Ramiro Escobar
Las distintas rutas y motivaciones que conducen al suicidio, esa alternativa fatal que parece ir peligrosamente en aumento.
Los conatos de suicidio ocurridos por el presunto maltrato de unos soldados en el cuartel de Tacna, no han sido los únicos. Sólo en esa ciudad, otras 200 personas habrían tratado de quitarse la vida en lo que va de este año, mientras que en Lima la cifra llegaría a 400. El caso más terrible fue el de un niño de 5 años que, en la madrugada del sábado 28, trató de suicidarse arrojándose a la carretera Panamericana Norte. ¿Qué nos pasa? Hay suicidios y suicidios, pero parece evidente que la depresión, la soledad y hasta una nueva estación del año pueden gatillar la fatídica decisión.
Un
suicida colgado en un parque público de Lima. La fatal determinación siempre
causa estupor y a la vez curiosidad. La muerte, como la vida, no dejan de
asombrar.
Y ésta es una sensación indescriptible:
se pelean en mí, sensualmente,
poéticamente, el anhelo de vivir
y el de morir.
José María Arguedas.
A veces, en la cumbre de un empinado problema, uno mira al horizonte y no
parece haber hermosura a la vista. Un horrendo vacío amenaza con invadir
nuestra alma y parece llamarnos desde el fondo de la nada. Ese trago amargo y
oscuro para muchos de nosotros pasa, pero para otros -un recluta, una artista de
cine, un escritor, un amante- es el comienzo del fin.
Tal fue el caso de la fatal Marilyn Monroe, del profundo y creativo José María
Arguedas (cuyo suicidio se produjo un 28 de noviembre, hace 29 años), del
excesivo Elvis Presley. De Romeo y de Julieta. De la angelical dalina Mónica
Santa María. De tantos y tantas que un día amanecen colgados en un parque o
desplomados frente a un silencioso pomo de pastillas.
Según el psiquiatra Dante Warthon, el manantial pernicioso del suicidio es la
depresión. Tanto es así que a partir de una tipología de los depresivos se
puede reconocer quiénes pueden estar considerando la posibilidad de
autoeliminarse.
José
María Arguedas, uno de nuestros más ilustres suicidas.
Los depresivos bipolares, por ejemplo, son aquellos cuyo estado de ánimo
es como una montaña rusa, que pasa de la exaltación más alta a la pena más
honda. Arguedas podía ser un caso y Juan Gonzalo Rose, otro. El primero asumió
el viaje sin retorno; el segundo, no, bailó siempre en el filo de su
creatividad.
Hay, según ya varios estudios, un correlato químico en este cuadro, del cual
la falta de litio es el factor principal. A éste se pueden agregar factores
externos, situaciones que desatan ese talante gris que, alguhas veces, hemos
visto en parientes y amigos.
Los depresivos monopolares, en cambio, lo son casi por vocación. Su vida
es un eterno páramo de melancolía, sin mayores explosiones vitales. Un magnífico
perfil de una personalidad así se encuentra en el cuento de Julio Ramón
Ribeyro "La vida gris". El personaje no se mata, pero pudo haberlo
hecho, sin prisa ni pausa.
En este arco de formas de ser, con sus respectivos matices, puede haber
potenciales suicidas. Hay, no obstante, ocurrencias que escapan a la voluntad
humana y que, según parece, atizan la melancolía. Una de ellas son las
estaciones del año.
Romeo
y Julieta, una vieja historia de amor mutuamente suicida.
El doctor Warthon dice que, en el Perú, la cantidad de suicidios o intentos
de suicidio aumentan desde la primavera hasta bien entrado el verano. ¿Es que
la alegría de la naturaleza deprime a los humanos? No, exactamente. Lo que
puede haber en una suerte de desentono existencial: mientras todo está alegre
yo estoy solo, triste y abandonado.
La sensación puede aumentar cuando de por medio están la Navidad, esa fiesta
donde uno tiene que tener una casa donde ir y una familia con la cual estar. O
el Día de los Enamorados, aquella gran movilización social en busca del
romanticismo perdido. Si un potencial suicida no logra encontrar un lugar en
estas fechas puede creer que, por eso y muchas cosas más, ha llegado su hora.
Algo similar piensa el doctor Freddy Vásquez, director del Centro de Prevención
del Suicidio del hospital Hideyo Noguchi. Es más: sostiene que acontecimientos
naturales como el fenómeno El Niño o el terremoto de Ancash, en 1970, hicieron
subir el índice de suicidios.
Vásquez agrega que, en lo que va del año, ha habido en Lima unos 300 a 400
intentos de suicidio. La cifra coincide con la que ofrece el doctor César
Benavides del Instituto de Criminalística, quien además sostiene que es difícil
saber cuántos fueron consumados, pues ninguna institución lleva un registro
exacto de ellos.
Marilyn Monroe y Mónica Santa María, dos bellas que
no soportaron cargar con su fama y su vida.
No estamos al nivel de Suecia, donde la tasa de suicidios llega a 17 ó 18
por 100 mil, o de Estados Unidos, donde el suicidio de estudiantes es la tercera
causa de muerte en colegios y universidades. Pero hay una peligrosa tendencia
que empieza a hacer que el suicidio se asome como un problema de salud pública
en el Perú (tal como ocurre en Francia o en los países mencionados).
La preocupación se hace más ostensible cuando se tiene en cuenta algo por demás
sintomático: la juventud de los suicidas, fallidos o efectivos. El doctor Vásquez
sostiene que, de 358 casos observados en su centro, el 50 por ciento tenía
menos de 29 años y el 25 por ciento menos de 17 años.
La tendencia es... a que la edad baje y una prueba terrible de ello lo dio hace
poco un niño de 5 años, quien el pasado sábado 28 intentó suicidarse arrojándose
a la Panamericana Norte, porque ya no quería ser maltratado en su hogar.
Las mujeres intentan suicidarse mucho más que los hombres, en una proporción
de 3 a 1, en tanto que los hombres doblan a las mujeres en suicidios efectivos.
Parece que la mujer tiene el valor de explotar y contar su pena, mientras que el
hombre -por aquello de que nunca debe llorar- se la lleva a la tumba.
Elvis
Presley, el rey del rock. Una vida exagerada por las drogas hasta el suicidio.
A los factores señalados, se añade uno insoslayable: la crisis económica,
la miseria irredenta, que no se cura con libros ni declaraciones. Tanto los
psiquiatras como criminalistas consultados coinciden en que la desesperación
económica puede conducir al suicidio. Existen, asimismo, suicidios más patológicos,
protagonizados por esquizofrénicos o psicóticos. O los masivos, como los
llevados a cabo por algunas sectas. El suicidio, como la alegría, puede ser
contagioso.
Pero algo tiene que quebrarse adentro para que lo que Freud llamaba el impulso
de muerte arrastre a la persona hacia el abismo. La mejor cura, aparte de la
psicoterapia, parecen ser el cariño, el coraje interior y acaso el
convencimiento de que la vida es como un atardecer, ni oscura ni clara,
simplemente hermosa.
Vuelve el Doctor Muerte
JACK Kevorkian, el famoso médico estadounidense impulsor de la eutanasia
(una modalidad de suicidio), hizo noticia nuevamente esta semana al entregarse a
la justicia del estado de Michigan, luego de que la cadena CBS emitiera un vídeo
en el que aparece poniéndole una inyección letal a un enfermo.
Por el momento el llamado "Doctor Muerte" , quien ya ha enfrentado
exitosamente 4 juicios por lo mismo, ha sido puesto en libertad condicional,
pero lo interesante es atender a sus declaraciones. "Deben inculparme -ha
dicho-. Si no lo hacen, quiere decir que no es un crimen".
Kevorkian siempre ha sostenido que la eutanasia es un derecho individual, a
pesar de que eso le hizo perder su derecho a practicar la medicina en 1991. En
esta ocasión aceptó ser filmado adrede mientras ayudaba a morir a un paciente,
según dijo para provocar su arresto e impulsar el debate sobre la eutanasia.
Ha anunciado, además, que, si lo condenan, él mismo se dejará morir por
huelga de hambre. Acaso ése sea su homenaje terrible a las 120 personas que en
los últimos 8 años habría "ayudado" a morir por expreso pedido de
ellas.
Fuente: http://www.caretas.com.pe/1998/1545/suicidios/suicidios.htm