Luis Erneta
(Fragmento)
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En "Duelo y melancolía" (2) se define al duelo como "la reacción (la respuesta) frente a la pérdida de una persona amada". Sabemos que en Freud la ambivalencia amor-odio se plantea desde el comienzo, y que en la constitución del sujeto el rechazo o repudio a lo displacentero se constituye como ajeno, extraño, potencialmente dañino. J. Lacan lo ciñe con el neologismo hainamoration. De modo que el duelo puede ser respuesta a la pérdida de una persona odiada, aunque ese odio sea ignorado por el sujeto; el duelo puede desnudar la dimensión del odio "olvidado". Pero agrega que puede ser la reacción a la pérdida de "una abstracción que haga sus veces (de la persona), como la patria, la libertad, un ideal, etc.". Observación fundamental, creemos, puesto que ese etcétera indica una metáfora inicial, y vuelve hasta cierto punto indiferente esas abstracciones sustitutas, que toman así el carácter de una serie abierta.
Puede reconocerse ahí el lugar estructural del objeto perdido, con ese rasgo indiferente del objeto que satisface a la pulsión marcada por el vacío en que consiste el objeto a y que abre la vía a la sustitución; y, por otro lado la sustitución que afecta al padre, puesto que queda reducido a una abstracción, esto es, a un rasgo más o menos indiferente.
Una diferencia esencial del duelo con la melancolía es que en el duelo, afecto normal, no hay nada inconsciente en lo que atañe a la pérdida; mientras que en la melancolía se trata de una pérdida sustraída de la conciencia. "El enfermo sabe a quién perdió pero no lo que perdió con él" (3). El otro rasgo fundamental que Freud destaca es la gran perturbación del sentimiento de sí. Esta perturbación del "sentimiento de sí" no se agota en el circuito imaginario de la relación especular, sino que parece ser una conmoción a nivel de esa identificación primera con el padre, que J. Lacan escribió como rasgo unario o I(A), en el que culmina el circuito del grafo.
En la clase del 11/3/87 (4) J.-A. Miller escribe la cara significante de la insignia de tres modos: S1, I, y 1 (rasgo unario). Se trata no sólo de la insignia, sino "de lo que hace insignia", es decir, en el vocabulario de Freud, "lo que hace las veces de". Una lógica muy precisa ordena esa lectura: si la escritura del sujeto como $ indica el vacío de representación significante, una necesidad lógica hace que a ese lugar vacío sea llamado, para colmarlo, por ejemplo, un S1.
J. Lacan afirma una identificación primera que forma el ideal del yo; en Freud, la identificación primera con el padre, que en el mecanismo melancólico no es cualquiera sino el padre muerto (5). El capítulo VII de "Psicología de las masas" confirmará esta orientación, pero con dos precisiones importantes: la primera, que la identificación es ambivalente desde el principio y puede darse vuelta hacia la expresión de ternura o hacia el deseo de eliminación; de modo que es imposible predecir cuál de esas dos caras prevalecerá en la identificación. La segunda es que "más tarde es fácil perder de vista el destino de esta identificación" (6). Queda claro también que Freud sitúa esta identificación en el orden del ser: "el padre es lo que uno querría ser", a diferencia del padre como elección de objeto posterior: "el padre es lo que uno querría tener" (7). Adelantemos que en este movimiento se indica ya la conjunción de S1, o I(A), o 1, con el objeto a, que dará lugar a ese destino al que el ser parlante parece tan proclive, como es el fenómeno del grupo, congruente con ese llamado al S1 con que el sujeto responde al vacío de representación. El otro destino posible es el retorno mortífero del goce en la melancolía, como respuesta a una inscripción identificatoria que la forclusión del significante Nombre del Padre torna imposible.
En la clase mencionada antes, la misma lógica ordena el llamado al goce en el caso del sujeto, llamado ahora sujeto del goce, como lo hace J. Lacan en el prólogo a la traducción francesa de las memorias de Schreber (8). Esta orientación de J. Lacan en lo que toca a la psicosis melancólica postula el rechazo del inconsciente y el retorno de lo que es rechazado del lenguaje. Su paradigma es el acto suicida. Este ordenamiento que deja del mismo lado a la paranoia y a la melancolía revelan el fracaso de la identificación con el padre, consecuencia a su vez de la fallida operación de la metáfora paternal; en ambas se desnuda un goce no ordenado por la instauración del ideal del yo.
La prueba clínica, en el caso Schreber, es que el sujeto se estabiliza con la construcción de un ideal que viene a suplir el vacío dejado por el significante paterno ausente en la estructura. La melancolía freudiana parece diferir de la fulgurancia del pasaje al acto que J. Lacan privilegia; se puede decir que hay en ella cierto exceso de conversación, que le permite a Freud aislar sutilmente, en el fenómeno del autorreproche, la identificación del sujeto con el objeto perdido que "cae sobre el yo". Pero ofrece una interesante ilustración de una modalidad de la conjunción de S1 y a, erigido como superyó, reunidos en lo que se llama jouis-sens. No es la modalidad del sinthome tal como la escribe J.-A. Miller, pero tal vez deja ver su condición estructural común. La descripción de Freud parece congruente con ello: "Ese automartirio de la melancolía, inequívocamente gozoso, importa en un todo, como el fenómeno de la neurosis obsesiva, la satisfacción de tendencias sádicas y de tendencias al odio que recaen sobre un objeto y por la vía indicada han experimentado una vuelta hacia la propia persona". En este movimiento Freud encuentra también el resorte del acto suicida, pero curiosamente lo extiende al neurótico, al menos como acto en potencia: "Desde hace mucho tiempo sabíamos que ningún neurótico registra propósitos de suicidio que no vuelva sobre sí mismo a partir del impulso de matar a otro" (9).
(2) Freud, S.: "Duelo y melancolía" en Obras completas, Vol. XIV, Amorrortu, Buenos Aires, pág. 241.
(3) Freud, S.: Ibíd., pág. 243.
(4) Miller, J.-A.: La cause freudienne, Nº 39, pág. 7 y sig.
(5) Freud, S.: "Sinopsis de las neurosis de transferencia", Ed. Ariel, pág. 83.
(6) Freud, S.: "Psicología de las masa y análisis del yo", op. cit., Vol. XVIII, pág. 99.
(7) Freud, S.: Ibíd., pág. 100.
(8) Lacan, J.: "Prólogo a la traducción francesa de las Memorias de Schreber", en Ornicar?, Nº 38, Navarin, pág. 7.
(9) Freud, S.: "Duelo y melancolía", en op. cit., pág. 249.
* Trabajo presentado por su autor en las VII Jornadas Nacionales de la EOL.
Fuente: VIRTUALIA #2 - Revista Digital de la EOL - Julio-Agosto de 2001