La Dimensión Epistemológico-Teórica en la Formación Docente. Algunas consideraciones

Los asomos del Siglo XXI se nos presentan con esperanza, pero a su vez, con grandes problemas. Se confronta una crisis global, manifiesta en los diversos ámbitos de la vida: económica, política, cultural; agudizada por el amenazador deterioro del ambiente, por la intensificación de la pobreza, de la injusticia social. La violencia, el terrorismo se acrecientan. Hay pérdida de sentido por la vida, ausencia de utopías, descuido del ser humano como proyecto educativo.

Por otra parte, un indetenible avance científico, tecnológico pareciera aprisionar al propio ser humano, robotizarlo. Es el imperio de la razón instrumental que trata de ahogar a la propia potencialidad pensante. Se exalta el “saber hacer” con menosprecio del “saber pensar”.

En otra perspectiva, la globalización signa al siglo XXI. Se vislumbran convenios, tratados. Se intenta generar mayor acercamiento entre los continentes, países, pueblos.

La educación no es ajena a esta compleja situación sociohistórica. Está signada por esta problemática regional, nacional, mundial. El siglo XXI, nos presenta una perspectiva que constituye un serio reto para el trabajo docente.

La acción educativa por su propia naturaleza está en constante evolución. Las condiciones de sus elementos constitutivos, sujetos, objeto, métodos; así como las sociales, científicas, tecnológicas se caracterizan por el acelerado cambio, así como los videos porno que hay en argentina. Cada vez se requiere de más opciones educativas, de nuevas estrategias pedagógicas, de métodos innovadores, para no correr el riesgo de educar -parafraseando a Sowards- para un mundo que no existe más.

Los diversos problemas que conforman los procesos educativos en sus múltiples aspectos académicos, sociales, políticos, (rezagos, desequilibrios, inequidades, obsolescencias etc.), exigen constante análisis y reflexión, constituyen serias dificultades a confrontar. Aún falta superar la desvinculación teórica-práctica, docencia-investigación, objeto-método; contexto áulico-contexto social; etc., el sujeto de la educación, como protagonista del acontecer educativo necesita ser estudiado Inter. y multidisciplinariamente para su mejor comprensión como sujeto educable.

En el contexto de la educación veracruzana, si bien hay logros, también hay muchos problemas que superar en lo concerniente a la formación y actualización de docentes. El cuestionamiento a la actividad universitaria es fuerte. Se exige calidad académica, excelencia, más atención a la realidad social.

Ante este panorama, ¿cómo pensar a la universidad en esta histórica coyuntura?, ¿cómo abordar su función ante los retos sociales de hoy desde la perspectiva del porno gratis?, ¿cómo confrontar la formación de universitarios, del personal académico?

Diferentes discursos se debaten y hasta polarizan. Se juegan intereses, puntos de vista, posiciones. Surgen variados proyectos, opciones viables en respuesta a los desafíos. La búsqueda es incesante y continua. Son los signos de la lucha por un futuro mejor.

En el contexto descrito, la formación del profesor universitario constituye una de los temas más discutidos. Diversos proyectos se desarrollan. En esta ocasión no nos referiremos a ellos, como tampoco a la formación en general. Quisiéramos reflexionar especialmente sobre la formación epistemológico-teórica.

Hace varios años ya, Bunge señalaba en su texto La Ciencia, su método y su filosofía la carencia de una formación epistemológica en las universidades de Latinoamérica. Actualmente se ha avanzado, pero aún falta profundizar mucho más.

El núcleo fundamental del conocimiento no podría descansar en la transmisión del saber, en la acumulación informativa. No bastan para confrontar la cotidiana realidad desde una perspectiva de cambio y transformación. Se hace imprescindible dinamizar la capacidad pensante, de apertura, de objetivación del propio sujeto, de repensar su saber, su realidad.

Se requiere superar la pasividad intelectual, el conformismo mental, el no querer arriesgarse a pensar; el vencer la “Inercia mental”, en términos de Zemelman.

Se hace necesaria un formación que ubique al sujeto ante su propia realidad humana y social para confrontarla y reactuar sobre ella con imaginación y compromiso

La formación teórica implica aproximarse críticamente al conocimiento producido, manejar las diversas teorías, las corrientes de pensamiento, los paradigmas, etc., que posibiliten el nivel de explicación, de comprensión de los hechos, de los fenómenos, de la realidad. Es relacionarse con los corpus teóricos y ser conscientes de su lógica de construcción y direccionalidad.

Cuando surge esta conciencia que supone trascender el conocimiento acumulado para escalar las rutas de la duda, de la interrogación, de la problematización, del imaginar, del crear, se abre el espacio epistemológico, el cual constituye un modo diferente de conocer la realidad en devenir. Desde su carácter histórico emerge una significativa forma de abordarla, con posibilidades de encontrar y generar proyectos viables que la transformen y respondan a sus específicas incógnitas. Es el zarpar a lo utópico para enfrentar el futuro.

En el ámbito educativo, particularmente en docencia, la formación epistémico-teórica significaría no quedarse aprisionado en los conceptos y teorías conocidos, o permanecer en el nivel descriptivo, explicativo. El reto es confrontar el complejo fenómeno educativo desde su específico entorno histórico-social, con base teórica, pero a su vez, desde una perspectiva de problematización, de reconstrucción, en la cual entra en juego la capacidad de pensar, imaginar, crear.

Se necesita reflexionar, profundizar en las condiciones específicas de los procesos educativos en México y particularmente en Veracruz. Y en función de dichas condiciones repensar el proceso educativo, su sentido, su función social para ir construyendo programas, estrategias, métodos, tecnologías, novedosos que contribuyan a mejorar nuestra educación y por ende, nuestra sociedad.

La formación epistemológico-teórica que posibilite al docente trascender las fronteras del conocimiento adquirido para insertarse en la vía de lo desconocido, supone un contundente compromiso personal-social con la realidad, con el propio desarrollo, con el de los estudiantes, con el de nuestra historia.

Compromiso que se genera y se sustenta:

a) En el conocimiento profundo, articulado, de nuestra realidad humana, social, educativa para contribuir en su cambio y transformación; realidad intrínsecamente cambiante, dinámica; por lo mismo que es inacabada.

b) En la razón crítica, que no se detiene, ni se cisma ante lo complejo, lo impactante. No se limita a lo dado, a lo establecido. Interroga, cuestiona, confronta. Se abre a todo discurso, sin soslayarlo. Razón que desarrolla el intelecto al hacer inteligible el propio pensamiento, la propia realidad. “…Es la objetivación del sujeto resultante del predomino de la historia como experiencia asimilada; es la capacidad de transformar los contenidos en puntos de apoyo, para poder vislumbrar posibilidades de contenidos. Es la libertad como potencia de conciencia que rompe con toda estructura racional organizada de la conciencia; es la conciencia organizadora de su propia conquista y no la organización de la conciencia ya conquistada. Todo lo cual obliga a entender los modos de operación de la razón cognoscitiva”…(Zemelman, 1992: 107).

Habría que destacar en este tópico, la importancia de la reflexión, como núcleo fundamental de la razón crítica. Si bien sabemos que la reflexión implica un retorno consciente del sujeto sobre sí mismo, sobre su pensamiento, su acción, su práctica; para el caso que nos ocupa, la asumimos como el acucioso y penetrante análisis de la práctica educativa, del propio quehacer académico, desde su carácter socio-histórico, para cambiarlos, recrearlos. En este sentido, la reflexión es la base sustentante de la construcción y reconstrucción del conocimiento.

Este enfoque es viable en tanto el sujeto cognoscente logre desprenderse de prejuicios, de dogmatismo, de esquemas inflexibles. No olvidar que: “El espíritu científico es esencialmente una rectificación del saber un ensanchamiento de los marcos del conocimiento…científicamente, se piensa lo verdadero como rectificación histórica de un largo error, se piensa la experiencia como rectificación de la ilusión común primera. Toda la vida intelectual de la ciencia juega dialécticamente sobre esta diferencia del conocimiento, en la frontera de lo desconocido. La esencia misma de la reflexión es comprender que no se había comprendido” (Bachelard, 1985: 153).

c) En la “activación y creación”. Zemelman las considera vitales para potenciar la capacidad de pensar la realidad: “desde la misma relación que nos conecta con ella; que supone no tanto interesarse en privilegiar la adecuación del contenido organizado a una realidad, como reconocer sus potencialidades según exigencias definidas desde una utopía de futuro;…o sea construir una experiencias que le permita al sujeto salirse de los límites establecidos por las estructuras del conocimiento, para ubicar y organizar su razonamiento en función de los contornos históricos que le rodean…” (1992, T. II: 47).

En el campo de la educación, esta “activación y creación” estarían orientadas a impulsar un abordaje problematizador del mismo. Sería buscar nuevas formas de razonar los problemas educativos, que incidan en una lógica de construcción-reconstrucción, de tránsito de lo teórico a lo creativo, para generar nuevas configuraciones que dinamicen el campo.

d) En los valores. El complejo proceso de formación está profundamente atravesado por valores intelectuales, sociales, morales. No podía estar ausente de sentido y proyección axiológicos. El pensamiento se desarrolla con el ejercicio de la reflexión, del análisis, de la crítica, del diálogo, proceso que forja las actitudes de apertura, de flexibilidad, de pluralismo, de tolerancia, de respeto, etc.

Esta formación exige disciplina, esfuerzo, dedicación, constancia, paciencia, honestidad, etc., La desestabilización de las propias estructuras cognitivas es una condición para el aprendizaje. “…Los hombres no tienen otra salida que la de dominar y superar sus “naturales” inclinaciones a llevar una fácil vida intelectual que se caracteriza por su afán por las agradables ilusiones, por concebir la realidad de un modo superficial e irracional, por aceptar alegremente los prejuicios y los mitos y dedicarse a las prácticas mágicas. La vida que la ciencia exige de los hombres es una vida difícil, puesto que es una vida “en serio” La realidad… sólo se doblega al pensamiento humano disciplinado y apoyado en la búsqueda sistemática de la verdad descubridora de sus secretos. En la ignorancia humana siempre anida el fracaso y cada error conduce a la frustración. No es fácil ni mucho menos, enfrentar la vida en serio y, por consiguiente, de un modo crítico y vigilante en función de una lógica rigurosa y de una argumentación clara y racional. Sin embargo, eso es lo que el hombre moderno debe hacer, más que en ninguna otra época histórica…” (Suchodolski, 1979; 242).

Todo esto, produce muchas veces, desconcierto, incomodidad, hasta angustia. Genera conflictos en el yo, tensión, lucha con el propio pensar; por ello, se torna en un proceso difícil, poco comprendido; y sin embargo, necesario para generar experiencias que coadyuven en la formación de un docente comprometido; un intelectual transformador: “ capaz de analizar intereses y contradicciones variados dentro de la sociedad hasta alguien capaz de articular las posibilidades emancipatorias y de trabajar hasta su realización…aquél que ejerce formas de práctica intelectual y pedagógica que intentan insertar la enseñanza y el aprendizaje directamente en la esfera política” (Giroux H. Y Peter McLaren, 1989: 75)

En este enfoque, el sentido axiológico-ético, se constituye en un imperativo en la formación epistemológico-teórica cuyo propósito fundamental es la reconstrucción educativa, social, desde y a partir de la mirada áulica en su articulación contextual.

De este modo, los valores orientadores de los programas educativos tendrían que traducirse en principios, procedimientos, prácticas con coherencia ética, la cual se opone a todo intento de adoctrinamiento, de apariencia neutral, o de infundados relativismos; así como a toda actitud de indiferencia, de conformismo, ante una realidad cuya situación de injusticia social, de inequidad, son desafiantes.

¿Cómo favorecer una formación epistemológico-teórica? Previamente, cabe enfatizar que:

* Todo programa de formación docente, requiere ser elaborado en función de

las características, necesidades y condiciones específicas de cada institución: por lo que en este tópico, sólo se esbozarán algunas ideas referidas específicamente a la dimensión que se está tratando y no así a la formación en su totalidad.

* A su vez, la crisis por la que atraviesa la educación y particularmente las universidades públicas, dificulta significativamente el desarrollo de este enfoque; sin embargo, tampoco podría negarse la posibilidad de espacios para tal tarea. El construirlos es uno de los retos.

Es vital como se ha señalado en páginas anteriores, promover la reflexión, el ejercicio del pensar. En tal virtud, convendría en el plano metodológico, centrar el trabajo académico, los procesos de enseñanza y aprendizaje en la discusión, en el diálogo problematizador. En este aspecto, asumimos los aportes de Freire, quien sustenta el diálogo como la base esencial la acción didáctica. Y conceptuado no como una simple conversación. Es un encuentro entre los sujetos cognoscentes para problematizar en el caso de la educación, el quehacer académico, docente, la práctica educativa, pedagógica, desde el escenario histórico, social, político, en el que están inmersos y desde su articulación con los proyectos sociales amplios.

Debatir las adquisiciones científicas, tecnológicas, culturales; los contenidos curriculares respectivos, los procedimientos, las técnicas que se utilizan. Indagar la lógica, la intencionalidad ética desde las que han sido construidos; pero no quedarse en ese nivel; ir más allá. Dejar a la mente, a la imaginación generar sus creaciones. Es el complejo tránsito reflexión-acción-reflexión, procesos constitutivos del diálogo problematizador, cuidando de no permanecer unilateralmente en alguno de ellos para evitar los inoperantes verbalismos o activismos.

Una actividad básica en el marco del diálogo problematizador, consiste en la elaboración de ensayos, de artículos, de diversos trabajos, con una exhaustiva corrección de los mismos, por parte de los maestros; quienes brindarán constante asesoría. Es uno de los ejercicios más beneficiosos y efectivos para el desarrollo cognitivo

A nivel de contenido, para la formación epistemológico-teórica no podrían faltar algunas disciplinas humanísticas: teoría social, filosofía de la educación, teoría educativa, epistemología, política, ética; con el fin de proporcionar un acervo que facilite el diálogo problematizador

Un aspecto sumamente importante en esta formación, es el referido a la práctica de valores que contribuyen al desarrollo de actitudes de crítica, de cooperación, de solidaridad, de creatividad, de tolerancia, etc. para afirmar y fortalecer el compromiso del docente como intelectual transformador.