Melancolía y Literatura - Letra M

¡Todas las fiestas navideñas de las oficinas deberían ser abolidas! No existe forma de prevenir que por lo menos una pobre alma trate de enterrar sus represiones o melancolía por las fiestas mediante la bebida que termina o con una escena de la cual se arrepentirá más tarde o con una pelea sobre el derecho de introducirse en un automóvil y matarse o matar a un inocente.  El Milagro más Grande del Mundo. Og Mandino.


...por un largo instante se quedó en aquella posición, con el timón entre las manos y sus ojos grises llenos de melancolía mientras contemplaba la noche y la niebla impropia del mes de junio.

...Sus diabólicos ojos grises tenían un tono de grave melancolía.

...con su pálido rostro sereno y sin arrugas, su cabello de delicados rizos oscuros y los ojos tristes y cargados de melancolí
a. El Sueño Del Fevre. Martin


Pero me era imposible desechar la melancolía del dios ido. El hombre que parecía un caballo. Martínez


It is one of the most melancoly features in the social state on this country that we see, beyond the possibility of denial, that while there is at this moment a decrease in the consuming powers of the people, an increase of the pressure of privations and distress; there is at the same time a constant accumulation of wealth in the upper classes, an increase in the luxuriousness of their habits, and of their means of enjoyment. (Times de 14 de febr. de 1843.– Hansard, 13 de febr.). El Capital. Marx


no obstante que las cárceles son buenas e airosas, caen luego enfermos de melancolías y de otras enfermedades, que si no se diesen en fiado o se buscase otra manera de cárcel, se morirían...

a pesar de que se le había expresamente mandado que no saliese a la visita, sin dejarlo bien instruido de los negocios del Tribunal, se había marchado, tomando por pretexto, ya sus achaques y melancolías... Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima. Medina.


Ya con mayor sosiego, y en cierto modo reanimada por una esperanza tan falaz como presuntuosa, disuélvese toda aquella multitud, y cada cual sigue diverso rumbo, conforme a su inclinación o a su melancólica incertidumbre, buscando una distracción a sus desesperados pensamientos, a fin de entretener las enojosas horas hasta el regreso de su ídolo...Milton John

...allí se juntaban todas las enfermedades: el horroroso espasmo, los agudos tormentos, el agonizante desmayo del corazón, toda especie de fiebres, las convulsiones, las epilepsias, los rigurosos catarros, la piedra intestina y las úlceras, los cólicos rabiosos, el infernal frenesí, la siniestra melancolía, la lunática demencia, la lánguida atrofia, con el marasmo, la hidropesía y la peste devastadora, y las dopsias, el asma y el reuma que destroza la trabazón de los miembros. 

...«Uno hay», respondió Miguel, «que consiste en observar la regla de «No excederse», de guardar templanza en lo que se come y bebe, procurándose el alimento preciso, no los deleites de la glotonería; con lo que pasarán multitud de atos sobre tu cabeza. Así podrás vivir hasta que, como el fruto maduro, vuelvas al seno de tu madre; y no serás arrancado violentamente, sino que te desprenderás con facilidad cuando estés sazonado para la muerte, es decir, en tu ancianidad; y entonces sobreviviendo a tu juventud y a tu robustez, se convertirá en débil y caduca y encanecerá tu belleza; y torpes ya tus sentidos, quedarán yertos para el gusto que ahora sientes en los placeres; y en lugar de ese espíritu juvenil, confiado y vivaz, se inyectará en tu sangre un humor melancólico, frío y estéril, que amenguará tu vigor y acabará por consumir todo el bálsamo de tu vida.» El Paraíso Perdido. Milton.


DIEGO: Temo que está colérica agora.
Un alguacil conocido
llevaba por esa calle
una mujer de buen talle
presa hoy, y le he pedido,
como que era cosa mía,
por ella. Entonces salió
Ángela al balcón, no vio
y ha de haber melancolía
y celazos con extremos.
...
ALEJANDRO: Nació de mi cruel melancolía
horrendo monstruo, al fin. Nació mi daño.
¡Dichoso el que en extraño
imperio o mar se aleja,
y aquel paterno amor pone en olvido!
¡Dichoso el que se deja
la patria y varios reinos peregrina
sin ley ni disciplina!
...
ALEJANDRO: Averiguados
mis agravios están y mis cuidados.
Carlos anoche suspiró a mi puerta,
y Carlos en mi calle está de día.
Ángela quiere a Carlos. Cosa es cierta.
Testigo de ella ha sido el alma mía.
Pues si ella le regala, ella le ha dado
la joya y la cadena,
y a mi casa infelice la ha envïado.
¡Oh, casa de tahur, casa bien llena
de agravios, deshonor, melancolía,
cuán poco duró en ti nuestra alegría!
...
MADRE: ¿Qué graves melancolías
son las que ya te congojas?
¿Este necio amor de Carlos
es tu pena y es tu gloria?
No te agradan mis consejos,
y ansí, pobre, triste y sola
pasarás mísera vida
si con Carlos te desposas.
Toma ejemplo en mi esperanza,
ejemplo en mi industria toma;
pues me caso ricamente
más vieja y menos hermosa. La Casa del Tahur. Mira de AmescuaMishima Yukio


No es dolor lo que emana de su terso pecho, de su tenso abdomen, de sus caderas levemente inclinadas, sino una llama de melancólico placer, como el que la música produce. Las flechas se han hundido en la carne tersa… y pronto consumirán al cuerpo.


se embarcó de vuelta a Guatemala y que durante la travesía una noche en tanto la luz de la luna daba de lleno sobre el espumoso costado del barco con la más profunda melancolía y harto de luchar con los malos y con los buenos tomó los manuscritos y los desgarró uno a uno y tiró los pedazos por la borda hasta no estar bien cierto de que ya nunca nadie los encontraría de nuevo al mismo tiempo. Sinfonía Concluída. Monterroso.


bebían vino de la tierra y comentaban la melancolía de Hawkmoon. Los dos eran soldados y el conde Brass había sido estadista, pero ninguno poseía el vocabulario suficiente para tratar temas como las enfermedades del alma. Crónicas Del Castillo De Brass. Moorcock


En aquél momento miré de nuevo el agujero... Jamás podré describir, ni en el más melancólico poema -por muy tenebroso e inquietante que éste sea- la parte de la figura que asomó durante aquel breve instante por el otro lado del improvisado vano, para después retroceder, dejando que aquello que chorreaba por las paredes de la sala volviese a cubrir el agujero: ventana hacia un mundo exterior que aquél recluido ser parecía preferir ignorar por el momento. Una mancha en la pared. Marti


Al llegar a Valence, Diego de Anaya estaba tiritando por la elevada fiebre. La herida de los dedos presentaba mejor aspecto, pero el templario había estado todo el viaje en un estado entre depresivo y melancólico. En las noches se levantaba a veces con extrañas alucinaciones en las que creía verse crucificado junto al Señor, y cuando se despertaba, lo hacía irritado contra todos sus compañeros, como si le molestara que hubieran interrumpido su sueño. Un viaje desde el Temple a la Masonería. Mata Hernández.


 

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Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar