Rosa Mirta Goldstein
Asociación Psicoanalítica Argentina
Marguerite Duras decía que el alcohol cumplió para ella la
función que no había cumplido Dios, es decir, que el alcohol era para ella la
marca en el cuerpo de una consistencia que no poseía; sabía de su carencia
pero no sabía que carecía de una consistencia imaginaria que la escritura podía
remedar en parte por lo cual había un resto de esa consistencia ausente que
solamente se tramitaba por la adicción. A través de este comentario quiero
introducir uno de los graves problemas clínicos a los cuales nos enfrenta la
cultura de nuestros días, cual es la desconstitución del anudamiento simbólico
e imaginario. Solemos escuchar que la caída del padre en la cultura provee de
los males de nuestra época; lo que nos cuesta comprender es que dicha cáida
arrastra consigo la realidad que es imaginaria y gran parte de las funciones
yoicas. Entonces asistimos a la caída de la representación moderna de la ley y
la ética y a la explosión de real que esto generó y seguirá generando, pero
todavía no hemos visto lo peor de sus efectos en el narcisismo y en el campo de
la objetalidad. Recordemos que el objeto lacaniano es un nudo de goces que a
veces se encarna en cosas, en partenaires o en sintagmas lingüísticos; la
condición fetichista descubierta por Freud en el brillo en la nariz, es un
objeto cuya materialidad es la lengua hablada. Cuando el objeto como nudo de
goces está fuera de su lugar y por lo tanto de su función de causa del deseo,
entonces aparece en sus versiones real-imaginarias; en lugar de estar como
intermediario del goce sosteniendo el deseo, pasa a ser el objeto-consumo de la
anhelada satisfacción imposible. Recordemos que la pulsión no se satisface,
pues en tanto pulsión de muerte es tributaria de la repetición.
La droga, como problema social, no responde solamente al monopolio económico de
los narcotraficantes, sino que éste tiene éxito pues la droga cumple una función
de suplencia del padre simbólico e imaginario. La caída de los ideales y los
ídolos, como anunciaba Nietzsche, arrasa con la tensión yo-ideal- Ideal del
Yo. Esto tiene graves consecuencias sociales y en los sujetos.
A lo largo de la historia las drogas sirvieron para invocar a los dioses y
asemejarse a ellos. En la modernidad los dioses son bastardos, restos caídos a
los cuales el drogadicto se identifica. Las divinidades de hoy son los dioses
muertos del ayer, son sus espectros de igual modo, tras la droga se esconden
fuertes inhibiciones -a pensar y a producir- que antes fueron síntomas.
Lo que se ha divulgado como psicosomática y la drogadicción mantienen entre sí
semejanzas y diferencias. Ambas se desvían del campo creado por la pérdida de
objeto, de das Ding, y presentifican a cualquier cosa o elevándola a la categoría
de objeto causa o volviendo al objeto causa una cosa. El propio cuerpo
deslibidinizado, desprovisto de sus galas narcísicas cae como objeto en la
psicosomática y en la adicción la cosa es elevada a objeto; estos dos cuerpos:
el cuerpo enfermo y doliente y el objeto droga, sea éste en sus múltiples
facetas y formas, la más de las veces encubiertas, presentifican la cara de
resto, de abyecto del objeto a. El objeto a tiene varias definiciones o facetas,
las más conocidas son las de objeto causa del deseo, de resto o desecho y la de
goce de la vida o aquello que como objeto pulsional sostiene el sentimiento de
la vida ligando el principio del placer y el más allá. La drogadicción y la
psicosomática son formas del goce del Otro, del amo, del superyó ideal. Ambos
tienden a la desmezcla pulsional, al dolor, al más allá del principio del
placer. Ambos retraen narcísicamente al sujeto apartándolo del interés por el
mundo. En esto es que se acercan a la melancolía. Las tres, psicosomática,
drogadicción y melancolía dejan de sostener el goce de la vida lo cual conduce
a cualquiera de las múltiples formas del suicidio conscientes o inconscientes.
La adición y algunos accidentes son pasajes al acto y la psicosomática es un
pasaje al acto del cuerpo que se deserotiza. En todos encontramos una
identificación del sujeto a la cara de resto del objeto a, al a cadavérico
pues falla el fantasma en sostener el deseo.
Un joven de 20 años cocaínomano hacía pocos meses que no consumía cocaína
pero sí marihuana, alcohol y tabaco; venía diciendo insistentemente "yo
hago lo que quiero". Un día avisa que va a llegar más tarde; cuando se
sienta dice: me siento una mierda, hoy tomé, (se refiere a inhalar cocaína)
por eso llegué tarde. Fui a visitar a Ana y ella estaba tomando, yo le decía
que la tenía que dejar, que la hacía mierda, y al final le pedí, perdí mi
meta. Me sentía una mierda, no quería volver, no sabía si confiar en vos y
decírtelo, pero sos mi analista; me sentía muy mal, yo no soy drogadicto. Yo
hago lo que quiero...
A: -¿quién hace lo que quiere? sos o no sos drogadicto?
P: -Bueno pensaba que no.
P: -yo hago lo que quiero y no hago lo que quiero, soy y no soy drogadicto.
Si bien no tomamos esta disyunción como una modificación subjetiva, es el
primer requebrajamiento del Ideal yoico: hacer lo que quiero. Ahora el objeto
quiere con tanto fuerza como su Yo. Luego el sujeto se pierde tras el yo o tras
el objeto. Perdí mi meta revela la caída del deseo y el objeto anal toma el
valor del objeto fálico. Si el semejante cae en su deseo, desfallece ante él
la amiga, se vuelve su doble especular. Cada vez que se presentifica el
desfallecimiento del partenaire, del doble, la mierda o el veneno tomarán sobre
sí la responsabilidad de la vida en lugar del objeto en su faz de causa y sostén
del deseo que comanda la estructura del fantasma.
Por ello prefiero hablar de goces del Otro orgánicos y adictos que se
constituyen en suplencias de la pérdida de la consistencia imaginaria del
sentimiento de sí y del cuerpo. El sentimiento de sí puede estar solamente
sostenido imaginariamente lo cual precipita su derrumbe, o puede estar ligado a
lo simbólico, al campo de la función paterna lo cual evita el extravío del
sujeto. Este mismo joven comenta en otras sesiones: "a mi padre lo quiero
mucho, pero ahora es todo con los amigos, no hablo con mi padre, no me hizo
faltar nada, si quería la bici la tenía, pero los amigos son todo". Tiene
amigos delincuentes y no le importa, drogadictos y no le importa; en realidad
son partenaires que sostienen la especularidad en un punto de fragilidad para no
enfrentar la castración del Otro. Podemos enunciar esta posición de la
siguiente manera: Todos hacen lo que quieren, para lo cual no hay excepción ni
en el campo del semejante ni en el campo del Otro, así evita a enfrentar la
castración de su padre que por trabajar con él le paga cinco pesos por semana.
Dos son los tiempos fundantes de la división subjetiva: el primero es la
alienación a la imagen en el estadio del espejo, o a la imagen fálica para la
mirada de amor del Otro; ésta mirada es la que después tendrá que desplazarse
a los objetos del mundo. El segundo tiempo es el de la alienación al
significante por lo cual el objeto estará definitivamente perdido; el goce que
deviene de la pérdida de objeto y su desencarnadura del soma posibilitan la
recuperación del goce a través de la palabra o goce fálico. Una vez
establecidos en un lazo estructurante cuerpo erógeno y discurso o pulsión y
lenguaje queda abierta la tramitación elaborativa del duelo.
En Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan al distinguir
entre celos y envidia (in -vidia) dice que la palidez del niño viendo mamar a
su hermano, escena descripta por San Agustín, es un momento fundador en tanto
ella es una imagen fundante de su deseo frente a la cual se pone pálido porque
ella es la imagen misma de la completud que lo excluye. Este momento iniciático
es de extremo desvanecimiento del sujeto que llamativamente adviene allí mismo.
De este momento puede aparecer la triangulación si el niño desdobla la imagen
en un otro al que puede odiar y un objeto a mirada que le es causa de deseo.
Pasa entonces a los celos y a la actividad fantasmática. El doble se convierte
en un semejante; en este tiempo el registro imaginario se anuda a lo simbólico
vía la función especular, o sea, se genera una tensión que va del prójimo al
semejante por el advenimiento del Otro. De lo contrario, el derrumbe de la
posibilidad de un sujeto puede ser definitivo pues la imagen especular (i(a)) ha
reabsorbido al sujeto en el Otro materno primordial sin castrar lo que equivale
al goce de ser tragado; este goce del Otro aparece a nivel de la pulsión oral
como anorexia. Si ni siquiera aparece apertura de la pulsión oral y escópica,
estamos en el autismo. La definición del autismo puede ser "quedar fuera
de la alienación" y por lo tanto sin narcisismo pulsional. El autista
forcluye al Otro real de la identificación primaria, el esquizofrénico
forcluye al Otro de la invocación o del llamado o del amor, el anoréxico está
amenazado por el Otro de la necesidad, el orgánico forcluye localmente al Otro
de la demanda, el drogadicto en el objeto de la demanda oral o inhalante anal
reincorpora al Otro de la demanda para hacerse destruir y rechazar melancólicamente
desde su interior. Luego debemos distinguir al hablar de goces orgánicos y
adictos tres niveles: el primer nivel de las operaciones desconstituyentes o
forclusivas imaginarias que a veces se acompañan de una forclusión del Nombre
del padre pero las más de las veces de su desmentida irreversible, por ello nos
encontramos más cercanos al campo de la acción: la impulsión y la compulsión
casi inabordables por la interpretación; el segundo es el nivel de los diversos
goces del Otro y el tercer nivel de la aparición real del objeto cuando hay
deslocalización del goce fálico y ex -topía del sujeto dividido o fuera del
lugar de la palabra.
Hoy voy a proponerles considerar a las afecciones somáticas y adictas como
suplencias. Intentaré mostrar qué es una suplencia, de que manera se organizan
suplencias reales dentro de la estructura de lenguaje o de la tensión narcísico-objetal,
es decir pulsional, y como la suplencia somática aparece cuando la tensión
narcísico-objetal se rompe por errores de anudamiento entre los registros
Imaginario, Simbólico y real.
En las estructuras clínicas encontramos variancias e invariancias relevantes,
es decir, los modos en que ellas mismas generan dentro de sí, órdenes
diferentes cerrados o abiertos, caóticos o estables. Entonces hay suplencias
somáticas en las neurosis, las psicosis y las perversiones. Mientras en las
psicosis Lacan habla de holofrase como forclusión del significante del Nombre
del Padre, aquí nos encontramos con una forclusión localizada del Nombre del
Padre que reguarda al sujeto fantasmático, aunque a veces, como en la debilidad
mental no orgánican el sujeto se halla desvanecido por tan largo tiempo que
esto deviene en secuelas irrecuperables.
Las suplencias son nuevos órdenes de estabilidad que se autoorganizan a partir
de forclusiones o desgarros del nudo siendo su función la de reparar esas
fallas.
El sufrimiento proviene de una falla estructural e inevitable en el acople entre
el límite somático de la pulsión y la fijación al significante; decimos que
hay una dirección progrediente y otra regrediente entre el límite somático de
la pulsión y lo propiamente inconsciente por lo cual se pasa del dolor somático
al psíquico y a la angustia y viceversa.
Cuando el gozar orgánico aparece en la trasferencia analítica, podemos
rastrear el origen pulsional de la elección de órgano considerando la ruptura
de la reversibilidad que sostiene la pulsión como límite entre lo somático y
lo psíquico. Aún en las afecciones terminales, seguimos estando dentro de la
estructura del lenguaje en la cual lo real es el goce orgánico.
Cuando Lacan hace de Joyce un "caso" clínico, encuentra en él
estabilizaciones por suplencias en los registros imaginario y simbólico. Luego
el caso Joyce de Lacan permite entender la suplencia del déficit yoico por el
Ego y la carencia paterna suplida por el hacerse de un Nombre Propio a través
del estilo singular de su escritura; sin embargo no permite entender por qué no
se revirtieron o atenuaron las lesiones orgánicas con las cuales éstas
suplencias alternaban, como el glaucoma y la úlcera péptica por la cual muere.
Considero que ciertas lesiones de órgano son en sí mismas suplencias que
reparan desequilibrios narcísicos y sublimatorios y que constituyen a veces una
estabilización transitoria, otras definitiva y otras de recurrencia cíclica.
La suplencia orgánica puede evitar el desencadenamiento psicótico y perverso,
de la misma manera que éstos pueden evitar el desencadenamiento somático.
Joyce duela al modo somático; el glaucoma y la úlcera que padecía seguían a
la edición de sus libros o a la interrupción de la escritura.
Hay suplencias irreversibles e irreductibles pues reducirlas en la cura
equivaldría al estallido de la estructura; hay suplencias abiertas y
sublimatorias y hay suplencias como el gozar orgánico de estructuración
cerrada y limitante.
El "gozar orgánico", propio de la suplencia somática, se constituye
en un goce ininterpretable por su determinación extremadamente cerrada y
acumulativa de la excitación, lo cual no obstruye que se pueda bordear en análisis
el montaje fantasmático que se construye por sobre la suplencia. Esto voy a
ejemplificarlo luego a través de un caso clínico.
Freud encontró que la necesidad de punición inconsciente llevaba a un
matrimonio desdichado o una enfermedad orgánica. Lo peculiar de este
descubrimiento clínico es el carácter intercambiable entre neurosis y padecer
orgánico. Otro antecedente importante lo encontramos en Ferenczi, quien al
hablar de las patoneurosis, muestra con gran visón clínica, la secuencia entre
la lesión orgánica y el montaje de una neurosis o una psicosis como ese
"algo nuevo" que suple la brecha entre la lesión de órgano y la
reacción narcísica concomitante. La suplencia somática es una neo formación
que constituye ese punto débil donde lo Real vuelve siempre al mismo sitio: a
lo real de la lesión o de la complacencia somática. Luego la suplencia somática
no puede ser de otro modo, es un baluarte de lo real viviente que escapa a la
simbolización. De ahí su correspondencia con otras apariciones en lo real como
las alucinaciones o los pasajes al acto.
Tal como dije anteriormente las apariciones somáticas son efecto de un montaje
peculiar entre la forclusión simbólica local del significante del Nombre del
Padre que produce que algunos significantes estén holofraseados y la forclusión
imaginaria local del sentimiento de sí del cuerpo libidinal por lo cual en los
puntos holofraseados el sujeto se compacta con el Yo y de él quedan signos en
lugar de significantes. Entonces voy a referirme a un modo particular de
destitución del sentimiento de sí o "amor propio del Yo" del cual
Freud dice se carece en la melancolía y a lo cual agregamos, no solamente pues
en la psicosomática la parte enferma es vivida como extraña.
El Estadio del Espejo introduce con el narcisismo la diferencia entre ser
viviente y cuerpo erógeno en el tiempo pulsional: "verse". El cuerpo
erógeno está sostenido por la imagen especular para demandarle al Otro
primordial los signos de su amor. Por ello el sentimiento de sí es también
"amor propio" de los signos del amor del Otro.
La forclusión de la investidura libidinal del cuerpo o del amor propio del Yo
rechaza la inscripción normativa de lo invisible del objeto a en el nivel
imaginario. La líbido, por ejemplo, es invisible. Este rechazo puede tener como
efecto que las mucosas y la piel, tal como Freud las consideraba exteriores al
Yo, adquieran visibilidad y materialidad somática en lugar de la materialidad
libidinal y significante. Esta visibilidad es fácilmente localizada en las
afecciones de la piel pero también en las úlceras sangrantes, en las
hemorroides, en el dolor generalizado. ¿Qué se come la úlcera sino la
investidura libidinal del soma?
Cuando lo invisible no se constituye en tanto castración imaginaria, aparece la
economía del goce somático que oscila entre dar a ver como lesión y perder de
vista al sentido de sí y al objeto en su función de otro de la demanda de
amor. Este dar a ver y perder de vista se repite traumáticamente como repetición
real en la organicidad y en ciertas cirugías o tatuajes a repetición o como
repetición imaginaria en adicciones, impulsiones e inhibiciones. En cambio,
cuando el sujeto puede perderse de vista para el Otro primordial, es decir, hay
separación del objeto a "mirada", el perder(se) de vista equivale al
duelar; cuando el duelar fracasa aparecen o el dolor somático o la angustia, o
la melancolía. El duelar está sujeto a la repetición significante por la cual
el objeto perdido y las partes del Yo depositadas en él se recuperan a nivel
simbólico. En cambio, en el pasaje al acto el sujeto se pierde conjuntamente
con el asesinato del objeto y se lo recupera para volverlo a asesinar en el
retorno siempre de lo mismo o repetición real. Por otra parte se nos plantea el
problema de cual es el sujeto de esa aparición extraña o goce somático. Si
decimos que hay un rechazo localizado de lo inconsciente y por lo tanto no hay
ahí ni procesamiento primario ni secundario, en eso se es un tumor, un eczema
en una lengua muda: irrepresentable e inaudible.
El gozar somático estaría del lado de una locura corporal o de un pasaje a lo
real viviente luego el sujeto orgánico está ex -tópico al descentramiento con
el Yo y por fuera del goce fálico, y entonces fundido a lo real del Yo. Lo
propio del amor de sí corporal se integra al Yo cuando se constituye como
producido por la función de la imagen especular. Si falta y no se integra puede
dejar al imaginario a la deriva, sin investidura del cuerpo que a través de lo
simbólico aprehenda su real. Cuando la nominación del registro Imaginario
escribe su castración, se escribe lo invisible del objeto a en el nudo normal
de la neurosis, hay allí sujeto inconsciente porque se pierde en lo simbólico
el si mismo narcísico, se recupera imaginariamente el sentimiento de sí
correlativo a la unificación del Yo, al fantasma y a la separación del objeto
a "mirada" o goce de la pulsión escópica. La separación del objeto
a en el nivel imaginario deja como borde el amor a sí mismo del yo o moi. La
identificación imaginaria unifica. Al mismo tiempo se expulsa en el otro esa
parte de sí fragmentada y se separa el objeto a como pérdida parcial del sí
mismo. Triple movimiento de unificación y expulsión vía identificación con
el otro especular de la tensión de agresividad, cuya eficacia es la de ubicar
la diferencia entre prójimo y semejante.
Sólo al final de sus tres tiempos el Yo se torna consistente y adquiere unidad
siendo que es multiplicidad de reflexiones e identificaciones imaginarias
sostenidas por el Nombre Propio. Si el Nombre Propio deja de sostener la unidad
que introduce el Yo, lo que queda fuera de esa unificación corporal, aparece
como lo fragmentado: el órgano enfermo, lo mutilado.
En lo pulsional podemos decir que el anudamiento borromeo imaginario- simbólico-
real sostiene los tiempos pulsionales. Los tiempos freudianos: ver, verse, ser
visto fueron modificados por Lacan para el cual el tercer tiempo o
verdaderamente subjetivo corresponde al hacerse mirada. Hoy considero
conveniente agregar una nueva puntuación sobre este tercer tiempo a saber: el
tiempo del hacerse invisible para la mirada y el ojo del Otro. Cuando este
tercer tiempo no se constituye el "ser visto" no tiene mediación. No
hay sujeto de la mirada que ubique "otras escenas" luego el ser visto
por la eficacia de un Otro absoluto sin castrar, se transforma en quedar
cosificado en el autismo, petrificado en las psicosis, siervo en la debilidad
mental y como carne dolorosa en el goce somático o representado por una cosa en
lugar de un significante. En las adicciones el significante que presentifica al
objeto perdido, muerte de la cosa, es reemplazado por una cosa del consumo que
pierde su estatuto de significante volviéndose signo de un goce pura satisfacción,
sin pérdida y por lo tanto imposible.
Entre las adicciones y la psicosomática ubico a la anorexia y la bulimia pues
comparten rasgos con ambas. La anorexia es como una alucinación negativa del
cuerpo, el cuerpo alucina la satisfacción porque ha forcluido la demanda. Si la
demanda forcluye la necesidad para poder satisfacerla indirectamente, en la
anorexia al forcluirse la demanda no hay mediación entre necesidad y deseo,
luego el deseo puro, solo es deseo de nada. La nada como objeto se presentifica
como un goce.
VIÑETA CLINICA
Ricardo,40 AÑOS: HEMORROIDES, CONSUMO DE COCAINA, DISGREGACION DEL
SIGNIFICANTE, RELACIONES HOMOSEXUALES INFANTILES Y ADOLESCENTES. PASA POR FASES
MELANCOLICAS Y PARANOIDES. INHIBICIONES LABORALES. MASOQUISMO EN LA RELACIÓN DE
PAREJA.
-Ricardo: a mis padres los tenía que llevar, hacerles de
chofer. También a mis amigos, no podía decir que no, aunque no quería me decían
¡vamos! Y aunque no tuviera ganas o estaba cansado los llevaba.
Hablando con mi hermano de esto él me dijo: -yo accedí a la sexualidad de
pedo. Los neuróticos se crean el mito del padre feroz, nosotros lo teníamos en
casa.
-Analista: ustedes no son neuróticos?
-Ricardo: no me la haga decir. La cambiadita de los chicos. Hoy no se la digo,
me da ...bueno...a los doce-trece años mi hermano ...lo que cuelga tiene el
mismo tamaño que la penetración. Después fue un amigo y nada más. Yo
escuchaba la demanda de mi hermano en posición maternal, lo escuchaba como una
madre.
-Analista: usted y su hermano siguen hablando a calzón quitado como a los doce.
-Ricardo: puede ser..., sí....con María... gesto con la cabeza, es lo mismo,
ya no damos más, la violencia, le pegué el viernes, me puso loco, y ayer
volvimos del trabajo, cansado me acosté, el nene gritaba, me pidió ayuda pero
no me dejó pensar qué hacer, no me da tiempo, le tiré el control remoto,
porque ¿en qué posición me pone?, me grita hijo de puta, y yo no se...delante
del nene, el nene ya no se puede arreglar, ¡en qué posición me pone!? No
podemos hablar... de ningún tema porque nos miramos y empieza a gritar y me
hace mierda. A la madre la mataron y no se sabe quien y el padre murió en un
accidente de auto que manejaba el hermano. María volvió en avión con el nene
y yo en el auto, la violencia...nos matamos antes de salir. (estaban paseando en
la provincia)
-Analista: ¿en qué posición? La cambiadita...
-Ricardo: la cambiadita era uno y después a la inversa, con María no se..
-Analista: el a usted y usted a él?
-Ricardo. No sé, no sé si pasó, pero sí las ganas de relaciones por el ano
con mujeres, hubo un tipo, una vez en un tren me agarró las bolas, pero zafé,
yo a mi hermano lo fajaba, con María nos matamos. Probamos dos o tres veces
pero no anduvo, a María por el culo no puedo.
-Analista: pero viven enculados.
Comentario clínico: hablar sería para esta pareja romper el
doble narcísico y que el diálogo haga de tercero entre ellos. La
correspondencia entre lo escópico y la fijación anal hace que ésta encubra la
falla imaginaria por la cual todo es dado a ver, nada puede ser ocultado ni
cubierto ni velado. Ricardo se feminiza al entregarse impotente a su pareja y a
su hermano; él es síntoma de un doble especular en lugar que una mujer sea su
síntoma, es decir, un significante.
La interpretación por el significante enculados intenta tejer la trama fantásmática
que supla lo imposible del recubrimiento total entre goce y lengua.
Este sujeto no puede simbolizar lo imaginario luego la suplencia somática viene
a auxiliarlo ante la mirada demandante del Otro sin castrar.
Falla del Yo, falla del sujeto. Lo que no falla, es lo que cuelga, la
hemorroides, eso está ahí como estaría la angustia en los límites del
fantasma neurótico.
Ante el más mínimo signo de su caída en el Otro, hace la cambiadita interna:
se humilla intentando satisfacer la demanda del Otro mientras entre dientes lo
hace mierda.
Ante la caída de sí ante el Otro, se melancoliza y recurre a la cocaína a la
cual llegó por el hermano. Mientras Ricardo consume cada tanto, el hermano es
un drogadicto a full. Hasta en eso recoge las migajas de su hermano como los
signos de su impotencia en reemplazo fallido de los significantes de la castración
del rival.
En 1974 Lacan agrega un tiempo intermediario a los dos del estadio del Espejo;
veamos los tres tiempos del estadio del espejo normativo: 1- el niño se
reconoce en la imagen del espejo y queda fascinado, 2- el niño se mira en el
espejo con una mirada furtiva que al modificar el ángulo cambia la perspectiva
o sea el "punto de vista"; este segundo tiempo le resta bidimensión a
la imagen y la instala en la tridimensión y el tiempo; el niño de esa mirada
furtiva intenta verse desde donde es mirado -punto imposible para él- pero que
inscribe un punto de mirada por fuera de la pantalla de reflexión ya que nunca
será mirado desde donde él es visto ni el verá los puntos desde donde mira;
lo importante aquí es la ubicación de la diversidad de sí y de ese punto por
fuera, el Otro, que le da sostén simbólico a la pantalla, 3- el niño se da
vuelta hacia el adulto desde donde es reconocido por el testigo que representa a
la terceridad simbólica ante el espejo. Mientras el segundo tiempo ubica por un
lado el Sí Mismo y al Otro de la triangulación, el tercer tiempo completa la
operación en el cruce de las miradas con el adulto auxiliador u Otro deseante y
amante, por lo cual se tornan divisibles los invisibles: falo y objeto a. La
función del Ideal del Yo en su tensión con el Yo Ideal regula este campo
imaginario.
El rechazo del primer tiempo es causa del autismo, el rechazo del pasaje al
segundo tiempo de las parafrenias, la psicosomática y toxicomanías muy
primarias, la forclusión del pasaje del segundo al tercero de la melancolía y
la debilidad mental; la forclusión local del tercer tiempo es causa de las
adicciones y algunas lesiones somáticas con componentes conversivos.
Fuente: www.spcaracas.com/tropicos/suenios/gocesgoldstein.html