tiene un nexo importante con las religiones que la han vinculado con castigos o pruebas de fidelidad. Esto se hace más patente en el caso de las que hoy llamamos "enfermedades mentales".
Vimos ya en Homero al pobre melancólico Belerofonte "odiado por los dioses" vagando solo por las llanuras del Aleo, royéndose el corazón, esquivando la senda de los mortales“ o en Sófocles al desgraciado Ajax, confundido por la "buena" Minerva, matando su propio ganado y suicidándose".
Al templo de Asclepio concurrían aquellos enfermos que buscaban ayuda del dios. Con el transcurrir de los siglos encontramos diversas combinaciones, que, admitiendo explicaciones naturalistas para la melancolía, atribuían sin embargo la causa final a los dioses o a Dios.
Un personaje interesante en este sentido es Santa Hildegarda de Bingen (1098 - 1179) religiosa y médica que, aunque creía en la acción de la bilis negra, la relacionaba con el Pecado Original. “Cuando Adán comió de la manzana hizo que el humor melancólico se coagulara en su sangre, tal como al apagarse una lámpara el humo negro y el carbón permanecen... se apago en él el brillo de la inocencia y sus ojos, que antes habían contemplado el cielo, se cegaron y su bilis se trocó en amargura y su melancolía en negrura; solamente los médicos pudieron aliviar los peores síntomas de este incurable mal hereditario" El pecado y la medicina se vinculan aquí estrechamente.
Aunque retomaremos el tema al hablar del tratamiento daremos aquí una de sus recetas para los dolores de cabeza melancólicos, de los que ella misma padecía. Se preparaba una mezcla de:
1) Salvia,
2 ) Malva,
3) Aceite de oliva,
4) Y vinagre
Con lo que se untaba el cráneo "pues el jugo de la malva disuelve la melancolía y el jugo de la salvia la reseca, el aceite de oliva calma la fatiga de la cabeza dolorida mientras que el vinagre quita a la melancolía su condición agria ofensiva".
Hildegarda fue una importante música y compositora; algunas de sus obras han sido imitadas por producciones de la New Age. El grupo musical Sequentia ha realizado para el 900 aniversario de su nacimiento, en 1998, una edición discográfica de sus obras completas. Un disco exitoso ha sido el llamado “Cánticos de éxtasis”.
Un dato curioso, es que una de las hierbas usadas por Hildegarda era la marihuana (Cannabis Sativa). No sabemos si la usaba personalmente, para aliviar su hemicránea, pero refiere haber padecido alucinaciones visuales.
Un tema de interés es el de la acedia, término actualmente en desuso. En palabras de Juan Cassiano (360-435) es “un cansancio o inquietud del corazón", "similar a la tristeza especialmente penoso para los solitarios”. El problema tiene su raíz en la experiencia de los monjes del desierto cerca de Alejandría, en el siglo cuarto. Sus síntomas estaban asociados con las luchas de los anacoretas para defenderse de los riesgos del aislamiento y las tentaciones sexuales en procura de la perfección espiritual y unidad con Dios.
Aplicada de un modo más extenso continuó siendo una noción familiar durante toda la Edad Media. Reducirla a la pereza, como se hizo durante parte de esta época o a la melancolía, tal como ocurrió en otros momentos, es simplificar el problema. Era un "estado mental inusual" pero a diferencia de otros estados de este tipo como el éxtasis o estados de tránsito místico
Tendía a ser vista como un pecado.
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La historia de la acedia está ligada a los cambios de la relación entre la Cristiandad y la medicina.
En términos de Cassiano “Nuestra sexta lucha es con la acedia ... que perturba especialmente al monje alrededor de la sexta hora (mediodía). Algunos la vinculan al "Demonio del mediodía” del que habla el Salmo 19. Produce disgusto con el lugar en el que se está, desagrado con la celda, desprecio hacia los otros hermanos. Hace al hombre perezoso y enlentecido para todas las tareas que debe realizar en su dormitorio.
Dice SJ: "El apesadumbrado monje se inquieta: Se queja de que no sirve para esa vida espiritual, piensa que solo va a mejorar si deja el lugar. En su inquietud el tiempo pasa muy lentamente, suspira por compañía y busca alivio durmiendo”.
Si bien Cassiano parece comprensivo hacia el problema, deja traducir claramente una crítica hacia la pereza y pone énfasis en el trabajo. Muy frecuentemente la acedia aparece vinculada a tentaciones por el demonio. La estrategia en su contra apela a posiciones similares a las estoicas es decir combatir la pasión, viciosa en este caso. De Cassiano y luego de Gregorio Magno (540 - 604) surge la lista de los siete pecados capitales que incluían la acedia para Cassiano; en cambio la acedia quedaba incluida en la lista de Gregorio en el término "pereza" y en su lugar se agregaba la envidia.
En el siglo XII la acedia fue incluyéndose más en el terreno médico y se la vinculó con trastornos humorales con lo cual fue deslizándose hacia el terreno de la enfermedad y dejando el de vicio o pecado. Sin embargo nunca perdió su connotación moral negativa, asociada a la pereza.
En "el cuento del párroco de Chaucer"
(1342 - 1400) encontramos que la acedia surge de la amargura y está asociada a la pesadez, inestabilidad afectiva y enojo e incluye descuido de los deberes laicos y religiosos, pereza, dejadez, pena y desesperación.
Mientras la acedia tradicional implicaba una combinación de estados internos y conducta externa a lo largo del siglo XI se fue produciendo un cambio que enfatizaba más los fenómenos físicos (conductales) de pereza y embotamiento. En el Siglo XII los autores espirituales se inclinaron a destacar los fenómenos de lentitud espiritual interior, desgano y aburrimiento con los ejercicios religiosos y un estado mental abatido. Los escolásticos del siglo XIII sostuvieron esta tendencia y la acedia se acercó cada vez más a lo que en la actualidad se llamaría "estado depresivo".
Sin embargo la visión popular del problema seguía enfatizando la conducta externa y la veía más como pereza y vicio. Más adelante tendió a dividirse la situación en una "pena positiva" identificada con la llamada "Tristitia" en la tradición cristiana en la que el que la padecía debía ser objeto de cuidado, preocupación y tratamiento y por otro lado una "pena negativa", pecado o vicio contra el que se debía moralizar.
Vista en términos médicos la reacción era de compasión hacia el sufrimiento; en términos religiosos tendía a ser considerada con severidad y castigo. El enfoque en la conducta externa tendía a la moralización y el que se dirigía a la experiencia interna de sufrimiento hacia la empatía.
En la "Divina Comedia" Dante sitúa a los acediosos en el Infierno hundidos en el barro, emitiendo borborigmos que solo el poeta entiende "Fuimos tristes en este aire dulce que al sol se alegra, llevando dentro de nosotros un acidioso humo; ahora nos entristecemos en este negro pantano" Este himno lo gorgotean en el fondo de sus fauces ya que no pueden decir una palabra entera.
En el Renacimiento el término acedia fue perdiendo relieve. Sin embargo resultará de interés considerar la actitud de Santa Teresa de Jesús (1515 - 1582) hacia la ''melancolía" de sus monjas que, sin duda, correspondía aproximadamente a lo que acá llamamos acedia.
En su libro "Las
Fundaciones” el Capitulo 7 se titula:
De cómo se han de haber con las que tienen melancolía. Es necesario para las preladas.
1. Estas mis hermanas de San José de Salamanca - adonde estoy cuando esto escribo - me han mucho pedido diga algo de cómo se han de haber con las que tienen humor de melancolía. Y porque, por mucho que andamos procurando no tomar las que le tienen, es tan sutil que se hace mortecino para cuando es menester y así no lo entendemos hasta que no se puede remediar;
2. Torno a decir, como quien ha visto y tratado muchas personas de este mal, que no hay otro remedio para él, si no es sujetarlas por todas las vías y maneras que pudieren. Si no bastaren palabras, sean castigos; si no bastaren pequeños, sean grandes; si no bastare un mes de tenerlas encarceladas, sean cuatro: que no pueden hacer mayor bien a sus almas. Porque, como queda dicho y lo torno a decir (porque importa para las mismas entenderlo, aunque alguna vez, o veces, no puedan más consigo), como no es locura confirmada de suerte que disculpe para la culpa, aunque algunas veces lo sea, no es siempre, y queda el alma en mucho peligro; sino estando - como digo - la razón tan quitada que la haga fuerza, hace lo que, cuando no podrá más, hacía o decía.
Gran misericordia es de Dios a los que da este mal, sujetarse a quien los gobierne, porque aquí está todo su bien, por este peligro que he dicho. Y, por amor de Dios, si alguna leyere esto, mire que le importa por ventura la salvación.
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“Si no bastaren palabras, sean castigos; si no bastaren pequeños, sean grandes” |
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Desde el siglo XVII en adelante los sentimientos de culpa, claramente expuestos en las autobiografías de rnelancólicos, a las que nos referimos en el fascículo anterior, fueron un síntoma dominante en el diagnostico de melancolía. Sin duda el auge de la Reforma y posiblemente de la Contrarreforma, influyeron en su predominio. Es interesante el artículo de la primera edición de la Enciclopedia Larousse sobre melancolía. Allí el autor se despacha indignado contra la religión, atribuyéndole una parte importante en la génesis de la melancolía en función del énfasis religioso en el pecado. Veremos en el próximo Fascículo como Kraepelin (1855-1926), autor del concepto de enfermedad maníacodepresiva, se asombra de ver ausencia de sentimientos de culpa en los depresivos en Indonesia. También trataremos allí la disminución en las depresiones actuales, tanto en el mundo Occidental como Oriental de los sentimientos de culpa como síntoma patognomónico de la melancolía. |
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Un autor que influyó poderosamente sobre las filosofías
llamadas existencialistas del siglo XX fue el danés Sören Kierkegaard
(1813-1855). No podemos desarrollar aquí la complejidad de su pensamiento que,
enunciado de modo terminante, dice así: “Yo me atengo a la doctrina antigua
de la Iglesia que contaba a la melancolía entre los pecados mortales. Un hombre
no es melancólico por el hecho de padecer preocupaciones o aflicciones. Un
hombre no se vuelve melancólico por un sufrimiento impuesto; lo es solo por su
propia culpa" su pecado es de no desear de manera profunda y reconcentrada
esto equivale a inautenticidad del espíritu" . Vemos resonar en estas
tremendas palabras algo de lo que luego, en el existencialismo no religioso de Heidegger,
será la "existencia inauténtica".
¿Cuál es el sentido del "deseo" en Kierkegaard? ¿Cuál su concepción de "pecado"? Obviamente algo relacionado no con la "letra" sino con el "espíritu" y tampoco vinculado necesariamente a un castigo.
Pero llegando a este punto resultará claro que hemos llegado a un límite ante el cual, por razones de espacio y conocimiento, deberemos detenernos.

“Nostalgiosa llevo el alma por las calles de la ciudad ... busco al fondo de la calle un cerro pero encuentro el cielo y nada más”.
Alguno recordará esta popular zamba. Se refiere a lo que en una época fue considerado una forma de la depresión: el sufrimiento por estar alejado del país, del terruño o de la familia. En la actualidad no lo pensamos así y la nostalgia tiende a relacionarse con la capacidad de crear y mantener vínculos emocionales aunque a pagando por ello un precio: este dolor que, a semejanza del duelo por la muerte de un ser querido, requiere un “trabajo de duelo” que una vez completado permite el pleno goce de la situación o el lugar nuevos.
1 Fuente: En el año 1999, el laboratorio
SmithKline Beecham -actualmente fusionado con otro-, realizó esta serie en
formato papel, de una calidad gráfica y estética excelente. Sin mencionar ni
copyright, ni autores, no no es posible citarlos, a pesar de haber escrito a la
sucursal España -allí no se editó-, pues no he encontrado mail de la sucursal
argentina. La versión aquí presente es una adaptación ni fiel ni total del
trabajo.
Le agradezco a la Lic. Florencia Fernández Coria quien me ha proporcionado el
material