Analia Battista.
De la Verleugnung y algunas presentaciones de la gravedad.
SI, es verdad, hay grandes y fuertes excusas en la carencia que demuestran los analistas a sostenerse a la altura teórica que exige su práctica.(1) Y es cierto que si perseguimos una elaboración conceptual, en cada una de las razones y en los testimonios de nuestra práctica, es porque del modo de entender nuestros conceptos depende la manera en que los practicamos.
En un practicable que es el mío, la noción de Verleugnung ocupa un
lugar central, que no cesa de interrogar su alcance y pertinencia, en la
elaboración de una hipótesis clínica y sus consecuencias prácticas: lo que
llamo gravedad para diferenciar de las psicosis a una ya no tan
novedosa presentación del sufrimiento, y los particulares movimientos, vaivenes
y agitaciones de una cura que por extraviar su norte fácilmente, desorienta y
desalienta
Alcances y efectos del dispositivo analítico, en suma, finalidad del análisis
Hoy como hace 2000 años, en torno a las pruebas históricas de la resurrección de Cristo, el fenómeno inicial y originario, el acontecimiento que está en el origen y fundamento de la experiencia cristiana continúa siendo objeto central para contemporáneo debate teológico.
Las afirmaciones sobre la tumba vacía y los relatos de la aparición del resucitado, constituyen las piedras angulares del testimonio de los apóstoles. Narraciones fantásticas de la experiencia sensible, de quienes, frente al hecho de naturaleza empírica y /o sobrenatural en que consiste el encuentro con Cristo, verifican el sentido de la creencia, y la fe que “asegura” al cristiano la morada eterna, in-córpore, en el reino de los cielos.
De los doce, Pedro es el que cree, no porque experimenta lo que cree, sino porque tiene fe. Es la gracia la que le permite reconocer, que el hombre de carne y hueso, que la presencia humana diferente encontrada, es el hijo de Dios y aceptar su carácter excepcional. Una gracia por la que el cristiano vivirá con la certeza alegre de los niños, o intentando alcanzar la vana certeza de los herejes.
De los doce Tomás es el que dijo “… si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y las manos en su costado, no lo creeré (…) Entonces, ocho días más tarde apareció Jesús y dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo, aquí están mis manos. Acerca tu mano, métela en mi costado y en adelante no seas incrédulo sino hombre de fe, Tan pronto como lo tocó, el hombre exclamó ¡Señor mío y Dios mío!(2)
La fe de Pedro y la incredulidad de Tomás. Pilares extremos de la decisión tomada frente a la opción que se ofrece desde que, el cuerpo del resucitado hace visible la derrota de la muerte: la muerte propia o la fe.
Renegar de la muerte propia y abrazar la fe edificada en la muerte del padre necesaria para no delirar. Persuadidos de cierta eternidad, el problema central para el inconsciente no será la muerte sino la sexualidad. Renegación necesaria a la estructura de la neurosis. Inscripción originaria de la muerte del padre. Incorporación de un tramo de su fuerza, fijación pulsional. Casos logrados de identificación con el padre.
Credo de la Etica del bien decir que reza ¡obrarás conforme a tu deseo! opuesto al merecimiento moral, ¡recibirás tu merecido!, reservado para aquellos, partícipes del padecimiento de Cristo y a la medida de su gozoso martirio.
Renegar de la muerte propia o renegar de la fe.
Entre la fe de Pedro y la incredulidad de Tomás, la desestimación de la muerte del padre, ese otro objeto propuesto por Freud por el que la Verleugnung amplía su alcance y determina una relación más grave que psicótica, del sujeto con su goce, hace congregación, hace de los pasionistas congregación. Sacerdotes y novicios de una grey de fracasados triunfadores, errantes, parias, juveniles maníacos y desgraciados incrédulos. Eternos penitentes o eximidos de toda culpa, atormentados por insondables dolores y mal entrazados por un sufrimiento que no conoce tregua ni remedio delirante o sintomático.
Buscadores incesantes e insensatos, de la verdad.
Fervorosos amantes del sentido único que por desmentir a medias, por contar como los fetichistas con el dato perceptivo de la falta del Otro, no tienen acceso al campo de las psicosis constituido a partir de que, por faltar, por no contarse con la falta del Otro como dato, se tratará de alucinación y remedio delirante.
Ni neuróticos ni psicóticos, tampoco decididamente perversos, aunque su parecido es tal, que logra confundirlos y desorientarnos.
Entre ellos se cuenta, haciendo de sus palabras caso, la devoción totalitaria de un deslucido homicida a quien, para la ocasión, y por idénticas religiosas razones llamaré Tomás D.
Cuando ya no le quedaba sueño por cumplir ni éxito por alcanzar, y encontrándose en la cúspide del poder y la honra otorgados por su doméstica tiranía, el encumbrado y amadísimo tirano en ejercicio fue sorprendido por una evidencia en la que aún no le es posible creer. Ella, su único y verdadero amor, su Eva particular laboriosa y pacientemente moldeada a su imagen y semejanza, ella es capaz de engañar como una cualquiera. Ella, como la más común de las mujeres, traiciona el sagrado juramento del altar por el que Dios los mantendría unidos, en su ley, por el resto de los días y hasta que la muerte los separe.
Ella traiciona y lo abandona, tal vez por otro.
Su descenso no se hace esperar y allí está en el pozo de la depresión, en el infierno privado al que, no por primera vez su calvario lo conduce. Allí está, ardiendo de pasión, consumiéndose en el fuego de las imborrables marcas que le dejaron, a su turno, la fulminante parálisis del padre, que lo obliga a quedarse al frente de la familia y renunciar irremediablemente a la brillante y promisoria carrera militar que iniciaba, y su condenable pero inaplazable práctica masturbatoria.
En el desesperado intento por creer que ¡aquí no ha pasado nada!, una tarde se sientan frente a frente en una afable conversación, de repente el saca una pistola que coloca sobre su sien -la de él- y mirando fijamente a sus ojos -los de ella- declara un decidido ¡ si me dejas me mato, si no me querés me mato!.
Y como a ella no se le movió un pelo, él descargó cinco tiros sobre su cabeza -la de ella- acción de la que no se arrepiente porque la mala acción sigue siendo la de ella. A él por el acto de justicia de su crimen altruista la muerte no lo toca, su larga vida se encuentra asegurada por precepto, ese que reza: honrarás padre y madre y se prolongarán tus días en la tierra.
A él la muerte se le ocultó desde pequeño, hace más de medio siglo, en los ornamentos funerarios.
Teniendo siete años, y con pocos meses de diferencia se encuentra en dos oportunidades frente al acontecimiento increíble de la muerte. Primero, en el orden de su relato, en su propia casa el luctuoso y por todos lamentado suicidio del hombre de confianza de su padre, intenta ver al muerto pero su mirada se detiene en los ornamentos fúnebres. Luego en la iglesia, siendo él monaguillo, los ornamentos detienen su mirada justo antes de constatar la muerte del padre de su amigo de escuela. Antesala de su fobia infantil a los coches fúnebres, rubricada por los numerosos psiquíatras que supo visitar.
Escenas a las que vuelve cada ves que, ante la noticia de una muerte no logra sentir miedo ni pesar, menos aún llorar y una rara sensación se apodera de su organismo en el sitio reservado para la angustia y amenaza, en cada fenómeno somático, con consumirlo o desangrarlo
Desde los albores de la teoría general de la defensa, considerada por Freud como la pieza más esencial del edificio del psicoanálisis, lo que comienza a elaborarse como Verleugnung está más referido a la psicosis que a la perversión. al punto que, verleugnung y forclusión constituyen los dos mecanismos propuestos por Freud para eso otro que la neurosis nombrado psicosis. Dos mecanismos que señalan por relación a lo reprimido un afuera en el que cohabitan realidad y exterior.
Es recién en los años 20 que encontramos claramente que el intento de Freud de fundar en la Verleugnung la operatoria causal de la psicosis y de la perversión arriba más bien a precisar los límites del territorio demarcado por el conflicto yo-superyo, que será llamado desde entonces psiconeurosis narcisistas.
El resultado se expone en las páginas de El Fetichismo.
Allí se señala como modo de proceder propio de la Verleugnung, el rehusamiento a darse por enterado de un hecho de la percepción que se dice: ¡ No, eso No puede ser cierto! del que conocemos sus variantes: ¡No me pertenece! ¡No lo dije yo! ¡No fui yo!. Sí… pero.
Que se trate de No darse por enterado de un hecho de la percepción, de un fragmento de la realidad constituida por la falta de pene en la madre y la muerte del padre, nos remite al tiempo de encuentro instituyente del sujeto y el Otro primordial; y nos coloca en la ruta del acontecimiento original de la estructura localizable como agujero - fijación pulsional - y como pérdida.
Pérdida de La Cosa en el objeto, vacío instituyente. División inaugural entre un afuera aislado e inaccesible, Das Ding y el territorio de SACHE y VORSTELLUNG, un adentro construido con todo aquello que en el objeto es atributo, es cualidad y será prácticamente equiparable a la realidad psíquica.
Somos llevados entonces, por la vía del complejo del semejante al punto en que, de lo que se trata es de lo exitoso o accidentado de la construcción de lo real y el fantasma. En las particularidades del accidente residirán las diferencias entre Verleugnung y represión, de las que Freud nos adelanta que si se trata de «… separar de manera más nítida el destino de la representación del destino del afecto, y reservar el término «represión» para el afecto, «Verleugnung» sería -entonces- la designación alemana correcta para el destino de la representación».(3)
Destino de fragmentación para la representación diferente al destino de permanecer inconsciente deparado por la represión.
Relajación de la fuerza de la inhibición pensar. Proceso con el que, tempranamente, se distingue a la melancolía, el agotamiento y el sueño de la psicosis (4) y se señala el accidente que afecta el paso al juicio de existencia, por y con el que, se accedería a la rememoración, al pensamiento, a la asociación en cadena de las representaciones, y al fundamento del reencuentro del objeto en la realidad.
Razón por la que constamos que:
En estos casos no es posible prescindir de la referencia al existente que de todos modos ¡debe existir! ; y entonces una ausencia es siempre desaparición y la angustia más realista que señal.
Pensamiento totalitario afectado de omnipotencia, exclusivo y excluyente que apuesta al exterminio de la diferencia, que divide pero no diferencia.
Perturbaciones de la memoria que puede perderse pero no consigue olvidar.
Defecto en la constitución del narcisismo y del rasgo unario que deja al sujeto sin abrigo en la identificación secundaria.
Predominio de la inhibición, no solo por tratarse de afectados por “síntomas en el museo”, sino también por verse afectada ella misma en tanto compás de espera, otra y especialmente valiosa definición de Freud para la inhibición: un dar tiempo para la llegada de los signos de realidad.
Y entonces tiempo de retornos, una y mil veces siempre lo mismo, sin repetición. Continuamente presente. Eternidad. Actualidad. Imposibilidad de dar por pasado lo que ya pasó.
No darse por enterado, “… medidas que se tomaron a medias, intentos incompletos de desasirse de la realidad objetiva. La desautorización es complementada en todos los casos
por un reconocimiento; se establecen siempre dos posturas opuestas, independientes entre sí, que arrojan por resultado la situación de una escisión del yo…”(5)
Proposiciones antinómicas que no logran contradecirse, ni cruzarse, ni limitarse por la negación, Cada una cubre la totalidad del campo y extrae su validez de mantener a la otra excluida (6)
Desgarradura irreparable aunque profundizable de un yo, del que Freud esperaba obtener las claves de las psicosis y las entidades vecinas, que orienta a indagar en las alteraciones de la distribución de la libido que resultan de una alteración en el yo. Estasis de la libido de objeto y estasis de la libido yoica en las que Freud incluye a la hipocondría, la enfermedad orgánica, la neurastenia y la neurosis de angustia(7).
Escisión que señala el fracaso de la construcción del Ideal como instancia represora que con la creación del fetiche se intentaría remediar
Decir creación del fetiche en lugar de fetiche hace a la diferencia entre esa vieja enfermedad del uso del zapatito y los terciopelos, en la que un valor de goce queda establecido por la relación a un objeto, el objeto fetiche, y el novedoso, aunque insuficiente, remedio presentado por la gravedad.
La creación al modo del fetiche resalta en su insuficiencia el valor de la letra, de la cifra de goce. Mi hipótesis es que de lo que se trata en esta creación es de hacer letra en lo imaginario, de cifrar sin prescindir del referente, de cifrar manteniendo la referencia al existente.
Va en ello su ventaja y su fracaso. Permite el cifrado, hace letra pero equivoca el registro, lo hace en lo imaginario cuando, sabemos, la letra es de lo real; y puede conducir a la angustia como síntoma. En el mejor de los casos conduce a la fobia.(8)
Que se trate de no darse por enterado de la muerte del padre afecta a la identificación primaria y a la identificación secundaria, a la identificación sexual y la elección de objeto. Que en este plano organizado por el Edipo y la castración de lo que se trate sea de la pérdida, va a implicar a la relación que Freud establece entre el mecanismo de la sustitución y el mecanismo de la identificación por la que, a una pérdida de objeto la sigue una identificación. Esto es, la posibilidad de sustitución y la posibilidad de alejamiento de una carga libidinal colocada por el ello en el objeto tendrán por resultado una identificación en el yo, y será por lo tanto, la manera de conservar el lazo con el objeto o de retirar la carga.
Un avatar particular de este tránsito hace al mecanismo con el que Freud define a la melancolía, y por otro lado, es a partir de la pérdida del objeto que la diferencia entre neurosis y psicosis estará dada por la conservación o no del objeto en la fantasía.
Por lo que, a partir de la muerte del padre como objeto la Verleugnung cabalga con la melancolía entre el duelo y la paranoia.
En el Esquema del Psicoanálisis Freud señala como diferencia entre la melancolía y la paranoia al hecho de que, en la melancolía el yo ha mostrado ser capaz de mayor resistencia, se ha desorganizado menos por la contribución que presta a la resistencia un Superyo que ha devenido muy duro y cruel.(9)
A mayor resistencia menor desorganización del yo llamada escisión.
Entonces, en la gravedad, lo que de padre alcanzan en un funcionamiento compensador del Superyo es una resistencia con la que hacer ombligo, una contrainvestidura es decir, el mecanismo de la represión primaria.
Un tramo de su furia a duras penas incorporado que compensa y malogra la función del padre real, con la que hacer existir al padre real en una suposición de goce, al modo maníaco más o menos estridente o de modo sacrificial.
Resistencia que alcanza para la creación de la excepción.
Un límite y un fundamento de todos modos creado. EXISTE UNO QUE DICE NO, pero que no alcanza para su imaginarización en el fantasma, no alcanza para una versión histérica u obsesiva.
La resistencia ofrecida por el Superyo hace carácter.
En el origen, hace a los tres tipos de carácter: los pálidos delincuentes, los que fracasan cuando triunfan, las excepciones.
Y reglado por el complejo de Edipo, el Superyo hace carácter masculino y femenino, esto es, ubica al carácter como diferencia sexual.
El sexo se hace por la función fálica y es función del padre llamar a algunos hombres y a otros, mujeres.
El sexo entra por la sexuación y en ella, el universal hace destino de hombre y libra el peso del destino, por la falta de universal, a la derecha, del lado mujer.
La participación del Superyo en la elección del sexo viene dada por el hecho de que su constitución como resultado de la declinación del edipo, es simultánea a la elección de objeto.
Razón para no adscribir lisa y llanamente a la perversión, el tratamiento dispensado por la Verleugnung a la diferencia sexual, que arroja como resultado una indiferencia sexual dicha a veces homosexualidad, y en la que confluyen: falta de interés sexual llegando hasta la anestesia, y una extraña pureza que hace de cierta virginidad una pretensión de sin sexo atribuible a los ángeles.
Si hay algo que concierne a los ángeles es la geometría, lo simbólicamente imaginario, lo imaginario incluido en lo simbólico, mientras que para el resto, es decir para la estructura, reina la inhibición.
Para los ángeles la voluntad de sentido: pasión en su búsqueda de la verdad por eliminar el doble sentido, pasión por ¡no más que un sentido! Y para la estructura la poesía: lo imaginariamente simbólico cuya hazaña es hacer que un sentido esté ausente reemplazándolo por una significación.(10)
Para la estructura, la castración que pasa por asesinato, es verdadera y no hay verdad sobre lo real, puesto que lo real se perfila excluyendo el sentido. He escrito -continúa Lacan- el significante de que el Otro no existe. Pero al Otro en cuestión hay que llamarlo por su nombre. El Otro es el sentido, es el Otro-que-lo-real-(11)
Para la estructura poesía y verdad. Para el analista, el forzamiento por el que puede hacer sonar otra cosa que el sentido, alcanzar lo real y escapar a la(12) estafa
Lo real excluye el sentido como, como la invención de un significante nuevo.
La invención de un significante nuevo, siguiendo el planteo de Lacan en el seminario L’insu.., es algo distinto de la memoria, es un significante que no tendría como lo real, ninguna especie de sentido. Consiste como el chiste, en servirse de una palabra para otro uso que aquel para el cual está hecha; uno la retuerce un poco y es en este retorcimiento que reside su efecto operatorio.”(13)
Entonces de lo que se trata en el significante nuevo es del sentido y de lo real, del sentido de lo real. Y el efecto operatorio que está en juego es el de una traducción que cambia el sentido, que cambia la orientación, que despierta.
A partir de ello Lacan va a plantear dos orientaciones posibles del análisis: una, abrir a lo real, otra, sustantificar al inconsciente yendo hacia los recuerdos de infancia
El significante nuevo es un significante que no tiene que ver con el retorno de lo reprimido porque se mantiene sin relación a otro significante, no obstante lo cual, ni lesiona el cuerpo, ni retorna en lo real.
Es un significante con el que un sujeto puede hacerse un lugar otro que el de hijo, un lugar sin padre que no lo deja huérfano. Es un significante con el que, más que darse un padre, poder prescindir de los estragos de su falta, por un lazo, que no es sustitución sino suplencia.
Lo que suele llamarse ir más allá del padre y que no es sin condiciones.
Ir más allá de la falta del padre, más allá de “sus pecados” y a condición de haberse servido de sus dones hace a la historia de la neurosis de transferencia. Historia por la que un análisis puede conducir, con el significante nuevo y paso renegatorio mediante, desde el fantasma a abrir a lo real. A la orientación de lo real, lo real pasando dos veces sobre lo simbólico, y lo irrenegable del a elaborándose como vacío, como causa del deseo.
Cambio de sentido, cambio de goce.
Ir más allá de su carencia cuando el padre falta, por ausencia o dimisión, y a condición de haberse servido de un análisis, hace a otra historia. Lo que no es poco, en términos de posibilidades, para aquellos que han hecho rechazo de sus dones, y no es poco, en términos de dificultades para el ejercicio de la posición del analista.
Para ellos la finalidad del análisis es dar chance a que un significante nuevo surja y sea tratado como tal.
Lo que es del fin del análisis de la neurosis de transferencia hace a la finalidad del análisis de la gravedad.
Entre término y propósito, por el tratamiento de un significante nuevo será posible cambiar la orientación de lo real.
En la neurosis la orientación de lo real está dada por el fantasma, mientras que, en la gravedad viene dada por la pulsión de muerte en la desmezcla pulsional.
Dar oportunidad para que un significante nuevo surja y sea tratado como tal.
Arduo trabajo del análisis que alcanza y compromete en su eficacia tanto a la ética analizante, de difícil instauración, como a la posición del analista, de quien es deseable esperar que pueda al menos no impedir, ya que, si lo tratara como holofrase o neologismo lo impediría.
Dar oportunidad a una solución como la de la neurosis de transferencia, una solución de la que no sabemos, ¡entre tantas otras cosas!, si lleva, o no, a una disolución de la transferencia.
Rosario, Julio de 1999.
Bibliografía:(1) Jacques Lacan. Seminario La lógica del fantasma. 21/12/66. Inédito.
(2) Evangelio según San Juan. Cap. 20.Vers.24 al 29. La Biblia. Fundación Palabra de Dios. San Pablo Ed. Madrid 1966.
(3) Sigmund Freud. “El fetichismo”. O.C.Vol. 21. Ed. Amorrortu. Buenos Aires.1978.
(4) Sigmund Freud. Carta 46. O.C. Vol.1 Ed. Amorrortu.. Buenos Aires 1978.
(5) Sigmund Freud. “Esquema del Psicoanálisis” O.C. Vol. 23. ED. Amorrortu. Buenos Aires. 1978.
(6) Claude Rabant. “Inventar lo real “. Ed. Nueva visión. Buenos Aires. 1993.
(7) Sigmund Freud. “Introducción del Narcisismo”. O.C. Vol. 14. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1979.
(8) Analía Battista. “Al ras de la experiencia de la Verleugnung. Un tratamiento posible”.. Argumentos Nº 5. Ed. Escuela de Psicoanálisi Sigmund Freud-Rosario. Rosario. 1999.
(9) Sigmund Freud. “El esquema del Psicoanálisis”. O.C. Vol. 23. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1980.
(10) Jacques Lacan. “L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre”. Seminario 24. Inédito.
(11) Op. Cit.
(12) Op. Cit.
(13) Op. Cit. Los subrayados son míos.
(nota) El presente es un trabajo presentado por la autora en la Reunión Lacanoamericana de Rosario. 1999.