El calmo,
frío rostro del torrente
me pidió un beso.
L. Hughes
La depresión representa uno de los motivos de consulta más frecuentes en la actualidad, manifestado espontáneamente por el paciente, «estoy deprimido», o descubierto por el médico bajo un espeso y confuso manto de los más variados síntomas de orden somático.
Según la definición de los tratados actuales de Psiquiatría, como el DSM IV, las formas menores coinciden con la situación del duelo, que es el estado consecuente a la pérdida de un objeto amado o abstracción equivalente, con plena conciencia de la pérdida.
El duelo no es en modo alguno un estado patológico, tiene un primer período de impacto en el cual predominan la angustia y el desconcierto; un 2º período depresivo propiamente dicho, en el cual la tristeza y la desgana dominan su mundo, y finalmente la adaptación, cuando el sujeto se rinde ante el principio de realidad, que va imponiendo la aceptación de la pérdida. Por ello, podemos decir que el duelo es un proceso normal con tendencia favorable, es decir, que puede resolverse sin ninguna intervención específica.
Si el segundo período se prolonga indebidamente, instala una melancolía, pero la melancolía, considerada una forma severa de depresión, suele ser independiente de toda situación de duelo previa, o sea que, ni el médico ni el paciente pueden establecer qué ha perdido éste, o qué ha perdido con lo que ha perdido, aunque un duelo haya servicio como desencadenante.
Los rasgos clínicos que caracterizan este cuadro, son la pérdida de interés en la mayor parte de las actividades, un afecto triste, alteraciones del sueño y la alimentación, disminución de la memoria y rendimiento intelectual, desvalorización, autorreproches, y en los casos más severos, pensamiento recurrente de muerte con ideación suicida o intento de suicidio.
A diferencia del duelo, donde se establece con claridad el objeto perdido, la pérdida en el melancólico ejerce sus efectos sobre el propio yo.
Esto se debe a que la elección de objeto en estos sujetos, se realiza sobre una base narcisista, de identificación al objeto: el melancólico ama lo que es, lo que fue o lo que quisiera ser.
De allí, la imposibilidad de retirar la libido del objeto en conflicto o perdido.
El amor al objeto debe ser conservado aunque el objeto ya no esté
El melancólico retrae hacia el yo, la libido perteneciente al objeto, y queda identificado, de modo que él pasa a ser el objeto perdido.
Aquí se produce otra característica que es la disociación yoica, dado que habrá una instancia del yo, que adoptará la posición crítica frente a la otra instancia que es la del yo identificado al objeto, por tanto, susceptible de ser tratado como un objeto.
Desde la clínica, este mecanismo explica la disminución del amor propio hasta el delirio de empequeñecimiento y los autorreproches a los que se somete el melancólico, que en realidad están destinados a otra persona, pero vueltos sobre el yo: sus lamentos son quejas... y las quejas son querellas.
En lugar de establecerse un conflicto entré el yo del sujeto y la persona amada, que lo ha decepcionado o abandonado, el conflicto se establece dentro del propio aparato, entre el yo y el superyo, y por eso se critica sin pudor, se maltrata, y hasta puede consentir su propia destrucción, porque una parte del yo no es yo, sino objeto perdido.
Freud nos enseña que tanto en el duelo como en la melancolía, se pone en juego el proceso de identificación, proceso previo a toda elección de objeto.
Desde
este registro, amor e identificación son lo mismo. La identificación que
subyace las neurosis, como la histeria y las fobias, es estructural, está
mediada por el deseo; mientras que en la melancolía se tratará de una
identificación narcisista, donde el propio sujeto se constituye como objeto del
deseo.
Un abrazo que se abrace a sí mismo cerrándose así la satisfacción de una
estrategia íntima. Antes de reconocer su condición de mortal, el melancólico
se mata.
Se suicidará en el intento de asesinar al objeto.
En el tratamiento de estos pacientes, es importante no interpretar la realidad, puesto que son sujetos propensos a excluirse de lo real; es imprescindible interpretar en transferencia, ya que al estar excluido de la muerte simbólica, invocará a la muerte como único acto posible.
Neuróloga
- Psicoanalista
Buenos Aires: 795 54 02
Fuente: EXTENSIÓN UNIVERSITARIA N.º 21