Canto esos campos en calma,
donde el Señor ha vertido
soledades para el alma,
deleites para el sentido;
campos de donde han tomado
dulzuras mis canturías;
campos que han dulcificado
mis tristes melancolías;
campos que han sido testigos
de mis dolores-secretos;
campos qué son mis amigos
más leales y discretos; Sólo para mi lugar, Galán
Y abriendo los ojos húmedos, empañados de calentura amorosa, clavó en los cielos radiantes la mirada melancólica y sumisa del erotismo enfrenado. El vaquerillo, Galán
La armonía hecha carne tú eres
el resumen genial de lo lírico.
En ti duerme la melancolía,
el secreto del beso y del grito. El canto de la miel. Lorca
Llevas en la boca lo melancolía
de pureza muerta, y en la dionisíaca
copa de tu vientre la araña que teje
el velo infecundo que cubre la entraña
nunca florecida con las vivas rosas
fruto de los besos. Elegía. Lorca
La quietud hecha esfinge
se ríe de la muerte
que canta melancólica
en un grupo
de lejanos cipreses. Patio Húmedo. Lorca
¡Cuánta melancolía
tienes entre las casas
del poblado!
¡Qué clara es tu virtud! Aguantas
cuatro carros dormidos,
dos acacias,
y un pozo del antaño
que no tiene agua. El Camino. Lorca
Aprendí secretos de melancolía,
dichos por cipreses, ortigas y yedras;
supe del ensueño por boca del nardo,
canté con los lirios canciones serenas. Invocación al laurel. Lorca
En la tristeza húmeda
el viento dijo:
-Yo soy todo de estrellas derretidas,
sangre del infinito.
Con mi roce descubro los colores
de los fondos dormidos.
Voy herido de místicas miradas,
yo llevo los suspiros
en burbujas de sangre invisibles
hacia el sereno triunfo
del Amor inmortal lleno de noche.
Me conocen los niños,
y me cuajo en tristezas.
Sobre cuentos de reinas y castillos
soy copa de luz. Soy incensario
de cantos desprendidos
que cayeron envueltos en azules
transparencias del ritmo.
En mi alma perdiéronse solemnes
carne y alma de Cristo,
y finjo la tristeza de la tarde
melancólico y frío.
Soy la eterna armonía de la Tierra,
el bosque innumerable. Ritmo de otoño. Lorca
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura. Pequeño vals vienés. Lorca
El duende de que hablo, oscuro y estremecido, es descendiente de
aquel
alegrísimo demonio de Sócrates, mármol y sal que lo arañó indignado el día
en que tomó la cicuta, y del otro melancólico demonillo de Descartes,
pequeño como almendra verde, que, harto de círculos y líneas, salió por
los canales para oír cantar a los marineros borrachos. Teoría y juego del
duende. Lorca
Que nosotros aquí de noche y día
haremos con la espina de la pena
una guirnalda de melancolía. A MERCEDES EN SU VUELO. Lorca
Cuando los Amadises murieron, el uno de
fiebres melancólicas, y el otro
acribillado en un pleito de rivales, la mujer
enterró los cadáveres en el patio, despachó a las catorce sirvientas
descalzas, y siguió apacentando sus sueños de grandeza en la penumbra de la
casa furtiva, gracias al sacrificio de la nieta bastarda que había criado desde
el nacimiento. La Increible y Triste Historia de la Cándida Eréndira y su
Abuela Desalmada.
Quince días después desertó. Encontró a Amaranta más ajada que en el recuerdo, más melancólica y pudibunda, y ya doblando en realidad el último cabo de la madurez, pero más febril que nunca en las tinieblas del dormitorio y más desafiante que nunca en la agresividad de suresistencia. Cien años de soledad. Marquez
Me desesperaba verla languidecer así. Conmovida por mi dolor, ella me sonreía dulcemente con la expresión melancólica de quienes sabes que pronto deben morir. La muerta enamorada. Gautier.
Me asaltó un sentimiento de melancolía, un sentimiento como si yo tuviera que vivir aquí y como estos pobres emigrantes, hubiese cortado esa esperanza de regresar algún día al terruño. Viaje por el Perú. Gerstäcker.
¡Bien! ¡Con gusto te dejo descansar! No hace falta que te pongas tan serio para decírmelo. No se pierde
mucho dejando a un acompañante tan ineducado, loco y melancólico como tú. Fausto.
Goethe
Es la mañana un rayo de alegría
tras noche de tormento y agonía;
es el olvido noche interminable
tras vaga luz de fugitivo día.
Irradia siempre, no te eclipses nunca,5
oh Sol de venturanza y poesía.
late, oh fogoso pecho enamorado,
sin conocer vaivenes ni falsía.
Huye, oh funesto olvido, que en tus alas
escondes saturnal melancolía.
No vengas nunca, oh noche, que en tus sombras
guardas el frío de la tumba fría. Gacela.
...
¿Guardo yo reminiscencias
de otros mundos y otras vidas?
¿De pasiones siderales
llevo cálidas cenizas?
¿Por qué la negra nostalgia,
la tenaz melancolía?
Me han herido en otra parte,
y aquí me sangra la herida. Trozos de vida. Gonzalez
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