En
1990, Isaac Levbab, asesor regional de la Organización Panamericana de la Salud
(OPS), sostuvo que: "...el 25% de la población adulta de América latina
sufre malestares psíquicos que van de leves a moderados y graves. El
alcoholismo y la depresión experimentarán un sensible aumento y se incrementará
el número de muertes por enfermedades cardiovasculares, como el infarto de
miocardio y por suicidio. Estas posibilidades se añaden a las
enfermedades causadas en forma directa por la desnutrición ya las deficiencias
del hábitat, configurando un oscuro panorama para el porvenir de nuestros
pueblos. El problema cobrará mayor dimensión a menos que los gobiernos
dediquen más esfuerzos a solucionar el tema de la deuda externa, para que las
cosas no empeoren en el año 2000...".
Y llegamos al 2000, entre otras cosas, para leer un titular de tapa
del matutino Clarín de la ciudad de Buenos Aires, que anunciaba en estos días:
"En América latina hay 220 millones de pobres", y el copete añadía:
"150 millones viven (?) con menos de dos dólares diarios".
En su artículo "El malestar en la cultura", Freud define
a la cultura como aquello que regula la relación entre los hombres y los :
protege de la naturaleza. La agrupación en comunidades le ha exigido al sujeto
renuncias pulsionales en pos de una convivencia social más armónica. La
magnitud y el ritmo de los cambios sociales de hoy en día, la vorágine mediática,
los vínculos intersubjetivos puramente formales sin contenido trascendente, las
condiciones del ser exitoso, sumados a la angustia del desamparo en épocas de
crisis, la carencia de proyectos y/o la imposibilidad de implementarlos, van a
desembocar inexorablemente en el sentimiento de fracaso, pérdida de la
autoestima, apatía y pesimismo característicos de la depresión.
Todo lo antedicho conforma un "más allá del malestar en la
cultura", un más allá de la felicidad acotada por las renuncias
pulsionales. :
Freud establece en "Duelo y melancolía" las principales analogías
y diferencias entre estos términos, que comparten la dolorosa sensación de
tristeza por una pérdida, la de un objeto investido para desligarse del objeto
perdido, sometiéndose al principio de realidad. El melancólico en
cambio, no aceptando lo perdido, se identifica con el objeto y entonces el
yo es lo perdido la sombra del objeto ha caído sobre el yo.
El objeto puede ser una persona amada o una abstracción equivalente, como la
libertad, los ideales, un proyecto de vida. Las condiciones de extrema
pobreza no permiten ningún proyecto de vida digno para el hombre. Más aún,
al no poder abandonar la condición de "necesitado", por cuanto carece
de lo necesario, tampoco podrá acceder al campo del deseo, que es lo humano por
excelencia. Hemos esbozado los mecanismos de la génesis de la depresión
; en los sujetos pobres... ¿Qué hacemos con ella?.
Psicoanalista
Buenos Aires: 795 54 02
Fuente: EXTENSIÓN UNIVERSITARIA N.º 41