La melancolía en Aristóteles

"¿Por qué todos los que han sobresalido en filosofía, la política, la poesía o las artes eran manifiestamente melancólicos, y algunos hasta el punto de padecer ataques causados por la bilis negra, como se dice de Heracles en los [mitos] heroicos?" Problema XXX, escolio 1 (atribuído a Aristóteles)


El temperamento de la bilis negra ‑escribe‑ tiene la naturaleza del soplo... De aquí provien

El filósofo continúa mencionando a personajes y héroes míticos, como Ajax, Belerofonte y prosigue: “muchas de esas personas padecen trastornos de resultas de esa clase de mezcla en el cuerpo; algunas tienen solo una clara tendencia natural a esas afecciones, pero, por decirlo brevemente, todas son, como ya se ha dicho, melancólicas por constitución. Para descubrir el por qué hemos de empezar sirviéndonos de una analogía; es manifiesto que el vino, tomado en gran cantidad, produce en todos los hombres unas características muy semejantes a las que atribuimos a los melancólicos”.e el que, en general, los melancólicos sean depravados, porque también el acto venéreo tiene la naturaleza del soplo. La prueba es que el miembro viril se hincha de improviso porque se llena de viento


Por lo demás, pueden distinguirse don especies de intemperancia.
La una, que arrastra desde el primer momento, si que preceda
premeditación, y que es instantánea; por ejemplo, cuando vemos una
mujer hermosa y en el acto advertimos una impresión, como resultado
de la cual surge en nosotros el deseo instintivo de cometer ciertos actos
que quizá no deberían cometerse. La otra especie de intemperancia no
es, en cierta manera, más que una debilidad, porque va acompañada de
la razón que nos impide obrar. La primera especie no deberá
considerársela muy digna de reprensión, porque puede producirse
también en corazones virtuosos, es decir, en hombres ardientes y bien
organizados. Pero la otra sólo se produce en los temperamentos fríos y
melancólicos, y éstos son reprensibles.

...

Ahora bien, el principio de la razón no puede ser la razón misma: es algo superior. ¿Pero qué puede ser superior a la ciencia y al entendimiento como no sea Dios mismo? La virtud no es más que un instrumento del entendimiento, y por esto los antiguos han podido decir: "Es preciso reconocer que son afortunados los hombres cuando realizan felizmente sus empresas a pesar de su evidente sinrazón, y cuando sería para ellos un peligro el calcular lo que hacen. Tienen en sí mismos un principio que vale más que todo el talento y todas las reflexiones del mundo." Otros tienen la razón para guiarse, pero no tienen este principio que conduce a los hombres afortunados a lograr un éxito feliz. Ni aun el entusiasmo, cuando lo sienten, les proporciona el triunfo que desean, mientras que los primeros triunfan, siendo irracionales como son. Ni aun cuando se trata de hombres reflexivos y sabios, que ven de una ojeada y como por una especie de adivinación lo que es preciso de hacer, hay que atribuir exclusivamente a su razón esta decisión tan segura y tan pronta. En unos, es el resultado natural de la experiencia; en otros es el hábito de aplicar de este modo sus facultades a la reflexión. Este privilegio sólo pertenece al elemento divino que hay en nosotros; él es el que ve claramente lo que debe ser, lo que es, y todo lo que queda aún obscuro para nuestra razón impotente. Por esta razón, los melancólicos tienen visiones y sueños tan precisos. Una vez que la razón ha desaparecido en ellos, aquel principio parece tomar más fuerza; sucediendo lo que con los ciegos, cuya memoria, en general, es mucho mejor, porque están libres de todas las distracciones que causan las percepciones de la vista, y por esto conservan mejor el recuerdo de lo que se les ha dicho. MORAL A EUDEMO.

 

  Gerardo Herreros http://www.herreros.com.ar