Melancolía

Carmen Rábanos Faci

La pintura renacentista alemana abarca los años que median entre 1470-1550. Evoluciona muy rápidamente hacia fórmulas manieristas como consecuencia de la crisis religiosa que afecta a Centroeuropa. La practican artistas innovadores, intelectuales muy evolucionados.

Se caracteriza por ser una pintura con marcada tendencia a lo religioso.

Por influencia del grabado, los contornos en esta pintura son de carácter linealista. Destaca del taller de Martin Schóngauer cuya constante es la recurrencia al Antiguo Testamento y a la Sagrada Biblia en general, temas reformistas por excelencia, ya que Alemania vivía el clima de la renovación erasmista.

Alberto Durero nacido en el 1471 en Nüremberg, tendría allí una intensa vida cultural. Su infancia está marcada por el oficio paterno, orfebre, lo que le impregna de la afición al dibujo y al grabado.

Durero, magnífico dibujante, destaca sobre todo como grabador.

Estuvo muy mediatizado por sus visitas a Venecia. Su primera etapa de aprendizaje estuvo interrumpida por su viaje a Europa y Venecia en 1494.

Tras su segundo viaje a Venecia, Durero se muestra más moderno y se dedica ya a la pintura, casi en exclusiva.

La versatilidad que muestra en sus obras se debe sobre todo a la influencia de los grabados del ya citado Martin Schüngauer. También le influyen los italianos Mantegna y los Bellini, sobre todo Giovanni.

La producción del grabado en madera (xilografía) la dedica a la burguesía y al pueblo, con temas divulgativos. Pero los aguafuertes que graba del 1513 al 1514 (sobre plancha de cobre) son más complejos y los dedica a la clase culta y adinerada, con temas de contenido filosófico o literario (se convierten en tres de sus mayores obras maestras: «El caballero, la muerte y el diablo», «San Jerónimo» y «La Melancolía»).

«La Melancolía» adquiere un tono pesimista, al representar a la Humanidad meditabunda, con los símbolos de la ciencia a su alcance: el inútil desvelamiento de muchos secretos no puede eliminar la tristeza del hombre.

El tema de la Melancolía suele asimilarse a la iconología de Saturno y las saturnalias, en relación con la lenta y progresiva degradación de energías y la caducidad de la vida; quizás es el carácter efímero de la vida y el percatarse de los sentimientos y pulsiones caducos que la rodean o lo contradictorio de las vivencias, lo que hace que la Humanidad se sienta en ocasiones melancólica. La sabiduría no puede paliar la tristeza de los seres humanos, no puede llenar el vacío de sus existencias y ni siquiera la presencia de otros seres puede llenar ese vacío.

No por ser más culto se es más feliz, es más, la cultura eleva el grado de exigencia con uno mismo y con los demás, a menudo a términos demasiado absolutos y tan inalcanzables que rozan un afán de perfeccionismo asimilable a lo divino; esto es algo frecuente en las personalidades que Freud llamaba «oceánicas», pero, es un hecho que aunque pretendamos encontrar a Dios en los hombres, esto no dejará de ser una utopía; si bien la sabiduría, o mejor, la creatividad que conlleva el llegar a adquirirla, puede ser un extraordinario paliativo para huir de esa Melancolía que siempre nos acecha.

Fuente: http://perso.wanadoo.es/lomise/acacia841.htm

Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar