El dolor: su expresión en artes y letras

Miguel Lugones Botell y Tania Yamilé Quintana Riverón

Si se revisa el Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas,1 vemos que en éste se define el dolor como "la impresión penosa experimentada por un órgano o parte y transmitida al cerebro por los nervios sensitivos". Pero no dice nada respecto al dolor del alma. La nueva Enciclopedia Larousse es algo más explícita cuando dice: "Sensación de padecimiento físico causada por lesiones o estados morbosos. Sentimiento anímico de sufrimiento producido por una gran contrariedad." Son sinónimos: angustia, aflicción, desconsuelo, mal, pena, pupa, suplicio, tormento, tristeza, tortura. Los subrayados son considerados muy intensos.

Pero como observamos, hay más en los conceptos. Prácticamente no hay parte del organismo que escape al dolor y así tenemos las siguientes referencias:

De costado: dolor de la neumonía y pleuresía; ciático: inflamación dolorosa del nervio ciático con dolor constante; de Brodie: el dolor producido pellizcando la piel cercana a las articulaciones afectadas; en cinturón: sensación dolorosa como de una cuerda que apretara la cintura; mosca: sensaciones dolorosas débiles, sin ritmo, premonitorias del parto; dilatantes: los dolores del primer período del parto; concuasantes: dolores expulsivos muy intensos cuando la cabeza fetal franquea la vulva; de Charcot: reumatismo del testículo; osteocópico: dolor en las superficies óseas cubiertas solamente por la piel, especialmente nocturno, característico del período secundario de la sífilis; del crecimiento: dolor de carácter reumático de los adolescentes; trofoprodrómico: dolor por isquemia arterial que precede a los trastornos tróficos y a la gangrena.

También están en las definiciones el dolor errático: que varía repetidamente de localización; fantasma: el sentido en una parte que ha sido amputada; fulgurante: intenso, momentáneo, característico de la tabes dorsal; gravativo: con sensación de pesadez, en los derrames específicamente; de hambre: dolor de estómago vacío típico del ulcus gástrico o duodenal; heterotópico u homotópico: es un punto distante o en el mismo, respectivamente, de la lesión causal; imperativo: sensación dolorosa persistente de la psicastenia; pulsátil: latido doloroso rítmico con la pulsación arterial; pungitivo: sensación de pinchazo; referido: dolor visceral percibido en zona cutánea (Head) distante; urente: con sensación de calor o quemadura; sordo: dolor leve pero continuo; terebrante: percibido como si fuera producido por la acción de una barrera; tensivo: dolor interno acompañado de sensación de distensión de la parte afecta; lancinante: sensación de pinchazo que suele acompañar al cáncer y abscesos; excéntrico: dolor radiante sintomático de una irritación de las raíces nerviosas medulares posteriores y sentido en los órganos periféricos; cólico: dolor de entrañas; cólico miserere: el causado por un cálculo intestinal, una hernia diafragmática; cólico nefrítico, hepático: el causado por un cálculo renal, hepático, etcétera.

Con mucha frecuencia, al dolor se le suele nombrar como algia (cefalalgia, mialgia, etcétera). Se ha llegado a hablar de ovarialgia histérica. En 1972, Hyslop describió el dolor pélvico como "la bestia negra de la ginecología".2

Aunque subjetivo y difícil de clasificar, el dolor puede exteriorizarse mediante manifestaciones musculares (mímica facial, gestos, gritos, actitudes); secretorias y circulatorias (lágrimas, sudor, palidez, rubor, palpitaciones) y de tipo nervioso (temblor, fiebre, convulsiones).

Del dolor puede decirse mucho... Que fue antes que el hombre, pues está en la prehistoria del sufrimiento humano: una criatura desnuda, inerme, tan sólo con su dolor a cuestas, avanza atemorizada hacia el alba de la historia, empujada a empellones por la cruel necesidad, sorteando glaciares de espantos, compartiendo la oscura caverna con reptiles venenosos y bestias sanguinarias, unas veces huyendo despavorido del bosque en llamas y otras paralizado de miedo ante el diluvio incontenible; inseguro el paso, cayéndose y levantándose, la mano a tientas... Nadie sabrá nunca la angustia, la amargura y el dolor que soportó durante miles y miles de interminables años.

Así son de tantas y variadas las fuentes próximas y remotas del dolor, que pretender enumerarlas sería una empresa fantástica e interminable.

El dolor unido al sentimiento del pecado se ve aparecer poco a poco en las grandes mitologías antiguas.

La primera manifestación literaria que está unida a la interpretación que da el hombre del mundo es el mito y dentro de éste, el dolor ocupa un lugar importante. Por ejemplo, en el mito de Prometeo, en el que se expresa el castigo de los dioses ante la desobediencia del héroe por ayudar a los hombres entregándoles el secreto del fuego. Prometeo aparece en la mitología clásica como iniciador de la primera civilización humana, así que el dolor está no solamente en la prehistoria del hombre, sino también desde los inicios de la civilización. De entonces no quedó expresión pictórica, en cambio, quedaron algunas obras escultóricas que expresan el dolor de manera elocuente, como es la estatua de Laocoonte, sacerdote de Apolo en Troya, ahogado con sus hijos por 2 serpientes monstruosas.

En el Fedón, de Platón, el autor intenta mostrar cómo dolor y placer nacen uno del otro. Esta obra que se considera una de las más hermosas de este autor, nos muestra cómo Sócrates muere en medio de sus amigos consolándolos de sus penas y haciéndoles una demostración magnífica de la inmortalidad del alma.

Algunos filósofos sostienen que sólo el dolor es real y el placer no es más que su ausencia, siempre provisional. "Dolor, no eres un mal", es la máxima de los estoicos, que son indiferentes al placer y al dolor. Por ello su divisa fue: "Sufre y abstente", que se atribuye al filósofo Posidonio.

La representación del dolor no pasó inadvertida para el drama y su representación escénica. Como se sabe, el nacimiento del teatro está unido a la tragedia y por tanto a los mitos. Entre los griegos existía una máscara utilizada para representar el dolor. Las clásicas obras de Eurípides nos muestran personajes patéticos sacudidos por el dolor y las pasiones como "Medea", "Electra" y otras heroínas.

El sentimiento del dolor en la lírica queda expresado con la consagración de un género que es la elegía, donde la composición poética se caracteriza por ser de asunto triste.

En el mundo cristiano las manifestaciones del dolor se enriquecen extraordinariamente. Son muy conocidos "Los siete dolores de la virgen", nombre que por antonomasia se da a las 7 circunstancias en que los dolores de su corazón fueron sin duda más acerbos: 1. Profecía de Simeón. 2. Huída a Egipto. 3. El niño perdido en el templo. 4. La calle de la amargura. 5. Crucifixión de Jesús. 6. Descendimiento de la cruz. 7. Sepultura de Jesús.

El tema del martirio en la literatura y artes plásticas, de inspiración religiosa, ha sido recurrente y su contenido principal es el dolor. Así tenemos El martirio de Cristo y Los martirios de los Santos, que han servido de motivo a inmumerables pintores en la historia de la cultura occidental para desarrollar algunas de sus más conocidas obras. Tanto templos como museos se encuentran llenos de obras de arte que han familiarizado a través del tiempo, a los hombres con las circunstancias del dolor físico y espiritual. Así tenemos las famosas crucifixiones de Andrés Mantengna, de Rubens, de Velázquez, etcétera. También están los innumerables sacrificios y torturas infringidos a los santos cuyo ejemplo ha trascendido dentro de la historia del arte con la pintura del español Rivera y el italiano Caravaggio, pintores de la contrarreforma del siglo XVII.

El dolor intenso y profundo de la madre simbolizado en la figura de María es un tema muy explotado. Desde el siglo XV se hicieron frecuentes las imágenes de La Dolorosa de cuerpo entero o más a menudo de bustos, aislada o formando pareja con el Ecce Homo en obras de Ticiano, Reni y Rivera. La Dolorosa se representa en ocasiones con el pecho herido por 7 cuchillos como símbolo de los 7 dolores y ha sido tema muy cultivado por la imaginería religiosa española: Juan de Juni, Gregorio Hernández, Pedro de Mena, etcétera.

En este mundo cristiano al que hacemos referencia, la mitología del dolor y el castigo se enriquecen extraordinariamente con la figuración del Infierno, la inmortal obra de Dante Alighieri que refleja lo expresado; algunas de las circunstancias de los dolores en esa obra son motivo de corrección de la conducta humana mediante el temor, donde se construye un espacio literario imaginativo jerarquizado de acuerdo con la trascendencia del pecado o delito cometido y el castigo o dolor infringido. Queremos resaltar que este autor conoció en su vida la amargura de las luchas civiles florentinas y, además, los tormentos del amor imposible por la bella Beatriz Portinari, a la que inmortalizó en la "Divina Comedia".

En pleno renacimiento español, Ignacio de Loyola redactaba sus ejercicios espirituales donde cobraban vida los temibles castigos del infierno.

Muchos pensadores, filósofos, escritores, etcétera, se han referido al dolor a través del tiempo. Citamos algunos ejemplos:

Séneca señala: "Hay cierto decoro hasta en el dolor y quien es sabio, debe guardarlo".

Voltaire, con genial estilo irónico escribe: "La felicidad es sólo un sueño y el dolor realidad.... No sé más que resignarme y decirme que los hombres han nacido para ser devorados por las pesadumbres".

Para Alfred de Vigny "el hombre es un aprendiz, el dolor su maestro y nadie se conoce a sí mismo hasta que no ha padecido".

José Martí en 1895 escribe: "No tengas nunca miedo a sufrir.... Sufrir bien, por algo que lo merezca, da juventud y hermosura".

Virginia Woolf deploraba la pobreza del lenguaje para describir la enfermedad, el dolor físico y el mental: "El idioma inglés, que puede expresar el pensamiento de Hamlet y la tragedia del Rey Lear, carece de palabras para describir el estremecimiento y el dolor de cabeza. La más simple niña de escuela, cuando se enamora, cuenta con Shakespeare y con Keats para expresar sus sentimientos, pero cuando una persona que sufre trata de describir a su médico un dolor, al instante sus palabras se vuelven insípidas". Aún así, muchos escritores han penetrado en la esencia del dolor con gran sentimiento, como veremos más adelante.

Para muchos, el dolor es una ocasión de ejercitar la virtud y purgar el pecado.

Las manifestaciones del dolor han servido de tema de predilección de la pintura debido a las posibilidades dramáticas y vívidas de la representación gráfica que la literatura no ha explotado con esa intensidad.

En períodos de conmociones y de crisis sociales, la historia del arte registra las representaciones más dramáticas y realistas del dolor humano como en el período helenístico griego y la disolución de la cultura medieval como vimos anteriormente en la mencionada escultura del Laocoonte y La Divina Comedia, respectivamente. En las crisis sociales modernas, que se cuentan entre las causas de aparición de vanguardias artísticas, también se ha reflejado el dolor y la desesperación, como por ejemplo en la pintura expresionista que tuvo su origen en Alemania a principios de este siglo.

En algunos movimientos artísticos y literarios, como el romanticismo, el sufrimiento se convierte en uno de los fines: para vivir hay que sufrir, cuánto más, mejor. El artista de la época hablará, o sus personajes, de sus dolores preferentemente. La melancolía será el mal du siecle (mal del siglo). Muchos artistas ven sus vidas truncadas en plena juventud por la locura o el suicidio.

En tiempos más recientes, la música ha acentuado la expresión del sentimiento del dolor como sucede con algunas de las conocidas óperas de Verdi y de Ricardo Wagner.

En nuestro siglo, se aumentan las posibilidades de hacer una representación efectiva del dolor con la introducción del cinematógrafo. La magia del cine nos hará testigo de escenas dolorosas y patéticas hasta llevarnos al clímax de la identificación o la participación psicológica de éste.

Pero el tema no termina aquí. Hay muchos motivos y circunstancias en el mundo que son causas y por tanto, temas de dolor y así han sido reflejados. Uno de ellos es el dolor producido como consecuencia de luchar por grandes y nobles ideales y el sufrimiento producido por el castigo relacionado con éste, entre ellos, la prisión. Martí lo reflejó muy bien en El Presidio Político cuando escribió: "Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas. Dolor infinito, porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia y seca el alma y deja en ella huellas que no se borrarán jamás". Este dolor infinito ¿a cuántas circunstancias no podría ser aplicable?.... También Martí, en prisión, y en una foto que envió a su madre, le escribió estos conmovedores versos: "Mírame, madre, y por tu amor no llores/ si esclavo de mi edad y mis doctrinas/ tu mártir corazón llené de espinas/piensa que nacen entre espinas, flores".

Muy relacionado con la lucha por grandes ideales es muy oportuno citar como ejemplo el fracaso del plan de Fernandina, cuando Martí había luchado tanto y se había sacrificado para llevarlo a cabo. Sobre éste escribe desbordándosele el alma en las palabras: "No tema de mí. Sé padecer y renovar... Renaceremos.

El dolor, muy relacionado con el amor a la madre, también nuestro Apóstol lo refleja cuando escribe a su madre, en la misma fecha en que redacta el Manifiesto de Montecristi y le dice "...pero en mi creciente y necesaria agonía va siempre conmigo el recuerdo de mi madre.."

También en carta al General Antonio Maceo, cuando muere la madre de éste le escribe: "...Y de su gran pena de ahora no ve que no he querido hablarle?. Su madre ha muerto. En Patria escribí lo que arrancó de mi corazón la noticia de su muerte. Vi a la anciana dos veces y me miró y trató con cariño y la recordaré con amor toda mi vida".

En lo referente al dolor relacionado con el amor habría mucho que escribir. Dice una canción popular que "el amor hace sentir hondos dolores..." El poeta Rubén Darío no concibe "quien no conozca de amor, de dolor y de versos". Para otros, amor y dolor nacen a la vez.

También Martí se expresa al respecto: "Yo sé los nombres extraños/ de las yerbas y las flores,/ y de mortales engaños/ y de sublimes dolores". o también: "He visto vivir a un hombre/ con el puñal al costado/sin decir jamás el nombre/de aquélla que lo ha matado".

En versos tristes, el poeta Navarro Luna escribe en "Vienes del Amanecer": "...y que además del dolor ya nadie más quiere verte.." haciendo alusión al dolor grande de la soledad.

Nicolás Guillén nos refiere en versos la impresión de un amor...: "Y ya hoy ante el recuerdo de aquel amor rezo por él y me deshago en llanto..."

En una hermosa carta a María Mantilla, donde se despide de ella, Martí le dice: "Y si no me vuelves a ver haz como el chiquitín cuando el entierro de Frank Sorzano: pon un libro, el libro que te pido, sobre la sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres".

En un poema muy interesante, Nicolás Guillén redime a la mujer del dolor. Veamos: "Mujer: síntesis absoluta de todo lo que es bueno y grande/ y es malo y pequeño/Conjunto armonioso de bienes y males.../de todos los males que siembres,/de los triunfos injustos que cantes,/de las mil ilusiones que rompas,/de los mil corazones que ultrajes,/de los pechos que hieras,/de los hombres que mates,/de los sueños que abate tu orgullo,/de los puros amores que apague/...de tus locas crueldades,/de los odios que enciendas en el mundo -tu trono admirable-/el Dolor te redime... El dolor de dejar de ser virgen/ y el dolor de ser madre/.

Haciendo un poco de referencia a las coincidencias históricas, se ha escrito que la misma tarde en que José Martí partió hacia Cabo Haitiano, nació María Teresa Vera, quien se considera la gran voz femenina de la trova cubana y que escribió, como se ha dicho alguna vez, la más sabia y dolorosa de las canciones cubanas, que llevan en sí una sencilla definición de lo imposible: y que dice: "..si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar..." . También de esa canción tomamos otro fragmento: "...con qué tristeza miramos un amor que se nos va, es un pedazo del alma que se arranca sin piedad", para confirmar lo que señalábamos en un trabajo anterior de que "hay dolores que no curarán ni la más esmerada canción".3

Para algunos el dolor es eterno, pero para otros éste puede agotarse, extinguirse. Veamos qué dice Gustavo Adolfo Bécquer: "Como guarda el avaro su tesoro/guardaba mi dolor;/Yo quería probar que hay algo eterno/a la que eterno me juró su amor./Más hoy lo llamo en vano, y oigo al tiempo/que lo agotó, decir:/-Ah, barro miserable, eternamente no podrás ni aún sufrir".

El dolor de la lejanía del suelo patrio es tema que, necesariamente, se repite. Sobre éste, Nicolás Guillén escribió: "No hay martirio más grande que el hondo desconsuelo/de suspirar ausente de los fraternos lares/y deshojar la rosa negra de los pesares/bajo la indiferencia de otro sol y otro cielo".

Pero el dolor también es inmenso, infinito...¿alguién lo duda?. Puede estar siempre presente, porque está en el alma, y el alma no es asunto del pasado. Así quedó expresado por el poeta César Vallejo en 1917 en su poema "Los Heraldos Negros". Recordemos: "Hay golpes en la vida tan fuertes... yo no sé./Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos/la resaca de todo lo sufrido/se empozara en el alma....yo no sé:/Son pocos, pero son.../abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte..."

Muchas veces el dolor es indescriptible, inefable y profundo. Un ejemplo podemos verlo en el poema de Nicolás Guillén titulado "El Apellido", cuando escribió: "¿Ya conocéis mi sangre navegable, mi geografía llena de oscuros montes,/de hondos y amargos valles que no están en los mapas?.¿Acaso visitásteis mis abismos, mis galerías subterráneas, islas sobresaliendo en negras charcas...?".

Como hemos visto, el dolor aparece desde la prehistoria y también desde los inicios de la civilización. Individual, ajeno, errático, fulgurante, imperativo, sordo, dulce...necesario. Presente en todas las manifestaciones del hombre, que muchas veces se ve cayéndose y levantándose, pero siempre con brazos y corazón hacia adelante, elevándose poco a poco hacia la vida del espíritu. En artes y letras, también ha estado en todo momento, aunque quizás éstas, muchas veces, tampoco hayan podido curarlo o mitigarlo.

Referencias bibliográficas

  1. Diccionario terminológico de Ciencias Médicas. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1984;300.

  2. Priest RG. Trastornos psicológicos en obstetricia y ginecología. La Habana: Editorial Ciencias Médicas, 1987:61.

  3. Lugones Botell M, Quintana Riverón T. Música y medicina. Rev Cubana Med Gen Integr 1995;11(2):195-7.

Recibido: 19 de diciembre de 1995. Aprobado: 20 de agosto de 1996.
Dr. Miguel Lugones Botell. Calle 25 No.5414 e/54 y 56, Playa, Ciudad de La Habana, Cuba.

Fuente: http://bvs.sld.cu/revistas/mgi/vol13_1_97/mgi12197.htm. Rev Cubana Med Gen Integr 1997;13(1):78-80