Estados delirantes en la melancolía

Pierre Janet

En la locura, entre sus diversos aspectos, hay dos muy interesantes que son: la melancolía simple y la melancolía delirante, en las que, además de la tristeza, hay otras consideraciones dignas de mencionarse.

En una persona normal, la apreciación "tengo frío" es tan real como esta otra: "tengo necesidad de sufrir". Jouffroy ya lo ha dicho: la psicología es una ciencia de lo particular; y, del mismo modo que se hacen las apreciaciones anteriores en concreto, pueden hacerse otras análogas como "tengo sueño", "tengo hambre", etc.; pero las aseveraciones en una persona enferma, mentalmente hablando, no están en consonancia, frecuentemente, con sus condiciones corporales.

Para comprobar este aserto, nos referiremos a una señorita de 18 a 19 años, que padecía de anorexia. La falta de apetito estaba en relación con trastornos digestivos; y como manifestaba que los alimentos le hacían mal al estómago, disminuía la ración poco a poco, al grado de no comer casi nada. Se decía débil por la falta de ingestión de comida, agregado esto a una ptosis visceral que tenía. "Voy a la tuberculosis", decía con frecuencia, y sin embargo caminaba, hacía sus quehaceres, iba a diversiones, etc. No tenía conciencia alguna de fatiga. Más adelante nos detendremos en lo que se llama la inversión de la fatiga y que consiste en que el reposo la aumenta. El paciente portador de esta afirmación, la que parece antinomia, asevera: "a medida que descanso, me canso más". Se trata, pues, en el caso señalado, de delirio de fatiga, de falsas percepciones de ella, que como tales enseñan que no hay un fondo visceral que sirva de base, es inventado.

Fuente: http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/fondo2000/vol1/psicologia/6.html

 

  Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar