Melancolía y Literatura - Letra L

Sin embargo, lejos de haber ganado después de mi permanencia en ésta, observo que esta niña se entrega cada día más y más a una melancolía peligrosa, y temo de veras que su salud se altere...

No es raro que la melancolía y el disgusto del mundo sean síntomas prematuros de alguna enfermedad grave; los sufrimientos del cuerpo, como los del espíritu, hacen desear la soledad; y a menudo se trata de misántropo a quien deberíamos considerar como enfermo. Las amistades peligrosas. Laclos.


Los hombres pedían prestado, mendigaban y vendían a sus hijos a cambio de alimentos, y seguían trabajando por nada en una clase de trabajo que los lisiaba y acababa con sus vidas, se tornaban melancólicos y acababan locos. El señor del pasado. Lafferty.


Fíate en la Virgen y no corras (refrán cuyo origen no se concibe en un país tan eminentemente cristiano como el nuestro), encomendábame a todos ellos con tanta esperanza, que no tardó en cubrir mi frente una nube de melancolía; pero de aquellas melancolías de que sólo un liberal español en estas circunstancias puede formar una idea aproximada. Quiero dar una idea de esta melancolía, un hombre que cree en la amistad y llega a verla por dentro, un inexperto que se ha enamorado de una mujer, un heredero cuyo tío indiano muere de repente sin testar, un tenedor de bonos de Cortes, una viuda que tiene asignada pensión sobre el tesoro español, un diputado elegido en las penúltimas elecciones, un militar que ha perdido una pierna por el Estatuto, y se ha quedado sin pierna y sin Estatuto, un grande que fue liberal por ser prócer, y que se ha quedado sólo liberal, un general constitucional que persigue a Gómez, imagen fiel del hombre corriendo siempre tras la felicidad sin encontrarla en ninguna parte, un redactor del Mundo en la cárcel en virtud de la libertad de imprenta, un ministro de España y un Rey, en fin, constitucional, son todos seres alegres y bulliciosos, comparada su melancolía con aquélla que a mí me acosaba, me oprimía y me abrumaba en el momento de que voy hablando...
La melancolía llegó entones a su término; por una reacción natural cuando se ha agotado una situación, ocurrióme de pronto que la melancolía es la cosa más alegre del mundo para los que la ven, y la idea de servir yo entero de diversión... Artículos de costumbres

son todos seres alegres y bulliciosos, comparada su melancolía con aquélla que a mí me acosaba, me oprimía y me abrumaba en el momento de que voy hablando. El doncel de don Enrique el Doliente. Larra


, siempre fui consciente, al igual que ellas, de que los ojos de nuestras madres se posaban en mí con una mirada diferente, melancólica, reservada y, a veces, a medida. El asunto de Seggri. LeGuin


Media hora después, cuando Ghail entró en su habitación - observó con reprobación que llevaba más ropas de las acostumbradas -, estaba sumido en un abismo de melancolía. Un yanqui en las mil y una noches. Leinster


Una sombra de tristeza apaga el brillo de sus pupilas y entenebrece la expresión
melancólica de su semblante. Quilapan.


La pesada y sombría fachada del edificio se destacaba entre los altos olmos de la avenida y bajo el cielo gris plomizo de aquella mañana de otoño, con tonos lúgubres que despertaban en el espíritu las ideas melancólicas q1ue evocan las tumbas y los cementerios. El calabozo N° 5. Lillo


MENGO:     Yo no sé filosofar;
leer, ¡ojalá supiera!
Pero si los elementos
en discordia eterna viven,
y de los mismos reciben
nuestros cuerpos alimentos,
cólera y melancolía,
flema y sangre, claro está. Fuenteovejuna. Lope de Vega


...pero más tarde la amiga de mi esposa no tuvo dudas de que los ojosLovecraft Howard P de aquel rostro eran sin duda alguna los tristes y melancólicos del propio Edward. El ser en el umbral.

...la lúgubre melancolía que durante mi infancia había emanado del lugar, pero especialmente de la terrible presencia de mi tío abuelo Uriah y del cerrado desván donde nadie se atrevía a entrar pese a la frecuencia con que lo hacía el dueño de la casa. Debe ser normal que al fin decidiera recoger el desafío que para mí suponía la existencia de ese desván. La sombra del desván. Lovecraft.


 

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Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar