
Pasados cinco meses de encarcelamiento, Christine, aislada de su hermana, presenta una crisis de agitación violentísima, con alucinaciones terroríficas. Durante otra crisis trata de sacarse los ojos, sin conseguirlo, por cierto, pero no sin lastimarse. La agitación furiosa hace necesario esta vez el uso de la camisa de fuerza. Se entrega a exhibiciones eróticas; después aparecen síntomas de melancolía: depresión, negativa a tomar alimentos, autoacusación, actos expiatorios de un carácter repugnante; posteriormente, en varias ocasiones, suelta frases de significación delirante. Christine declaró haber simulado alguno de esos estados. Digamos, sin embargo, que esa declaración no puede tenerse en modo alguno como la clave de su índole: el sentimiento de juego suele ser experimentado en tales estados por el sujeto, sin que su comportamiento sea por ello menos típicamente mórbido.
Esta suerte de introyección que deviene conservadora ¿no tiene rasgos comunes con la comunión religiosa? Se nos dice, página 172, por lo menos en la Neurosis Obsesiva , donde se engulle sin masticar, se agrega, puesto que es para comentar los sentimientos de felicidad en esta fantasía que no comparta ninguna destrucción semejante en ello a la fantasía de succión de la melancolía de Abraham.
Esta suerte de introyección no se podría calificar de pasiva parece mejor el nombre de conservadora. "¿No tiene rasgos comunes con la comunión religiosa, donde se traga sin masticar?".
No hay en eso rasgos elegidos, diría yo, de una manera tendenciosa. Melancolía de Abraham. Es en torno de algo que sentimos que se piensa, en torno de una suerte de práctica o de ascesis que juega principalmente sobre las fantasías, que sin duda con un dosaje, con barreras, con un frenado, con etapas, con todas las precauciones que comporta la técnica, vemos realizarse esto que permitirá al sujeto de la neurosis obsesiva tomar relaciones de las que en fin de cuentas vemos mal lo que en ello se desea, pero que seguramente conciernen a lo que se llama la distancia con el objeto.
Vemos, aquí, una primera correlación de lo que marca bien la evolución y los hechos, una evolución y una correlación esenciales de algo que lleva al caso de Hamlet es sobre su posición respecto del deseo. Fíjense que nos encontramos, ahí, de golpe, confrontados al pasaje con el psicoanalista salvaje, Polonio, el padre de Ofelia que, de inmediato, mete el dedo en el trasero: la melancolía de Hamlet. Es porque le ha escrito cartas de amor a su hija y que él, Polonio, no faltando a su deber de padre, ha hecho que su hija responda agriamente. Dicho en otros términos, nuestro Hamlet está enfermo de Amor.
En los términos de la ciencia moderna, ¿a qué nos identificamos?. No creo, incluso, que haya una sola rama de la ciencia, que sea aquella en la cual nosotros hemos llegado a los resultados más perfectos, más pujantes, ni que sean aquellas mismas donde la ciencia intenta bosquejarse, dar el primer paso, como en los términos de una psicología behaviorista... Tanto que, en ultima instancia, estamos seguros de ser engañados en cuanto a lo que hay allí que conocer, que incluso cuando nos encontramos con una de las formas de esta ciencia que aún es balbuceante, que pretende imitar, como el pequeño personaje de La melancolía de Durero, el angelito que a los costados de la gran melancolía comienza a hacer simple behaviorismo, es decir que vamos a contentarnos con mirar, sobre todo que nos rehusamos desde el inicio mismo a toda visión que comporte esta asunción, esta identificación a lo que esta delante de nosotros.
Seguramente desde el primer abordaje, desde que hacemos con la mirada el rodeo de lo que nos aporta la meditación freudiana, vemos bien que algo desde el principio resiste, que es precisamente aquello por lo cual he comenzado a abordar con ustedes este año el problema de la ética del análisis; y que si hay algo de entrada que Freud nos permite medir es el carácter resistente, el carácter paradójico, la aporía práctica, que no está del todo en el orden de las dificultades, paradojas de la unión con esta naturaleza mejorada (o este mejoramiento natural), es algo que se presenta enseguida con un carácter de malignidad, de mala incidencia — es el sentido de la palabra maligno muy particular— , y es aquélla que Freud en el curso de su obra desprende cada vez más hasta el punto en que la lleva a su máximo de articulación en el "Malestar en la Cultura", o aún cuando estudia los mecanismos de un fenómeno como la melancolía.
Entonces a Jung que plantea esa cuestión, y efectivamente ustedes sienten que lo que está en cuestión para Jung en esa senda, es en el fondo el drama que representa para todo individuo el hecho de que sea el mismo padre, el mismo padre muerto quien esté en el origen a la vez del significante del Nombre 'del Padre y a la vez del superyó, de ese superyó persecutorio, casi melancólico, dado que la incorporación en el fondo que hace más del padre, el duelo que hacemos del padre en tanto que es o que sería ese individuo inacabado que por habernos hecho mejor que eso, es un duelo imposible que linda con la melancolía.
(1) Las citas tienen que ver más con la aparición del significante melancolía, que con el concepto de la misma