EL CAMPO PARANOICO DE LA PSICOSIS.

 Benjamín Dultzin 

Lacan propone en 1938 "que la folie à deux no es una entidad clínica entre otras sino la forma clínica que pone al desnudo las condiciones determinantes de la psicosis".

Allouch menciona en su libro "El doble crimen de las hermanas Papin" que Lasègue y Falret en 1873 desencadenaron una tempestad al admitir la existencia de una posible comunicación de la locura. Sólo la posibilidad de la transmisión de la locura suscita horror.

Cuando hablan de la folie à deux, los psiquiatras clásicos la denominan: locura comunicada término utilizado por Lasègue y Falret, locura simultánea de Régis, delirio impuesto de Marandon de Monteyl y delirio prestado o adoptado de Clèrambault.

Allouch nos previene que "desde Lasègue y Falret existe una ceguera a propósito de la folie à deux. Existen multitud de casos que se dejan de reconocer como casos de folie à deux, por ejemplo, Serieux y Capgras en su obra sobre las locuras razonantes es una regla que escriban: "abuela materna alienada, madre nerviosa muerta demente, hermana histérica...", es éste un caso de locura colectiva no evidenciado. 

Aun Lacan cuando trata el caso de Aimée, anota explicitamente que la madre deliraba, que quizá la hermana también, sin embargo no lleva la investigación por ese lado, plantea un diagnóstico que excluye a la folie à deux ".

La pregunta sería ¿se puede encontrar a un delirante solo?. Se puede intentar responder a esta pregunta si se considera que existe un campo paranoico, el campo de la folie à deux.

El significado de campo en la física fue inventado en el siglo pasado por Faraday y Maxwell, para explicar los fenómenos electromagnéticos. El campo es algo real que existe con sus manifestaciones físicas perfectamente ponderables pero que él en sí mismo es invisible e impalpable. Sólo se sabe de él a través de sus efectos.

William James menciona que el inconsciente de los psicólogos era comparable con el campo de los físicos, en el sentido de que está allí invisible e impalpable pero con manifestaciones reales. Esta idea fue retomada por Pauli físico muy importante por haber sido uno de los fundadores de la mecánica cuántica, amigo de Jung. Menciona esta equivalencia entre el campo de la física y el inconciente del psicoanálisis, comparándolos.

El campo en la física es la manera que se tiene para explicar la interacción entre dos elementos, por ejemplo: un imán induce la orientación de las limaduras de hierro alrededor suyo, el campo no se ve pero sí se ven las limaduras de hierro, la manera cómo se acomodaron, su movimiento, su orientación, etc. Con este ejemplo podríamos proponer que el campo paranoico es al campo magnético del imán, lo que las manifestaciones clínicas de la psicosis son a la orientación y los movimientos de las limaduras de hierro.

En el trastorno psicótico compartido o folie à deux una idea delirante se desarrolla en un sujeto implicado en una relación estrecha con otra persona que suele denominarse inductor o caso primario. Este suele presentar un trastorno delirante, una esquizofrenia o un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos. A pesar de que lo más corriente es que se den relaciones de este tipo entre dos personas, el trastorno puede presentarse en un número mayor de individuos, especialmente en situaciones familiares en la que uno de los padres o de los abuelos es el caso primario o inductor y los hijos y/o los nietos adoptan las creencias delirantes de los ascendientes, en grado variable y a menudo en forma inconciente.

Allouch menciona que siempre que se avanza la investigación sobre un caso se encuentra en el entorno del paranoico más paranoicos de los que jamás se había osado pensar, como en el caso de Schreber con su padre y su hermano o la madre de las hermanas Papin. Así la elucubración lacaniana de "al menos tres paranoicos" que propone en 1975 en la reedición de su tesis, parece menos extravagante y enredosa de lo que pareciera de entrada.

En el hilo de la folie à deux se trama no tanto una historia sino un suceso. Como se ve, con esto queremos decir que no existe un delirante solo y que en todo caso las manifestaciones clínicas de los demás participantes son heterogeneas. Cuando se piensa que solo hay un enfermo se hace más difícil el acceder a su tratamiento psicoterapéutico. Habría que pensar en el abordaje de los otros miembros de la familia. Por ejemplo: El caso de una mujer melancólica, que se presentaba como una paranoica con marcados rasgos histéricos; mantenía una estrecha relación con su madre y su esposo evidentemente paranoicos. El tratamiento tanto farmacológico como psicoterapéutico mostró que al recuperarse de la melancolía dejaba al descubierto una franca histeria y la paranoia dejó de manifestarse en ella pero se agudizó en los familiares, principalmente en el esposo quien presentó ideas reivindicatorias y querulantes. Quedó demostrado que se alteró el papel estabilizador que la paciente jugaba en el interior del campo paranoico familiar. Entonces el trabajo psicoterapéutico prosigue al incidir sobre el campo paranoico en el sujeto y en los miembros de la familia. Esta posición clínica exige del terapeuta el suspender la tendencia a pensar los cuadros clínicos de una manera fija e inmutable, por ejemplo si dejamos a un lado la tendencia de querer ver en toda psicosis una esquizofrenia necesariamente, exige, el considerar al partenaire de una psicosis compartida hasta la cuarta generación y la consideración de los pasajes y virajes por ejemplo el de una paranoia subclínica al de una neurosis. 

En la folie à deux la histeria ocupa un papel estabilizador; el papel de symptôme, de santo, de saint-homme: de salvador. Esto queda expresado en una frase de otra manera enigmática de Lacan: El nudo borromeano del síntoma es la condición de posibilidad de la psicosis. Recordemos que la histeria como entidad nosológica es la gran simuladora, no así el sujeto histérico. En el caso antes mencionado se simula una melancolía que sabemos que por definición es una depresión psicótica. Los síntomas psicóticos aluden al campo paranoico. Existen ocasiones en que la melancolia es el pasaje al terreno de lo afectivo de una psicosis paranoica que ha permanecido enmascarada por su buena adaptabilidad al medio y su evolución no deficitaria en el sentido kraepeliniano del término. Nos estamos refiriendo a las paranoias subclínicas que Ernst Kretschmer categorizó como delirio sensitivo paranoide o delirio de referencia en 1918, aquel que oscila entre el sensitivo psicótico y el neurótico obsesivo. El acervo de sus manifestaciones aisladas puede articularse en cuatro grupos diferentes:

1.- Cuadros paranoicos.

2.- Delirio sensitivo agudo.

3.- Neurosis de referencia.

4.- Manifestaciones de las neurosis obsesivas.

Estas formas de manifestación se combinan y se entremezclan. El delirio de referencia alcanza su grado máximo cuando el cuadro paranoico pasa al cuadro disociativo agudo. Sin embargo se distingue de los cuadros de franca esquizofrenia, por la ausencia de certeza inmediata y objetiva de las vivencias delirantes y por su capacidad de enjuiciar la realidad. En las psicosis agudas por agotamiento, hoy llamadas psicosis reactiva breve o bouffèes delirantes, existe una variante histeriforme nos informa Kretschmer, del delirio sensitivo con tendencia a la amnesia estado de ánimo explosivo y oscilaciones del afecto que van de la depresión a la manía. Así pues en las psicosis sensitivas se encuentran casos límites. El curso es benigno en algunos casos, es decir, tiende a la curación. Sin embargo existen cursos francamente malignos. Es así que los delirios sensitivos de Kretschmer se nos presentan en la clínica como síndromes limítrofes. Nuestra hipótesis es que bordean el campo paranoico del que anteriormente hablabamos. Son las locuras histéricas de Claude. Las paranoias subclínicas como se ve no son tan infrecuentes como se cree, sin embargo usualmente pasan desapercibidas hasta que una depresión mayor con síntomas melancólicos las desenmascaran expresándose a través de un cuadro clínico en donde el dolor y la angustia adquieren características de ser insoportables fundamentalmente por la sensación de una profunda desesperanza de tinte persecutorio. Son sujetos tímidos, sensibles, a menudo ansiosos y psicasténicos (escrupulosos, vacilantes, obsesivos) se sienten inclinados particularmente a las luchas de conciencia, sensibles a las reacciones de los demás, inhiben frecuentemente sus pulsiones y están profundamente insatisfechos. Los complejos de frustración y de inferioridad son manifiestos. Sobre este fondo de sensibilidad facilmente impresionable y vulnerable, la acumulación de circunstancias penosas, la suma de fracasos, la tensión engendrada por la exasperación o decepción desensadena la psicosis. Esta paranoia sensitiva se desarrolla por lo general con angustia y tensión conflictiva y las reacciones de estos individuos son más depresivas que agresivas como nos lo recuerda Henri Ey. Como vemos los cuadros clínicos no quedan fijos en límites inmutables el estudio de la psiquiatría clásica donde se abordan los padecimientos paranoicos, psicosis disociativas, la melancolía y manía, constatan transformaciones, pasajes, virajes, cancelaciones, en fin una movilidad que contrasta con la doxa científica de manuales de clasificación actualmente utilizados.

Ya los límites inmutables fueron criticados paradójicamente por el iniciador de los manuales de clasificación me estoy refiriendo a Emil Kraepelin quien escribe en su artículo sobre la locura sistematizada: "En realidad la hipotesis de base que consiste en oponer los problemas de juicio a los problemas del afecto es únicamente de orden psicológico (teórico) y no de orden clínico, de hecho al interior de los cuadros clínicos los problemas del juicio y del afecto estan estrechamente intrincados. Por ejemplo en los casos de Parálisis General progresiva parece evidente que las ideas delirantes y las ilusiones sensoriales no son más específicas que los estados de exitación o los problemas del humor. Así mismo tenemos mucho que aprender de la relación entre demencia precox y psicosis maniaco depresiva. Es por esto que hasta aquí todo intento de delimitación del grupo de la paranoia y la distinción de éste con otras enfermedades mentales, ha arrivado regularmente a la conclusión de que existen numerosas formas mixtas o de transición que sofocan la noción misma de la paranoia o aún el pasaje hacia las psicosis afectivas que son sin embargo fundamentalmente diferentes. De esta manera el sólo elemento que está en la base de nuestro concepto actual de paranoia, es decir, la oposición entre enfermedades del juicio y enfermedades afectivas no tiene ya ninguna razón de ser".

Vemos pues constatado lo dicho anteriormente por Kraepelin en la relación que existe entre los delirios sensitivos de Kretschmer (caso Anna Feldweg) por un lado y la psicastenia de Janet (caso Madeleine), con la melancolía y por el otro lado los querulantes de Kraepelin o los reivindicadores de Seriux y Capgras con la exaltación maniaca. Estos últimos autores llegaron a escribir con relación al delirio de reivindicación: "no nos sorprendería que la experiencia nos venga un día a demostrar la bien fundada teoría de Specht que clasifica la paranoia querulante dentro de las psicosis maniaco-depresivas". Entonces ahora es más fácil entender por qué desde el campo paranoico de las psicosis, la melancolía es la forma de expresión desde el terreno de lo afectivo de una psicosis que ha permanecido enmascada por su buena adaptabilidad al medio y su evolución no deficitaria. Nos referimos a las psicosis delirantes crónicas sin evolución deficitaria de la clasificación francesa y de ellas concretamente a las psicosis delirantes sistematizadas o paranoias.

Cuando en el terreno de los hechos no existen elementos que confirmen retrospectivamente la presencia de una psicosis habría que pensar en el campo paranoico de las psicosis o sea la folie â deux. No es infrecuente como se refirió anteriormente, que pase desapercibido este tipo de trastorno compartido y que se exprese en alguno de los miembros a través de un cuadro clínico en donde el dolor y la angustia adquieren caracterísitcas de ser insoportables fundamentalmente por la sensación de una profunda desesperanza. Curiosamente el DSM-IV confiesa: "Los episodios depresivos mayores se presentan con mayor frecuencia en los sujetos con trastornos delirantes que en la población general". Lacan en su tesis doctoral de 1932 concluye: "La constitución llamada paranoica finalmente falta a menudo en el terreno de los hechos, o no es sino secundaria al delirio. La predisposición a la psicosis se revela así como imposible de definir de manera unívoca en rasgos de carácter: nosotros demostramos que se presenta frecuentemente bajo la forma de carácter psicasténico de Janet o sensitivo de Kretschmer". Con todo esto vemos que la paranoia no es tan infrecuente, por lo tanto, tampoco la locura compartida. Por último quiero subrayar que en todo caso, lo anterior tiene sentido sólo si el diagnóstico se realiza desde la relación transferencial, desde donde podemos apostar por un intento de cura, esto implica repitámoslo el considerar los virajes ya que se ha constatado desde la clínica que un sujeto puede virar de una paranoia subclínica a una posición subjetiva que podría ser considerada como neurótica.

 

Benjamín Dultzin

México D.F., 1997.

Fuente: http://www.atheneo.com.mx/articulos/10/art10p1.htm

Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar