El duelo: Entre el dolor y el desafío

Adriana Dreizzen

El nombre del presente escrito alude a la propiedad homónima del término duelo, que se origina en dos raíces latinas; una es dolus (dolor) y la otra duellum (desafío) - conocemos la frase "retar a duelo". Podemos afirmar entonces que el duelo es dolor psíquico ,pesar, aflicción pero también es un desafío a la estructura. Un desafío a producir esa recomposición significante que le permita disponer de la falta instituyente, recreándola.

Partiremos de un clásico: Duelo y melancolía. Creo advertir que el interrogante freudiano que atraviesa dicho texto se podría formular del siguiente modo: ¿Porqué a raíz de idénticas influencias, ligadas a la pérdida de un objeto de amor, lo que hace agujero en lo real, en muchos sujetos se observa en lugar de duelo, melancolía?

Freud responde sospechamos en ellas una disposición enfermiza. Sujeto engendrado en las operaciones de alienación y separación en su dependencia significante al lugar del A, proponíamos que se trata de la disposición respecto a la falta y a las fallas de su inscripción .Disposición que dice de la posición del sujeto respecto a la falta instituyente, de sus recursos para recurrir a ella, recorrerla, y re-enunciarla tal vez para desplegarla.

El duelo es la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, la patria, la libertad, un ideal. Ese agujero en lo real moviliza todo el orden simbólico . Produce un cimbronazo en la estructura donde si la falta es el soporte de la castración , ella pierde su localización y el sujeto es reenviado a un lugar de privación. Desde dicho lugar privado frecuentemente el sujeto se muestra. En la clínica se presenta en ése mostrarse más del lado del fenómeno que del síntoma. Fenómenos de pasajes al acto , melancolías, anorexia, fenómenos psicosomáticos, finalmente todos ellos fenómenos a-dictivos ante la pérdida de aquél del que podemos enunciar una dialéctica en la que no solo , "Eso me falta" , sino también "Yo era su falta".

Intentaremos definir tiempos lógicos que atañen a la elaboración del duelo tal como lo leemos en Freud y en Lacan. Comencemos por el primer tiempo . Frente a la pérdida en lo real, la primera respuesta es la renuencia a aceptarla, la renegación - verleugnung- , reenvía al sujeto a una posición privada y desde ahí sin recurso a quedar representado en la cadena significante , se muestra en la escena. Entiendo que Freud coloca en el extremo o límite de esta manifestación una entidad que linda con la psicosis , pero que no es una psicosis , la dementia de Meynert o psicosis alucinatoria de deseo. El fenómeno elemental de la alucinación se presenta como salida para retener el objeto , al costo de apartarse de la pérdida que la realidad afirma.

Podríamos entonces decir que para estar de duelo, en primer lugar se trata de localizar la falta, nombrarla, aceptar que algo se ha perdido, no renegar de ello. Ya sabemos del lugar esencial de los ritos funerarios, de la sepultura, en todas las civilizaciones como un modo de aceptar esa primera muerte, por los deudos.

Freud en relación al conocimiento o desconocimiento de la pérdida del objeto amado propone que hay diferentes tipos de melancolías . A veces dice, es la muerte que lo arrebató, otras pertenecen a las vicisitudes que la vida amorosa presenta , como las decepciones a que en ocasiones el sujeto queda expuesto- el ejemplo que él da es el de la novia abandonada-.

Sin embargo y parafraseando a Freud no se trataría únicamente de saber a quién se perdió sino lo que se perdió en ése que se perdió. En ésta conjetura hallamos subyace la noción de que para que el trabajo de duelo transcurra y no se detenga en la melancolía, es absolutamente indistinto qué pérdida le hace agujero en lo real al sujeto, lo escencial es si en la estructura operó un duelo particular: aquél en que el objeto se constituyó. En algunos sujetos frente a cualquier pérdida de amor, no puede operarse un duelo y sucumben a la melancolía Subrayo el amor por la relación del duelo con la elección narcisística del objeto, y con el fi, en menos, radicalmente sustraído del i(a) -imágen especular-.

El segundo tiempo comprende estrictamente al trabajo de simbolización que implica un alto gasto de energía de investidura y de tiempo . Se ejecuta pieza por pieza y conlleva un displacer doliente . En el manuscrito G, leemos que la melancolía en ocasiones es un duelo , un duelo por la pérdida de libido. Creemos que en estos casos es que lo problemático del duelo se enuncia y que corre el riesgo ése agujero en lo real de devenir duelo patológico. Es lo que Lacan define como " El problema del duelo es el mantenimiento de los vínculos por donde el deseo está suspendido no del objeto a, en el nivel cuarto, sino de i(a)."

Entonces la melancolía cuando no es un duelo patológico, en ése desesperado intento de alcanzar el objeto a que queda oculto tras el i(a) puede llegar a producir el único acto eficaz a tales fines - el suicidio -. Es el triunfo del objeto.

Esto sería lo opuesto de lo que Freud propone precisamente para el duelo, como lo que culminaría -y que sitúo en un tercer tiempo - el trabajo de duelo, que el sujeto en una posición activa consume por segunda vez la pérdida , asesinando al objeto, matando el muerto o perdiendo en lo simbólico lo que había sido perdido en lo real.

Este paso permitiría investir libidinalmente otros objetos sustituyendo al perdido.

Esto es lo que encontramos en el mencionado texto clásico sobre el duelo, aunque recibimos la aclaración, como en tantos otros de sus textos, que su autor considera inconclusas sus afirmaciones.

Lacan cuando retoma el tema en la clase del 22 de abril del Seminario "El deseo y su interpretación", se vuelve a preguntar "¿En qué consiste el trabajo de duelo?, y afirma: se permanece en algo vago que explica la detención de toda especulación en la vía abierta sin embargo por Freud en Duelo y Melancolía. La pregunta no ha sido convenientemente articulada. "

Lo emparenta entonces con la psicosis, por los fenómenos que se pueden observar, ya vimos el fenómeno elemental de la alucinación de lo que se llamó psicosis alucinatoria de deseo, pero reconociendo que el mecanismo que opera es exactamente inverso.En la primera lo rechazado en lo simbólico reaparece en lo real - verwerfung- , en el duelo el agujero en lo real moviliza el orden simbólico - verleugnung - se desordena lo simbólico. La falta para tener éste estatuto es falta en su lugar, y toda falta en su lugar es falta simbólica. O sea está localizada respecto a un A , que porta un nombre.

El trabajo de duelo una vez realizado permitiría entonces el investimiento libidinal de otros objetos, en sustitución del perdido.Sin embargo, no sería difícil afirmar que el objeto por el que estamos de duelo, es insustituible. Aquella pérdida que sacude a la estructura, por la que se está de duelo, es la de un objeto singular, designado.¿ Unico?

Lacan en diversas ocasiones habla del duelo, particularmente en los seminarios Vl y Vll. Me parece que no se conforma con considerar lo sustitutivo, como culminación del duelo sino que aporta elementos para pensar que un duelo ofrece la ocasión de una recomposición significante en la estructura, y en consecuencia de una redistribución de goce.

Dos tragedias, nos indica Lacan para introducir lo que nos permitiría avanzar, en el punto del impase freudiano. Hamlet - y el duelo por la muerte del padre-(seminario Vl) y Antígona - y el duelo por la muerte de un hermano-hijo, Polinices(seminario Vll)

Ciertamente no es el lugar aquí para detenernos en los ensortijados laberintos trágicos, de la obra de Shakespeare y Sófocles . Pero si para señalar cuán elocuentes nos resultan de la imposibilidad de un duelo que quizás podríamos llamar logrado, pero que sin duda en ambos , tanto en Hamlet como en Antígona exigió el sacrificio, la propia muerte . En Hamlet, van cayendo los personajes , uno tras otro. La muerte les llega por pura casualidad, por accidente, hasta el colmo de la muerte de la pobre Gertrudis que tan rápidamente había transformado, los lutos fúnebres en jolgorios nupciales. Su sed insaciable la invita a beber el elixir envenenado. El mismo Hamlet sólo una vez que ha sido alcanzado por la daga mortífera puede ejecutar el acto que le restituiría su lugar en el linaje. La tragedia del deseo extravía la ejecución del acto, la desubjetivación en juego lo degrada a un pasaje al acto.

Antígona, en cambio, no sería una tragedia del deseo, sino quizás donde mejor se manifiesta lo trágico del deseo, cuando avanza en estado puro, puro y simple deseo de muerte , paradojas del no ceder en el deseo cuando éste atropella desanudado.

Antígona enfrenta la orden de Creón de dejar los restos de Polinices, su hermano-hijo, insepultos, expuestos a las aves de rapiña. La apuesta ética que sostiene la lleva hasta el límite de su entierro en vida -el cavar su propia fosa- . Otra vez el sacrificio del cuerpo a partir de la pérdida del objeto de amor, objeto causa de deseo que vira, en la pérdida que sacude la estructura ,a objeto de la pulsión, pulsión de muerte, sin rodeos.

Hamlet, Antígona. Una, tragedia del deseo , la otra, lo trágico del deseo puro, en ambas no se habla más que de duelo. Duelos detenidos en sus tiempos lógicos de acaecimiento. Duelos en que la sombra del objeto triunfó sobre el sujeto y lo arrojó a las tinieblas, al Hades ,ningún resplandor ya domina la tachadura.

Habíamos mencionado entonces tres tiempos para pensar el trabajo de duelo, que culminaría con la sustitución del objeto perdido por otros. Sin embargo, si la pérdida del objeto de amor es una ocasión privilegiada para el sujeto, para re-enunciar la falta originaria e instituyente, para decir de su disposición respecto de ella, el duelo en tanto operación abre una vía posible para una recomposición significante respecto de la falta.

Lacan propone en el Seminario de la ética desdoblar el concepto de muerte. Abreva en San Agustín y en Sade, que ya se habían referido a la primera y a la segunda muerte. Como tantas veces recrea el concepto legado por sus predecesores, en ésta ocasión invierte el orden preestablecido.

Creía ver en éste concepto de la segunda muerte, muerte anticipada, intrusión de la muerte en vida, un elemento para pensar un otro tiempo para el trabajo de duelo, un cuarto tiempo cuya culminación no sería ya la sustitución de un objeto por otro o por otros.

El trabajo de duelo no comprendería únicamente los tiempos de elaboración de la pérdida de un objeto que concluiría en esa posición activa en que el sujeto puede efectuar por segunda vez su muerte, victimizándolo. En la segunda muerte como la propone Lacan se trataría ya no del desplazamiento metonímico de un objeto por otro, sino del cambio de objeto en sí mismo.

En esa tensión entre el a y el i(a), es que el sujeto llega a encontrarse precisamente con su falta en ser.

Por éso podríamos arriesgar que en Antígona la segunda muerte coincide fatídicamente con la primera, ejecuta el acto de honrar al muerto, de sepultarlo, y es enterrada en vida, condenada a sobrevivir - tendrá alimento , pero bajo tierra-, lo cual la precipita a suicidarse. Cito los versos: Y al fondo de la caverna, la vimos a ella colgada por el cuello, ahogada por el lazo de su fino velo.

Si el desdoblamiento de la muerte, permite pensar a la segunda muerte, como zona en que la muerte se insinúa en la vida, zona de castración simbólica que establece una distancia con la muerte biológica, Antígona -señala Lacan- frente a Creonte se sitúa como la sincronía opuesta a la diacronía.

¿Zona donde la muerte se insinúa en la vida? Segunda muerte, tiempo de los tiempos del duelo que nos autoriza a hablar no de una clínica del duelo sino de una clínica de la castración pero sin eludir ni soslayar los tiempos del duelar.

No pensamos que se trate en este tiempo del duelo de lo sacrificial del falo, en tanto algo operado a nivel de lo fálico como sacrificio como lo define Jean Allouch, en su libro Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca . Como su definición lo indica el sacrificio alude a imponerse privaciones como ofrenda a un otro.Lo sacrificial con las connotaciones que contiene sería precisamente lo que detendría al duelo en la privación.

No es sin lo fálico, en tanto significación que en su primacía acota y enmarca un goce. Pero para que un duelo de la ocasión de no detenerse en la sustitución de un objeto perdido por otro conquistado, y abra la dirección hacia una subjetivación de la pérdida en que lo suplementario tome el lugar de lo sustitutivo la modificación debería operarse a nivel del objeto en sí, el objeto que se constituyó en la estructura- Das ding-. Se trataría una vez más de la apuesta de elevar el objeto a la calidad de la cosa. Abriría la senda a la suplementariedad del goce, más allá del goce fálico.

¿Goce suplementario, goce femenino, goce místico?. Un misterio que quizás sólo se pueda develar en el tiempo del nachtraglich, por retroacción .Una flecha que tiende al infinito, infinito de lo estrictamente singular de la subjetividad, del uno por uno a descifrar en cada análisis.

Bibliografía

Freud,S: Duelo y Melancolía

De guerra y de muerte

Lo perecedero

Manuscrito G

Lacan, J: Seminarios: El deseo y su interpretación

La ética

La angustia

Aún

Allouch, J.: Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca. Ed.Edelp

Cancina, P.: El dolor de existir y la melancolía. Ed. Homo Sapiens

Heinrich, H.: Borders de la neurosis. Ed..Homo Sapiens

Lerner, E.: Ni blanco, ni negro ll. (Melancolizaciones)

Safouan, M.: Comentario sobre la Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca de J. Allouch.

Vegh, I.: Seminario: Hacia una clínica de lo real. Clase del 17-11-95

Ver también de la misma autora:

Fuente: http://www.psinet.com.ar/Efbatx04.htm

Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar