Loreto García García
¿Por qué la elección de este tema? En primer lugar por su creciente importancia como causa de discapacidad y muerte prematura (riesgo de suicidio), así como por el peso económico que las depresiones ocasionan de forma directa o indirecta; en segundo lugar por los numerosos interrogantes que despierta en cualquiera de sus vertientes. Son muchos y muy variados los aspectos de que trata este libro. Comienza con una revisión bastante compleja de los rasgos históricos de la melancolía desde la tradición aristotélica hasta la configuración de la psiquiatría como especialidad dentro de la medicina, pasando por las principales teorías de cada época.
En el capítulo dedicado a la nosografía, crítica tanto la inconsistencia de ciertas categorías diagnósticas, ahora en auge, como los trastornos depresivos mayores y distimia, en detrimento de otras categorías clásicas bien establecidas como la melancolía o la depresión endógena. En este libro se consideran en capítulos independientes la depresión mayor, la depresión psicótica, la distimia y la melancolía así como los trastornos bipolares. La filosofía que ampa ra estos capítulos es tratar en profundidad cada categoría bajo un prisma crítico que avale o refute su condición de trastornos independiente. Se plantea también el papel de la personalidad en la etiopatogenía de estos trastornos, cuestión fundamental sobre todo en las depresiones no melancólicas, así como su influencia sobre el curso y respuesta al tratamiento. Otros capítulos se ocupan de problemas específicos como las depresiones atípicas, los trastornos esquizoafectivos, la depresión postpsicótica las depresiones de causa orgánica y las depresiones en el seno de alcoholismo y las toxicomanías, asociaciones estas últimas cada vez más frecuentes y que ensombrecen el pronóstico.
Tampoco faltan capítulos dedicados a la etiopatogenía de los trastornos afectivos. En ellos se señalan las ventajas de los modelos neurobiológicos, basados en las disfunciones de determinados circuitos neurológicos -que integran los conocimientos de la clínica con los nuevos datos procedentes de las técnicas de neuroimagen y los avances obtenidos en la investigación neuroquímica-, frente a los modelos clásicos dominantes hasta hace poco en los cuales se atendía tan sólo a una determinada orientación (psicología, neuroquímica, fenomenológica, etc.).
Seguidamente, y enlazando con lo anterior, se analizan los factores de riesgos implicados en los trastornos afectivos, destacando como más relevantes ser mujer, edad joven, estado civil soltero y/o divorciado, nivel socioeconómico bajo. Algunas de las preguntas planteadas aquí son: ¿constituyen estas variables por sí mismas factores de riesgo o lo son en la medida en que se asocian a otras de tipo psicosocial como el estrés, el apoyo social, las estrategias de afrontamiento...?, ¿de qué manera ejercen influencia los factores de vulnerabilidad sobre los sociodemográficos (o viceversa) para establecer las diferencias de grupo que la epidemiología psiquiátrica describe?.
Las respuestas, para el autor de este capítulo, pasan por un planteamiento de estudios longitudinales e intervenciones experimentales que superen la metodología transversal usada hasta el momento; este esfuerzo supondría un avance no sólo en el conocimiento de la etiopatogenía sino también en la terapéutica y el pronóstico de estos trastornos. Y para aquellos que quieran profundizar más en algún aspecto concreto, al final de cada capítulo encontrará una extensa bibliografía para consultar.